EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

No todo está bien ni mal

Humberto Musacchio

Julio 16, 2020

Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, la estrategia seguida por su gobierno frente a la pandemia fue “clave para aplanar la curva”, y se pudo “levantar el sistema de salud, que estaba en el suelo, y contar con las camas, los ventiladores” y los médicos necesarios.
Por supuesto, el jefe de Estado debe procurar que la moral se mantenga en alto, la colectiva y la individual, pero los datos oficiales apuntan en otro sentido. Contagios y defunciones siguen al alza, y de estas últimas hay cifras desconcertantes, pues el domingo 5 de julio ocurrieron 273 defunciones por el Covid-19, mucho menos que el promedio que se tenía hasta entonces. Sin embargo, al día siguiente tuvimos 480 muertos y el martes la cifra subió a 895, en tanto que en los siguientes cinco días hubo un descenso sostenido, pues las defunciones fueron 782, 730, 665, 539 y 276. Por desgracia, el lunes de esta semana murieron otros 485 mexicanos y el martes se disparó nuevamente el número de defunciones para llegar a 836.
Como es evidente hasta ahora, cuando la curva de mortalidad parece “aplanarse”, nuevamente se va para arriba, y lo mismo sucede con los contagios, que aumentan de manera incesante, y si bien los decesos cayeron dos décimas porcentuales en la última semana, lo cierto es que se mantienen cerca de 12 por ciento respecto del número de contagios.
De modo que no cabe la insistencia en aquello de que se “aplanó la curva”, una expresión que desde abril viene empleando Hugo López-Gatell, esa especie de pararrayos de la 4T. Lo único verificable es que la epidemia sigue, que los contagios no se detienen y que la economía se ha desplomado.
En medio de tanta desgracia, resulta altamente plausible que científicos y técnicos mexicanos, con apoyo del Conacyt, hayan creado dos ventiladores, llamados respectivamente Ehécatl 4T y Gätsi, los que tienen un costo mucho menor que los importados. Excelente noticia es también que ya se inició su producción en serie.
Y mientras médicos, enfermeras y personal de las instituciones de salud se baten heroicamente en defensa de la vida, varios equipos científicos trabajan arduamente para obtener una vacuna eficaz y barata, considerando las carencias de México.
Con excepción de Marcelo Ebrard y Jorge Alcocer Varela, son varios los secretarios de Estado que se muestran pasmados. Lo mismo ocurre con varios gobernadores, incapaces de desplegar iniciativas para evitar que se siga extiendo el contagio. Mucho menos parecen preocuparse las autoridades federales y estatales por los devastadores efectos económicos de la peste, que tiene a miles de empresas en la insolvencia y a millones de clasemedieros desempleados y caídos en la pobreza, concepto en el que caben tres de cada cinco mexicanos.
De modo que no hay razón para compartir el desbordado optimismo presidencial, pero tampoco la crítica que todo lo reprueba ni mucho menos los asomos de golpismo. Los datos que aporta cada día López-Gatell tendrán que ganar en precisión. Cuenta –o debe contar– con técnicos capaces para mejorar el manejo de las cifras y los gobernadores habrán de asumir cabalmente su responsabilidad, aportando la información necesaria para que sociedad y gobierno cuenten con datos que resten espacio a la especulación.
Algunos gobernadores y alcaldes han tomado medidas que obligan a no circular innecesariamente por las calles, que limitan severamente el número de personas en locales cerrados y que obligan al uso de cubrebocas en la vía pública. Lo anterior está muy bien, pero el gobierno federal debería adoptar una actitud más enérgica para evitar los contagios. Sin embargo, los detiene el temor a que se les acuse de represores. El Congreso debería manifestarse en torno a las medidas sanitarias, porque no es algo que pueda dejarse a la decisión de cada autoridad.
Así como cada día se recomienda en forma intensiva el lavado de manos y otras medidas, hace falta que las autoridades informen cotidianamente, con toda precisión, de los hospitales que están saturados y de aquellos donde hay disponibilidad de camas. Es indispensable, también, que no se rechace a pacientes que presentan síntomas del mal, lo que ya ha ocurrido. En suma, deben aportar la información necesaria.