EL-SUR

Viernes 21 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Narcovideos y el peligro de informar

Jorge Zepeda Patterson

Abril 22, 2007


Los textos delirantes del surcoreano Cho Seung Hui podrían convertirse en profecías
fatales: “muero como Jesucristo, para inspirar a generaciones de débiles e indefensos”,
afirma el verdugo de la Universidad de Virginia, en un texto difundido por la NBC. Y en
efecto, todo indica que legiones de débiles mentales e indefensos emocionales podrían
hacer de este psicópata un personaje de culto y, peor aún, un motivo de imitación. En los
últimos días varias universidades norteamericanas han tenido que cancelar actividades por
la oleada de amenazas que emuladores del surcoreano han lanzado, prometiendo de
matanzas de igual o mayor magnitud.
La tragedia del Tecnológico de Virginia revela de manera brutal la descomposición de
valores y la entronización de la violencia en la cultura moderna. Las razones son muchas y
demasiado complejas para ser abordadas dentro de los límites de un artículo. Pero hay un
debate urgente y puntual que deja esta tragedia: ¿Deben los medio de comunicación
abstenerse de difundir videos y materiales proporcionados por los agresores y victimarios?
No es un tema sencillo. Las redacciones de los periódicos y noticieros de televisión en
México están divididos por esta pregunta. ¿Qué deberíamos hacer con el próximo video que
los narcos difundan sobre alguna ejecución? ¿Publicamos la foto de una cabeza
degollada? ¿Damos a conocer la nota intimidatoria que dejan clavada en el cuerpo de su
víctima? Las razones que tienen los narcos para enviar tales mensajes son obvios: marcar
territorio, intimidar al enemigo, aterrorizar a la opinión pública para que nada se les resista,
someter a los cuerpos policíacos, apagar el ánimo de los funcionarios que les combaten,
etc. Es un hecho es que estas bandas criminales desean que se difundan sus mensajes y
los medios de comunicación lo estamos haciendo. El sentido común indicaría que no es
correcto hacer aquello que le interesa y conviene al crimen organizado.
Sin embargo, tampoco es sencillo para los medios de comunicación erradicar estos
temas. Si bien es cierto que los noticieros de televisión se han convertido en un inventario
de nota roja, no es tan fácil dejar de hacerlo. Entre otras cosas, porque es gravísimo lo que
está pasando. Los periodistas haríamos un flaco favor a la comunidad si nos pusiéramos
hablar de otras cosas, mientras el crimen organizado toma el control de Monterrey, el
narcomenudeo se enseñorea de nuestros barrios y escuelas, y los tribunales y cuerpos
policíacos terminan por ser quebrados totalmente por los carteles. Y justamente eso es lo
que está sucediendo. En este momento se está librando una verdadera guerra en nuestras
calles y en nuestras sierras. Una guerra que estamos perdiendo. Pero aún menos
oportunidades tendremos de ganarla si ofrecemos sucedáneos a la opinión pública y
construimos una operación “avestruz” distorsionada pero tranquilizante.
Una de las razones por las que hemos llegado hasta es la parálisis que caracterizó al
gobierno de Vicente Fox en materia de combate al narcotráfico. Mientras la pareja
presidencial vivía en el mundo rosa de Foxilandia, los cárteles de la droga hicieron del país
un territorio de consumo. Ello requirió el despliegue de un verdadero ejército de
operadores, cuyo tamaño haría palidecer las ventas en pirámide y multilínea. De la
exclusiva presencia en rutas de tráfico y producción, los narcotraficantes pasaron a
controlar redes de venta y protección policíaca en muchos barrios de todas y cada una de
las ciudades de la geografía nacional, desde Tapachula hasta Tijuana. Mientras los narcos
establecían la infraestructura, reclutaban células locales, y contrataban redes de protección
en cada lugar, Marta y Vicente jugaban a Los Pinos. Un autismo en el cual todos somos
cómplices.
No es del todo claro que una estrategia basada en operativos militares sea la mejor
manera de combatir al narcotráfico (no es el tema de este artículo). Lo que si está claro es
que el Estado mexicano no podrá ganar esta guerra sin una intervención decisiva de parte
de la sociedad en su conjunto. Y eso requiere de una opinión pública informada y
participante, que sepa de la gravedad de la situación y las incidencias de esta lucha.
Justamente esa es la responsabilidad de los medios de comunicación.
Desde luego que podría matizarse la violencia de algunos mensajes. Particularmente
aquellos que son contraproducentes. En este momento la cadena NBC es objeto de una
severa crítica en la sociedad norteamericana, por haber transmitido las imágenes y los
audio proporcionados por Cho Seung en los que éste se presenta como un violento
redentor de los oprimidos. Ciertamente la opinión pública tenía derecho de saber los
detalles sobre la identidad del responsable de esta masacre. Pero resulta evidente que
sus mensajes de odio, su atuendo bélico y su “inmolación” hacen una mera cuestión de
tiempo la aparición de un imitador y su respectiva matanza.
Los periodistas no podemos dejar de informar las malas noticias. Ocultarlas o
minimizarlas sólo provocarán que al paso del tiempo se conviertan en noticias peores.
Pero esto no quiere decir que debamos transmitirlas indiscriminadamente. La exhibición
reiterada de escenas brutales tiene efectos terribles en la sociedad. El umbral de tolerancia
hacia la violencia se va recorriendo y la capacidad de conmoción y asombro disminuye en
la misma proporción. De allí que el siguiente video o mensaje del narco deba ser más atroz
que el anterior. Al final los medios de comunicación corremos el riesgo de lograr
justamente lo contrario a una opinión pública informada y participante. Frente al asco y el
temor que inspiran esas escenas, la sociedad podría derivar en actitudes pasivas, dictadas
por la insensibilidad y el bloqueo. A fuerza de “cotidianizar” la violencia extrema podríamos
terminar por normalizarla y asumirla como un hecho inevitable. La resignación es el paso
natural a la derrota definitiva.
Los periodistas tienen una tarea delicada y difícil que cumplir. La discusión de la mejor
manera de lograrlo apenas comienza. Urge hacerlo antes de que llegue el video con la
siguiente matanza.

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