EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

No hacer ni ser basura

Ana Cecilia Terrazas

Julio 24, 2021

AMERIZAJE

En la década de los setenta, por lo menos en el Distrito Federal (Ciudad de México), una de las campañas más exitosas y quizá muy añorada hasta hace poco tiempo fue la que se entonaba “Ponga la basura en su lugar”. Posiblemente tuvo buenos resultados en su momento. A muchos de mi generación les parece que, siendo magnífica, fue insuficiente: a los pocos años se olvidó y las generaciones entrantes ni supieron de su existencia.
Hoy, por lo menos en muchas zonas del país, ciudades y campos, la mayoría de las personas parecieran no estar conscientes todavía de que no se deben desembarazar de aquello que les estorbe –lo considerado basura– de manera inmediata, en donde quiera que se encuentren, piso, calle, campo, jardín o cuerpos de agua. (A veces me pregunto si en el inconsciente de todo el mundo se pensará auténticamente que la basura se desintegra y desaparece con el simple paso del tiempo). La gente sigue tirando, ensuciando y aventando basura por todas partes. El hecho duele mucho, pero así ocurre.
Aunque lo anterior es un problema de educación, civismo, campañas, cultura, hábitos, costumbres, privilegios… lo más grave es que en estos momentos del calendario humano-planeta el problema de la basura ni siquiera tiene que ver con el lugar adecuado para arrojarla.
Lo que ha quedado claro es que hace décadas que no hay más cupo ni espacio en la superficie terrestre –ah, también ya se ha contaminado la órbita, que está plagada de basura espacial– para continuar tratando de divorciarnos de nuestras propias porquerías, de lo inservible, lo contaminante, lo tóxico; somos parte de nuestros residuos aunque no lo queramos.
Es por lo anterior que, la producción per cápita de basura se convirtió hace ya varios años en problema medular para la sostenibilidad. No se pueden alcanzar varios de los objetivos de desarrollo sostenible sin que cada persona disminuya tremendamente su capacidad de fabricar desechos.
De acuerdo con datos del Inegi –de hace un par de años–, cada mexicano genera al día casi un kilo de basura *, esto es algo cercano a las 12 mil toneladas producidas por persona cada 24 horas en todo el mundo.
Estando como estaba, tan grave y delicado el problema de la basura en el planeta, resulta que con la pandemia a causa del Covid-19 el tema se vino a desbordar aún más.
A nadie sorprende que “desde el año pasado el uso de plásticos se ha disparado de manera asombrosa, no sólo miles de millones de mascarillas, pero también guantes, desechos médicos y empaques de comida para llevar. Su aumento ha sido tal que los sistemas de reciclaje han colapsado en algunos países. Si no se toman medidas, más del 70 por ciento de este plástico terminará tirado en océanos y vertederos, y hasta un 12 por ciento será quemado causando contaminación y enfermedad en las zonas más vulnerables del planeta”, se asegura en un informe de marzo pasado, especializado en Covid-19 y desechos, elaborado por la ONU **.
Quienes saben del tema proponen se impulse una economía circular, que es aquella que prefiere imitar los esquemas armónicos de la naturaleza en los que no hay desperdicio a diferencia de los lineales, basados en extracción, producción, consumo y basura.
Estos esquemas circulares, hermanados con la permacultura de los años setenta, que implica una constante mirada a cómo se relacionan los seres vivos y cómo funcionan cultivos y productos sin la injerencia de la mano humana, fuera de los caprichos que no son de temporada, son las formas más susceptibles para que no se generen toneladas y toneladas de cosas que sólo envenenen y ensucien mares, océanos, aire, bosques, ciudades.
El reto de los residuos en esta mitad de 2021 quizá se pueda desgranar en varios renglones: regresar a utilizar medios de comunicación y publicidad masiva para sensibilizarnos sobre el problema; reconocer que hemos armado una vida económica y cultural en torno del desperdicio, meollo del tema; tomar medidas radicales para no generar más basura y al mismo tiempo no sobreexponernos a la Covid-19.
Si toda la llamada basura, lo que no se quiere o requiere, se volviera importante y no desechable, dejaría de sobrar. Si abrimos la reflexión y la observamos desde otra óptica, urge volvernos unos con los residuos, ser unas con las sobras para que nada nos estorbe y, sobre todo, para que no le seamos basura, como humanidad, a la Tierra.

*http://cuentame.inegi.org.mx/territorio/ambiente/basura.aspx?tema=T7
**https://news.un.org/es/story/2021/03/1490302

@anterrazas