Jesús Mendoza Zaragoza
Septiembre 01, 2025
En el estado de Guerrero padecemos, con mucha frecuencia, manifestaciones públicas o bloqueos de calles y carreteras, sobre todo en Chilpancingo y en Acapulco, porque quienes protestan lo hacen porque sus demandas no son atendidas, no se sienten escuchados ni informados por las autoridades. Eso sucede con mucha frecuencia. Recordemos el proyecto de la presa hidroeléctrica de La Parota, cuando los comuneros no fueron informados ni fueron escuchados sobre las implicaciones de la construcción de esa presa y, tras años de protesta, ese proyecto se canceló materialmente. Esa cancelación fue el desenlace de no informar y de no escuchar a la gente afectada por los proyectos que los gobiernos municipales y estatales o el gobierno federal promueven.
Eso mismo está sucediendo en estos días con el proyecto del Marinabús, cuando prestadores de servicios en las playas del puerto y, posteriormente, los pobladores de Puerto Marqués han estado protestando porque no han sido informados sobre este proyecto de Fonatur ni tampoco se sienten escuchados por autoridades municipales, estatales y federales. Eso mismo sucedió con las protestas ciudadanas sobre el Jardín del Puerto.
La costumbre de quienes están en el poder es esa: no escuchan porque ni eso saben hacer desde hace muchos años. Es costumbre de las autoridades que provienen de todos los partidos políticos, de todos. Es algo así como el ADN que el poder político les ofrece. No escuchan a nadie, pues ni les falta hace porque sólo se escuchan a sí mismos. Escuchan sus bolsillos, a los qué sí les hacen caso, escuchan el sonido del dinero y escuchan también a quienes viven en los espacios del poder económico o político.
No se atreven a escuchar a los pobres, a los trabajadores, indígenas y campesinos. No tiene caso escucharlos pues son ignorantes y nada pueden aprender de ellos. Tampoco escuchan propuestas ciudadanas alternativas para detener la vertiginosa carrera de la delincuencia organizada, ni escuchan a las madres buscadoras, porque carecen de empatía para experimentar su dolor. Tampoco les interesa escuchar a los desplazados internos ni a la gente que vive en los territorios en los que dominan organizaciones criminales.
Ni escuchan las inquietudes de los jóvenes ni de las nuevas generaciones, tampoco escuchan a los estudiantes ni a los profesionales, tampoco escuchan las investigaciones y estudios del mundo académico, pues les basta escucharse a sí mismos para darle cuerda a sus brillantes ocurrencias que luego convierten en proyectos de gobierno.
La clase política en Guerrero solo piensa en sí misma, en alcanzar o continuar con el poder en sus manos, piensa en sus bolsillos, en sus intereses, en sus negocios o en formas de enriquecerse en tres o en seis años. O en más años si les es posible.
¿Cómo explicar los rezagos que tenemos en Guerrero? Rezagos en la educación, en el apoyo a los artistas y artesanos, rezago en cuanto a la pobreza extrema y vivimos rezagados en democracia. Rezagos también en el apoyo al campo y rezagos en los temas de la seguridad pública y la seguridad ciudadana, rezagos en derechos humanos. En parte, todos los rezagos que tenemos en el estado de Guerrero pueden tener diversas explicaciones, entre las cuales está el vacío de escucha de quienes detentan el poder público. Viven desconectados del sufrimiento de los sectores más vulnerables del campo y de la ciudad. En el discurso dicen que viven para el pueblo, con el pueblo y en el pueblo. Pero sucede que es un discurso vacío y solo de simulación.
Es necesario humanizar los espacios de poder y a quienes tienen responsabilidades públicas. Sin humanismo no es posible escuchar a nadie. El humanismo nos hace capaces de escuchar, de servir, de informar y de humanizar la política y a quienes tienen responsabilidades públicas. Se ha hablado del humanismo mexicano, que puede llegar a ser retórica o un discurso vacío, si no aprendemos a escuchar a las personas y a los pueblos.