EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

No mires arriba

Octavio Klimek Alcaraz

Enero 22, 2022

Don’t look up, de Netflix –No mires arriba por su título en español– no es sólo una película de entretenimiento superficial. Estrenada en la Navidad de 2021, se ha convertido en un éxito de público en dicha plataforma. Es una sátira que, con ironía, exageración y un humor dolorosamente mordaz, se dedica a todos aquellos que no valoran el conocimiento científico, contra quienes desean aplastarlo en beneficio propio o incluso negarlo. Se desarrolla una historia escandalosa, pero en tiempos de noticias falsas, periodismo de entretenimiento, memes, jefes de estado al estilo Trump, y en muchos lugares todavía una falta de comprensión para la obtención de conocimiento científico es terriblemente creíble.
Los creadores de Don’t look up no sólo se enfrentan a los negacionistas de la ciencia, sino que los muestran sin piedad. Sus protagonistas son Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep, entre otras estrellas. La película nos da un retrato fiel de una humanidad que está impregnada de personalidades y estructuras que contribuyen a una amenaza real para la vida tal como la conocemos en este planeta que deben tomarse en serio: el cambio climático.
Don’t look up muestra de una manera dolorosamente impresionante no sólo la rapidez con la que los hechos pueden instrumentalizarse en opiniones, sino también las dramáticas consecuencias de malinterpretar el conocimiento científico confiable como tal. Afortunadamente, la historia se cuenta de forma divertida, que no deja de ser paradójico, pues la película en su mensaje debería dejarnos preocupados, pero tal vez nos hemos vuelto ya una sociedad demasiado fría y cínica ante tantas tragedias e injusticias humanas.
El antecedente es que su director, Adam McKay, –realizador de películas políticas satíricas como La gran apuesta (2015), sobre el estallido de la burbuja inmobiliaria, y El vicio del poder (2018), la biografía de Dick Cheney, el vicepresidente de George W. Bush– había estado tratando de filmar una película sobre el cambio climático. Se narra en crónicas sobre la película, que su productor, David Sirota, quien asesoró a Bernie Sanders en la campaña electoral de 2020, le señaló que los medios de comunicación no reaccionan ante la pasividad gubernamental sobre el calentamiento global, le dijo: “Un meteorito podría chocar con la Tierra y nadie parecería entenderlo”, y McKay cambió de desastre global.
La trama de la película se cuenta rápidamente. La estudiante de astronomía Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) descubre un meteoro de 6 a 9 kilómetros de largo. Cuando ella y su profesor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) calculan la trayectoria, se dan cuenta de que el meteoro chocará con la Tierra en unos seis meses, avisan a la agencia espacial de los Estados Unidos, la NASA, que sus investigadores lo denominan un “asesino de planetas”. A su vez la agencia espacial lo comunica a la presidenta de Estados Unidos, ocupada en esos momentos por una amenaza política mayor para ella: las elecciones de medio mandato que pueden cambiar las mayorías del Congreso de su país. Sólo quedan seis meses para salvar el planeta, y no parece que los gobernantes se percaten de tal urgencia.
Hay muchos guiños políticos en la película, recuérdese que Meryl Streep recibió el ataque de Donald Trump, que la calificó de “actriz sobrevalorada”, y la respuesta de McKay fue caracterizarla como la presidenta Janie Orlean, con las maneras, el habla y hasta las gorras rojas trumpistas; en su oficina de la Casa Blanca cuelga un retrato de Richard Nixon.
Dibiasky y Mindy son recibidos con apatía por la presidenta Orlean y su hijo-jefe de gabinete Jason. Los astrónomos intentan que la presidenta sea consciente del final inminente. Un meteoro devastador golpeará la Tierra, enfatiza el equipo de investigación: “99.78 por ciento, para ser exactos”. “Digamos un 70 por ciento, y sigamos”, explica la presidente, “después de todo no se le puede decir a la gente que morirá. También hay elecciones intermedias”. “Mantendremos la calma e investigaremos”. Ella tiene otros datos.
Los medios de comunicación tampoco salen bien parados, cuando los astrónomos deciden informar ellos mismos, ahí aparece la conductora Brie Evantee, interpretada por Cate Blanchett, en un programa de televisión matutino plástico. Pero la aparición en la televisión no transcurre sin problemas: Dibiasky no encaja en el formato y, honestamente, está en pánico en lugar de sonreír ante las preocupaciones. ¿Quién quiere saber del fin del mundo para desayunar?
