EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Niños armados, otra medida extrema

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 27, 2020

 

La ingobernabilidad ha dado lugar a medidas extremas. En Guerrero se han dado este tipo de medidas que incluyen riesgos imprevisibles. Una de estas medidas son las autodefensas que se han establecido en todas las regiones del estado. Han surgido estos grupos civiles armados debido al abandono, a la omisión e, incluso, la colusión de las instituciones del Estado encargadas de dar seguridad a la población. Ante las amenazas a la vida y al patrimonio, ante la indefensión y la vulnerabilidad, forzadamente la gente ha buscado formas para defender la vida, la familia y los entornos comunitarios.
El caso es que la aparición de grupos de autodefensa ya se ha normalizado, y con ello, se ha normalizado el recurso a las armas y el recurso a la ilegalidad. El asunto es que las autodefensas ya no se están considerando como medidas extremas, sino como lo más ordinario en los paisajes guerrerenses. El Estado de derecho, tan invocado por el discurso oficial se ha convertido en eso, en sólo discurso. La convivencia entre grupos de autodefensa con policías y militares y hasta con grupos civiles de la delincuencia organizada es parte de la vida cotidiana.
Y ahora, la presentación pública de niños armados que la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF) realizó en días pasados, ha causado sorpresa en todas partes y un alto impacto mediático. ¿Qué significa el hecho de que los pueblos acepten esta otra medida tan extrema? ¿Qué ha sucedido en las comunidades para que esto pueda verse como algo necesario para su supervivencia? ¿Cuáles son las razones de sus comunidades? ¿Cuál es el mensaje que quieren darnos con este lenguaje cargado de simbolismo? Armar a los niños repugna al sentido común, sin embargo en todo esto hay un mensaje que hay que descifrar. Los niños representan la parte más débil e indefensa de la sociedad. Y en los pueblos indígenas esta debilidad es exponencial. Asignarles tareas de seguridad en el ámbito de las autodefensas armadas, significa que se han agotado todos los recursos razonables al grado de que ellos tienen que convertirse en carne de cañón en los contextos de inseguridad y de confrontación armada.
Esto significa que quien tenía la responsabilidad de la seguridad, de la protección y de la defensa de los pueblos, por las razones que sean, no lo está haciendo. Y si no lo está haciendo es, en última instancia, el responsable de esta irracionalidad y de estas medidas extremas. La descomposición social en casi todo el estado de Guerrero ha sido un proceso de muchos años, y no ha sido frenada ni contenida. Con la fuerza de las armas se han dado dinámicas sociales ilegales y violentadoras de los derechos humanos de los pueblos y de las personas. Hay que dicirlo de manera clara: el Estado no ha podido frenar la barbarie. En la conflictiva región de Chilapa, Los Ardillos y Los Rojos “gobiernan” y disputan sus territorios sin que el Estado sea capaz de recuperar el control de la región. La gran pregunta es: ¿por qué el Estado no ha podido? De suyo esta es una tarea muy complicada que requiere capacidades. ¿Es que el Estado no tiene las capacidades necesarias? Tiene las instituciones, las leyes, el dinero. ¿Qué le hace falta? ¿Será que le falta lo más importante como la confianza y la colaboración de la sociedad?
Esta omisión mayúscula del Estado es la que está generando medidas extremas tales como las autodefensas y ahora, los niños armados en las autodefensas. El gran responsable es el Estado como conjunto de instituciones federales, estatales y municipales, y como conjunción de poderes, desde el Legislativo, Judicial y Ejecutivo. Estamos hablando de las estructuras del poder político que no dan para la elemental seguridad de los pueblos, como para que los niños no tengan que ser armados en las autodefensas.
Por otra parte, no podemos descartar una responsabilidad social en esta situación de indefensión. Si bien al Estado le toca asumir directamente la tarea expresa de la seguridad, la sociedad no ha estado a la altura para poner su parte. Cuando el Estado no ha cumplido sus responsabilidades nos hemos comportado de manera indolente y se lo hemos permitido. Y si sabemos que el Estado requiere de la colaboración de la sociedad, tampoco la hemos dado. No nos comportamos como ciudadanos, sino como infantes que hacemos berrinches temporales cuando somos directamente afectados.
Si no se detiene la barbarie, ¿cuáles medidas extremas están por venir?