EL-SUR

Lunes 26 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ni perdón, ni olvido

Jorge G. Castañeda

Enero 17, 2018

El 15 de enero el presidente Peña Nieto hizo unas declaraciones en apariencia inobjetables, incluso inocuas, sobre el crimen organizado y el narco. Supongo que en respuesta a las sugerencias medio en clave de Andrés Manuel López Obrador sobre una posible amnistía para quienes cultivan amapola y mariguana, o quienes trafican cocaína, fentanyl, heroína y mariguana, dijo: “Para que la sociedad cuente con seguridad y justicia no puede haber perdón ni olvido para los delincuentes, no puede haber borrón y cuenta nueva. Dejar hacer y dejar pasar a los criminales significaría fallarle a la sociedad y traicionar a México”.
Más clara ni el agua. De la misma manera que el apoyo de México, y del propio Peña Nieto para el proceso de paz en Colombia ha sido contundente, incondicional y solidario. No solo en lo tocante con las FARC, sino también, hacia adelante, con el ELN, sino, aunque no le haya tocado a Enrique Peña Nieto, con las AUC, o Autodefensas Unidas de Colombia, es decir los paramilitares, cuando Álvaro Uribe llegó a un acuerdo de entrega y desarme con ellos. Ahora bien, los buenos espíritus y los ignorantes de buena fe pueden alegar que ni las FARC, ni el ELN, ni las AUC eran delincuentes o criminales, menos aún narcos: solo guerrilleros de izquierda o de derecha, equivocados sin duda, pero que luchaban, también de buena fe, por una causa más o menos noble. Por ello, se justificaba una negociación con ellos, no por narcos ni por maleantes.
Asimismo, el estado de Israel ha afirmado a veces que no negocia con terroristas o criminales. Pero negoció los acuerdos de Oslo con la OLP cuando ésta aún no reconocía el derecho de Israel de existir, y cuando no controlaba a varios de los grupos que la componían. Asimismo, ha canjeado a cientos de presos palestinos por uno o dos soldados de Tajal (origen de la serie de televisión Homeland) retenidos por los palestinos. Con Hamás, canjeó justamente a Guilad Schalit, antecesor de Brody, por 477 presos palestinos. Podríamos enumerar decenas de casos donde estados democráticos dialogan, negocian y llegan a acuerdos con quienes habían anteriormente designado como terroristas, criminales, asesinos o delincuentes.
El tema colombiano es el más interesante, porque encierra una amalgama relativamente pura de actividad criminal desprovista de cualquier ideología o causa política, con estas últimas. Los tres grupos eran a la vez organizaciones armadas con algún tipo de causa, y narcotraficantes. Empezaron (las FARC) a principios de los años 80, gravando a los campesinos que cultivaban hoja de coca. Posteriormente, procesaron la pasta, produjeron polvo, e incluso traficaron. Quienes desconozcan la historia pueden consultarla en las grandes series colombianas (el Cartel de los Sapos, o el Patrón del Mal, entre otras). En otras palabras, el estado colombiano negoció con narcos en casos distintos a la célebre entrega negociada de Pablo Escobar a principios de la década de los 90. Esa negociación ha sido en general considerada como un fracaso; las de Uribe y Santos, como un éxito. A tal grado los acuerdos de paz con las FARC implican explícitamente a narcos como un perdón, que incluyen un capítulo sobre narcotráfico y amnistía y reinserción. Fue el caso de otra negociación, también apoyada por México, en El Salvador, entre las maras y el gobierno de Mauricio Funes. Muchos consideran que dicha negociación, aunque recibió la bendición de la OEA, también fracasó, aunque la estrategia de “mano dura” del siguiente gobierno salvadoreño tampoco prosperó.           
A reserva de encontrar excepciones, o de victorias aplastantes sin negociación alguna (Alemania y Japón en 1945), siempre se negocia con enemigos, nunca con amigos. Y en una guerra, los enemigos siempre son malos: criminales, delincuentes, terroristas, asesinos. Los unos lo son realmente, y son eso nada más. Otros revisten características complejas: son terroristas, y luchadores de liberación nacional también (FLN en Argelia, OLP hasta 1992). Unos son narcos y guerrilleros, otros narcos y campesinos que cultivan hoja de coca o amapola. Otros son capos a secas, como Von Braun, Heisenberg, los militares chilenos, argentinos, uruguayos, brasileños, guatemaltecos, etc.                               ¿Ni perdón ni olvido? Sin perdón no hay rendición, desarme ni reinserción. El olvido es otra cosa; la vida no es un bolero.