Para efectos argumentativos, igual que los escépticos y negacionistas de cambio climático se refieren a supuestos expertos sin las calificaciones pertinentes, tal como en Don’t look up la palabra de Jocelyn Calder, la directora de la NASA, cuenta más por su posición que la de Dibiasky, Mindy y muchos otros expertos que han estado trabajando en investigación espacial durante décadas. Y eso a pesar de que ella es sólo médica, pero patrocinadora de la presidenta. Hasta ella quiere desacreditar personalmente a los científicos.
Don’t look up proporciona ejemplos impresionantes, por ejemplo, cuando dice que el meteoro también puede ofrecer algo bueno y uno puede usarlo. Lo cual es teóricamente posible, pero conlleva el riesgo de que toda la vida tal como la conocemos sea destruida. Así se utiliza información selectiva, lo que significa la omisión selectiva de datos y hallazgos no deseados. Eso es muy similar a argumentos de algunas personas respecto al cambio climático, por ejemplo, vamos a acceder a minerales e hidrocarburos en tierras todavía cubiertas de hielo o sembrar vid en el norte de Canadá.
Sin embargo, algunos eventos de la película hacen latir a los apasionados de la ciencia, los científicos y, sí, a los periodistas científicos también, porque algunas escenas reflejan perfectamente sus propias experiencias.
Por ejemplo, cuando el plan para salvar la Tierra se basa en cifras no revisadas por pares de una empresa que adorna prudentemente sus cálculos con investigadores de renombre para comercializarlos como publicaciones no verificables, pero creíbles. O cuando los tomadores de decisiones prefieren consultar a sus propios investigadores porque los expertos simplemente no dicen lo que quieren escuchar. A una persona conocida de un servidor, en su último empleo, le pidieron renunciar ante sus opiniones expertas, ya que según sus superiores tenía “su propia agenda personal”.
La película puede ser inverosímil en la manera en que se comunica el descubrimiento y en cómo se reacciona ante él. Ante esto, el director McKay ha advertido que su objetivo es otro: la incapacidad política y social de escuchar verdades científicas, extrapolable al calentamiento global. Por ello, es probable que los astrofísicos encuentren fallas en algunas escenas, sobre todo si se tiene en cuenta cómo funcionan el cine y la ciencia. Un astrofísico profesional sólo tendrá que soportar algunas inexactitudes a lo largo del filme. Pero, más allá del aspecto científico, es verosímil en lo de que un asteroide golpee la Tierra. Esto es gracias a la asesoría de Amy Mainzer. McKay había insistido en que un científico en ejercicio participara en la producción. Por su parte, Mainzer es la investigadora principal de la misión NEOWISE de la NASA, cuya tarea es encontrar y caracterizar objetos cercanos a la Tierra (NEO).
Se debe recalcar que Don’t look up no se trata sólo de meteoros, sino también del cambio climático. Finalmente, es una metáfora de como los intereses y la ignorancia de segmentos amplios de la sociedad en torno al cambio climático han obstaculizado el curso de realizar acciones contundentes contra el mayor problema ambiental global causado por nosotros mismos, en donde la manipulación deliberada y las mentiras han impulsado el debate científico, esto pese a que los expertos han demostrado en numerosos estudios durante décadas que el cambio climático se está produciendo y está fuertemente influenciado por los seres humanos. Están los reiterados informes independientes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Sin embargo, en realidad, al igual que en las películas, hay jefes de estado, tomadores de decisiones, instituciones y personas que priorizan sus propias ganancias y estatus sobre el bienestar futuro de todos.
La principal diferencia es que el cambio climático no va a acabar de un solo golpe con la vida en el planeta que habitamos –como lo posibilita un meteoro–, sino que el cambio climático nos amenaza con una extinción humana dolorosa y lenta, además de que es poco probable que acabe con la vida de otros organismos en la Tierra.
Sin duda, Don’t look up es una de las contribuciones recientes más importantes a la popularización de la ciencia. Ojalá se hagan más películas de este tipo.