EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

No se puede (ni se debe) cantar victoria

Abelardo Martín M.

Junio 02, 2020

Han transcurrido casi 75 días de que casi todo el país inició el aislamiento por la propagación acelerada en el mundo del coronavirus, y más allá de lamentar la muerte de miles y miles de personas, además de las que se sumarán en las próximas semanas y meses, el mundo vive el cambio de modelo económico, político y social.
Podría afirmarse sin riesgo de equivocarse que el ciclo histórico iniciado con la caída del Muro de Berlín, que significó el final del comunismo y la guerra fría, pero en especial del modelo económico capitalista salvaje o neoliberal, llegó a su fin para bien de la humanidad. La injusticia y desigualdad global que se originó con este modelo, concluyó para bien de todos, incluidos los países que más se beneficiaron económicamente de este periodo. Paradójicamente, muchos de esos países, especialmente Estados Unidos, han sufrido las consecuencias de un sistema sanitario público que olvidó la prevención y se enfocó a la atención de enfermos, que representaron cuantiosas utilidades para las empresas fabricantes de medicamentos.
Hoy el mundo apuesta por la prevención y por la propagación de la salud y en México, esta coyuntura ha sido muy bien aprovechada para direccionar mayores presupuestos a salud y educación, dos de las carencias básicas que padecemos.
El aislamiento desesperó y cansó ya a la gran mayoría de los mexicanos que desean, lo más pronto posible, reiniciar sus actividades a riesgo, inclusive, de su propia vida, lo que debe reflexionarse a profundidad por cada uno de nosotros.
Las proyecciones más optimistas prevén que, en las próximas 12 semanas, morirán alrededor de 20 mil personas (sumarán el triple de quienes han perdido la vida hasta ahora) por el coronavirus. Las pesimistas están por encima de las 120 mil personas, lo que hace prever un panorama nada alentador.
Las consecuencias económicas y sociales de la pandemia son otros rubros que deben tomarse en cuenta, pero ese solo escenario debiera moldear la conducta a seguir en las próximas semanas. Nadie, nadie, independientemente de su rango político, económico, social o cultural, está exento de sufrir el contagio y el riesgo de agravarse y morir.
En muchas partes del país se vislumbra el retorno paulatino de actividades, luego de que se espera el descenso paulatino de los ritmos de contagio y muerte por el Covid-19, en Guerrero estamos todavía en los momentos de mayor peligro, que se resiente para empezar entre el personal de salud.
Con alrededor de dos mil contagios acumulados y cerca de trescientas defunciones, en la entidad alarma la altísima tasa de letalidad de la epidemia, cercana al 15 por ciento.
Acapulco sigue siendo el foco estatal de la epidemia, con el 60 por ciento de casos confirmados y casi la mitad de los decesos, aunque en las grandes concentraciones urbanas de la entidad, donde más se extiende la infección, la gente no atiende mucho las recomendaciones sanitarias. Sigue saliendo, y no respeta la sana distancia, no usa cubrebocas u otras prendas de protección; mercados y tianguis operan como si el virus no existiera. Incluso, los medios de comunicación dan cuenta de operativos policiacos para dispersar gente reunida en la celebración de bodas, oficios religiosos, fiestas y otros convivios.
Y así nos está yendo. El secretario de Salud estatal y el gobernador, Héctor Astudillo, han enfatizado que Guerrero vive un momento crítico por la pandemia, y que estamos en la etapa de máximo contagio.
No obstante, el gobierno local publicó ya en el Diario Oficial del estado su plan de reactivación económica, aunque el gobernador se apresuró a precisar que en la entidad aún no hay condiciones para un retorno a la normalidad. Abrirán algunas, muy pocas, oficinas de gobierno.
El turismo, la actividad más relevante en el estado, tendrá que esperar tiempos mejores, al igual que el sector de restaurantes, cafeterías y bares. Debe esperarse a que las cifras de contagios bajen de manera efectiva y sostenida, y que el semáforo epidemiológico ya no esté en rojo, en el mejor de los casos, ocurrirá a partir de la segunda quincena de junio.
Otro sector esencial, la agricultura, también sufrirá, además porque la emergencia sanitaria ha postergado la entrega de fertilizante a los campesinos, lo que ocurrió el año pasado que motivaron protestas en diversos puntos del estado. Todo ello ha afectado la economía estatal, e incrementará la problemática de pobreza y marginación. No será fácil resarcir los daños, menos aún si por precipitación se rompe la cuarentena y la epidemia, como una hidra, recupera su fuerza devastadora.
El momento que vivimos requiere prudencia, exige disciplina y mucha atención a las medidas sanitarias, porque se trata de vidas humanas, lo único verdaderamente valioso y que debemos preservar y defender a toda costa.
El papa Francisco ha señalado que “esperanza y la vida están en lucha” y “el sufrimiento y el dolor se vuelven espacio propicio para la corrupción y la especulación, donde la agresión y la violencia parecen ser la única salida” y recordó que podemos estar “atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados”.
La pandemia ha dejado una secuela de dolor, sin duda, pero también ha despertado una fortaleza, una capacidad que la mayoría desconocía y eso mismo es la mejor herramienta para superar cualquier problema o dificultad, pero a su debido tiempo. No antes, no después. La vida es lo que está en juego.