EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Nadie quiere a las especies feas

Octavio Klimek Alcaraz

Agosto 21, 2021

 

Las políticas de conservación de la biodiversidad no se centran en las especies más importantes, sino en las más carismáticas. Hay estudios que están aportando datos a un debate actual sobre si las especies emblemáticas de la conservación reciben publicidad y fondos en perjuicio de otras que los científicos y el público en general consideran menos atractivas.
En la reconocida revista Investigación y Ciencia de junio de 2016, se presentó un texto de John R. Platt, que se titulaba Nadie quiere a los animales feos. (https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/el-cuerpo-contra-el-cncer-672/nadie-quiere-a-los-animales-feos-14235). El texto trata de la reseña de un artículo de dos investigadores de las universidades Murdoch y Curtain, de Australia Occidental, Patricia Fleming y Philip Bateman. Su artículo se llama: Lo bueno, lo malo y lo feo: ¿Qué especies de mamíferos terrestres australianos atraen la mayor parte de la investigación? (https://terrestrialecosystems.com/wp-content/uploads/2016/05/Fleming_et_al-2016-Mammal_Review.pdf).
Ellos plantean que la fauna de mamíferos australiana está marcada por un alto endemismo y un carácter evolutivo distintivo y comprende especies nativas monotremas (p. ej. el ornitorrinco), marsupiales (p. ej. canguros y koalas) y euterias (“placentarias”; por ejemplo roedores y murciélagos). Australia ha sufrido la tasa de extinción más alta de cualquier fauna de mamíferos en cualquier región del mundo. Las especies supervivientes están amenazadas por la competencia y la depredación de una variedad de especies de mamíferos invasores introducidos y reciben bajos niveles de financiación orientada a la conservación en comparación con las especies de muchos otros países.
Los investigadores revisaron a fondo 14 mil 248 artículos, libros y actas de conferencias sobre 331 mamíferos de la fauna australiana y neozelandesa y han hallado un sesgo abrumador en contra del estudio de las especies “feas”. El 73 por ciento de las publicaciones concernían a marsupiales, como el koala o los canguros. En cambio, los roedores y los murciélagos sólo acapararon el 11 por ciento de la atención, pese a sumar el 45 por ciento de los integrantes de la lista.
En general, las especies las clasificaron en categorías que etiquetaron como “buenas”, “malas” y “feas”. La mayoría de los estudios sobre monotremas y marsupiales (los “buenos”) se han orientado hacia su fisiología y anatomía, con un enfoque ecológico menor. Por el contrario, los euterios introducidos (los “malos”; especies invasoras, como los conejos europeos) han atraído una mayor atención en términos de investigación ecológica, con un mayor énfasis en los estudios de métodos y técnicas para el control de la población.
A pesar de representar el 45 por de las 331 especies estudiadas, los roedores y murciélagos nativos (los “feos”) han atraído desproporcionadamente poco esfuerzo de investigación, poco reconocimiento y poca financiación. Los investigadores señalan, que el conocimiento de esos animales poco estéticos es además superficial. Son meras descripciones taxonómicas que se limitan a nombrar la especie y a describir su talla. Se necesita apoyar los estudios de historia natural de las especies, se conoce poco sobre su hábitat, sus fuentes de alimento, su ciclos de vida y su comportamiento. Esto dificulta su protección frente a los peligros que amenazan su supervivencia, ya que no es posible identificar amenazas y opciones de manejo para tomar decisiones de su conservación.

Los investigadores señalan que los fondos actuales para la conservación a nivel mundial y nacional pasan por alto en gran medida las especies no carismáticas y, sin embargo, es posible que estas especies sean las que más necesiten esfuerzos de investigación científica y de gestión. Es decir, acapara un marsupial, el koala más la atención gracias a su dulce aspecto, que un “feo” roedor o murciélago.
En esa misma línea, pero con plantas, la misma revista Investigación y Ciencia de agosto de 2021, ahora ha presentado un texto de Jillian Kramer, que se titula El estudio sesgado de las plantas. (https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/hongos-la-nueva-amenaza-839/el-estudio-sesgado-de-las-plantas-20115). El texto trata de la reseña de un artículo de varios investigadores encabezados por Martino Adamo de la universidad de Turín, Italia. Su artículo se llama: La atención de la investigación de los científicos de plantas está sesgada hacia flores coloridas, llamativas y de amplia distribución (https://www.nature.com/articles/s41477-021-00912-2).
Su estudio señala que los intereses de investigación de los científicos a menudo se inclinan hacia organismos carismáticos, pero cuantificar los sesgos de investigación es un desafío. Combinando datos bibliométricos con enfoques basados en rasgos y utilizando una flora alpina bien estudiada como estudio de caso, demuestran que los rasgos morfológicos y de color, así como el tamaño del rango, tienen un impacto significativamente mayor en la elección de especies para plantas con flores silvestres que los rasgos relacionados, a la ecología y la rareza. En el estudio se revisan 280 trabajos efectuados entre 1975 y 2020 con 113 especies botánicas de los Alpes sudoccidentales. Los investigadores recopilaron datos sobre la morfología (rasgos como el tamaño y el color), la ecología y la rareza de cada una. Gran número de estudios realizados con cada planta indican que las más llamativas atraen mucho más la atención de los especialistas. Resulta, que las plantas con flores azules, en tonos que van del índigo al cian, han sido investigadas de forma desmedida, puesto que el azul es uno de los colores florales menos comunes. Consideran, que estos sesgos deben tenerse en cuenta para trabajar los esfuerzos de conservación de plantas más objetivos. Los investigadores esperaban encontrar más especies amenazadas entre las más estudiadas, pero no fue así. Este resultado ilógico podría tener consecuencias importantes para la ciencia vegetal, según los autores.
En la reseña de Jillian Kramer señala que: “el sesgo hacia las plantas “atractivas” podría significar que “podríamos estarnos perdiendo ejemplos extraordinarios y desconocidos de la historia natural de algunos vegetales”, opina el coautor del estudio Kingsley Dixon, botánico de la Universidad John Curtin, en Australia. “Además, podríamos estar dejando de lado especies en rápido declive, abocadas a la extinción, de las que ni siquiera contamos con información básica en los bancos de semillas que nos ayude a la conservación”.
Con estos dos ejemplos de estudios sobre animales y plantas, quiero hacer énfasis en que en el mundo de la investigación científica que muy probablemente en México suceda algo similar. No nos gustan investigar sobre especies feas, aunque puedan ser más significativas desde el punto de vista ecológico, que aquellas que consideramos carismáticas, atractivas y encantadoras, para su conservación. Esto tiene consecuencias al dirigir los esfuerzos y recursos para la conservación de la biodiversidad.