Florencio Salazar
Febrero 08, 2025
Hombres bravos y de acero. José Agustín Ramírez.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció en su discurso del pasado 5 de febrero, una iniciativa de reforma a la Constitución para prohibir expresamente que familiares desempeñen cargos de elección popular apoyados por sus ascendientes.
“Nepotismo” proviene del vocablo italiano “nepote” que quiere decir “sobrino” y que, en nuestros días, se traduce como amiguismo, cuatachismo y todo aquello que implique designar o promover a familiares a cargos públicos o privados (Diccionario de la RAE).
El nepotismo privilegia la lealtad y la complicidad por encima del mérito. Hemos observado cómo personas sin cualidades profesionales y sin los
atributos de la experiencia han ocupado cargos estratégicos para la gobernabilidad y el desarrollo.
También hemos visto las consecuencias que han experimentado algunos líderes por haberse rodeado de personas sin atributos, especialmente en el
sector público.
Nadie, en su sano juicio, designaría a un zafio al frente de una empresa de su propiedad, pues su mal desempeño iría en contra de sus intereses.
En la administración pública se incurre en esa práctica nociva por el patrimonialismo de quienes creen ser dueños de los cargos gobernamentales. Como se trata del presupuesto público, tampoco hay reparos en su indebido apropiamento o uso.
Además, las prácticas nepóticas impiden la permeabilidad política, la circulación de las élites y enquistan en el poder a grupos de interés ajenos al bien común.
No sobra recordar que un buen gobernante no es aquel que queda -o quiere quedar-bien con todos; un buen gobernante es aquel que impulsa el desarrollo, aplica la ley y resiste presiones de intereses ilegítimos. De ahí lo dicho por don Jesús Reyes Heroles: “Lo que resiste, apoya”.
En Guerrero se están anticipando los tiempos para la selección de candidatos y candidatas al cargo de gobernador o gobernadora del estado. Los nombres se mueven en los medios y se multiplican en las redes; las fotografías con la presidenta de la República se reproducen y los
partidarios empiezan a manifestarse; si bien, hasta ahora, son los cercanos de cada uno de los prospectos.
Si los guerrerenses merecemos o no un mejor destino, eso está en nuestras manos, en nuestra capacidad de decidir, en nuestra voluntad para que las cosas sean diferentes.
Pronto veremos de qué estamos hechos los guerrerenses. Pero, desde ahora, podemos reflejarnos en el espejo de la historia para saber si queda en nosotros las convicciones de las luchas por la democracia.
Si escogemos la ruta de la dádiva o tenemos el coraje para actuar como ciudadanos responsables.