EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

No te salves

Esthela Damián Peralta

Octubre 21, 2025

Si pudiera elegir un poema que definiera mi manera de vivir, sería No te salves de Mario Benedetti, donde se nos invita a no refugiarnos en la indiferencia ni en la comodidad. Por eso, trabajar en el equipo de la Presidenta Claudia Sheinbaum representa para mí la reafirmación más profunda de mis convicciones: mirar y sentir el dolor de la gente es indispensable para seguir transformando a México en un país con todos los jóvenes que sepan y ejerzan su derecho a la educación, a la salud, al deporte, al sano esparcimiento, la cultura… en resumen a una vida plena y feliz.
Tras la victoria de la Presidenta Claudia Sheinbaum en 2024, durante el proceso de organización de su gobierno me expresó que mi trabajo siempre ha estado en el territorio y que ahí es donde más necesitaba mi empeño. Por ello me pidió integrarme a la Subsecretaría de Prevención y Atención a las Violencias, junto al secretario Omar García Harfuch.
La encomienda fue llevar a nivel nacional el modelo de “Barrio Adentro”, una estrategia que en la Ciudad de México demostró que la prevención comunitaria puede transformar vidas y reducir violencias, como lo comenté en el artículo anterior. Acepté con entusiasmo el encargo, porque nada me llena más el espíritu que el trabajo territorial, cercano y con , por y para la gente. La Presidenta determinó que, en una primera etapa, los estados que serían atendidos por esta Subsecretaría de manera prioritaria serían Baja California, Estado de México y Tabasco.
Así, desde octubre del año pasado he recorrido distintos estados del país para conocer de cerca las realidades que enfrentan las familias más vulnerables y abrir caminos de bienestar, especialmente para las y los jóvenes, a fin de que puedan construir un proyecto de vida alejado de las violencias.
Para ilustrar cómo se ha implementado esta estrategia, quiero compartir dos historias en las cuales, por respeto y protección, los nombres de las personas involucradas han sido modificados.
Una tarde, mientras realizaba un recorrido, conocí a “Emilia”, una niña de ocho años que llegó a la jornada de servicios que estábamos realizando, preguntando si podríamos darle algo de comer porque no había desayunado, por supuesto que le proporcionamos alimentos de inmediato. Me llamó la atención que estuviera sola, así que le pregunté por sus padres y por qué no estaba en la escuela, a lo que contestó que su padre se iba temprano a trabajar y hacía varios meses que ella no asistía a la escuela porque su casa se había quemado y su hermano y su madre habían fallecido en el incendio.
Para su padre, el impacto fue devastador: al regresar del trabajo descubrió que había perdido a casi toda su familia. Aun así, Emilia, con esa fuerza resiliente que solo los niños poseen, deseaba volver a la escuela y recuperar el sentido de hogar. Sin embargo, su padre, sumido en el duelo y las dificultades cotidianas, no encontraba la manera de brindarle el cuidado y la atención que ella necesitaba en ese momento.
Esperamos a que el padre de Emilia regresara del trabajo y le ofrecimos acompañamiento sicológico. Ante la falta de una persona que pudiera cuidar de la niña mientras él laboraba, el DIF determinó reubicarla temporalmente con una familia de acogimiento, con el propósito de cuidarla: garantizar el bienestar de Emilia y darle a su padre el tiempo y el apoyo necesarios para superar el profundo proceso emocional que estaba viviendo. No se trató de una separación, sino de una medida transitoria para que ambos pudieran sanar y reencontrarse más adelante, cuando las condiciones fueran más seguras y estables.
En otra ocasión visité una comunidad que, me advirtieron, era especialmente compleja. Pero son precisamente esos territorios a los que, por instrucción de la Presidenta Claudia Sheinbaum, debemos llegar. A pesar del calor sofocante, me sorprendió ver que la mayoría de las viviendas estaban construidas con lámina galvanizada y que, en su interior, apenas contaban con un solo cuarto que servía tanto para dormir como para cocinar.
Ahí me encontré con un grupo de jóvenes a quienes quise acercarme, pero quienes conocían la zona me detuvieron con una advertencia: algunos de ellos estaban identificados por participar en conductas violentas. Mi respuesta fue clara: la atención a las causas es para todas y todos. Me acerqué, los saludé de mano y comenzamos a conversar. Al principio se mostraban reservados, pero conforme avanzó la charla, empezaron a abrirse. Estos jóvenes estaban deseosos de ser escuchados en su entorno habitual, que se conociera cómo viven y que a partir de eso se realizara un intervención integral. más allá del estigma que pesaba sobre ellos.
En este intercambio, conocí a Ramiro, un joven de 16 años, quien no había terminado la primaria y me contó que su mamá había fallecido dos años atrás. Le pregunté si quería estudiar y me dijo que no, encogiéndose de hombros. A simple vista parecía indiferente, pero bastaba detenerse un poco en su mirada y su historia para notar una tristeza profunda.
Le propuse que se uniera a nuestro equipo, que podría estudiar y tener un gran futuro, pero volvió a negarse. Lo más importante para ayudar es que haya voluntad del otro lado, así que al verlo decidido, entendí que no podía obligarlo a tomar la oportunidad. Seguí caminando y cuando ya iba algunos metros adelante, escuché que me gritaron. Era Ramiro, me alcanzó para decirme: “Ya lo pensé, ¡sí quiero ir con usted! ¿qué tengo que hacer?”. Sonreí, consciente de que ese instante de reflexión marcaría de manera positiva su vida.
Para mi sorpresa, Ramiro quiere ser marino. Con determinación, retomó sus estudios y ya concluyó la primaria y la secundaria. Observamos que sería difícil que continuara su nuevo proyecto de vida en el entorno donde vivía, pues carecía de redes de apoyo, así que le propusimos trasladarse a la Ciudad de México para brindarle un espacio seguro donde pudiera concluir su formación y, después, volver a su pueblo siendo marino a lo cuál, él accedió. Estoy convencida de que a nuestro Ramiro le augura una vida llena de éxitos.
De acuerdo con las cifras presentadas en el informe de la Presidenta Claudia Sheinbaum el mes pasado, los homicidios en Tabasco, Estado de México y Baja California, han disminuido en 44, 43 y 25 por ciento, respectivamente, gracias a una colaboración institucional entre los tres órdenes de gobierno y dependencias que participan en la estrategía de seguridad.
Sin embargo, hoy quiero invitarles –como dice el poema– a no quedarse inmóviles al borde del camino. A mirar los resultados, pero también reconocer la realidad humana que se esconde detrás de ellas. Porque, como nos ha enseñado la Presidenta, la única forma de construir una paz verdaderamente sostenible y duradera es sembrándola junto a la gente. No se salven.
Soy Esthela Damián, orgullosamente guerrerense, orgullosamente del equipo de la presidenta Sheinbaum y orgullosamente sembradora de paz.
Nos leemos el próximo martes.