EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Norte 2020

Ana Cecilia Terrazas

Octubre 31, 2020

AMERIZAJE

 

 

Esta columna se publica en la antesala del penúltimo mes del año, noviembre, en un 2020 norteado, porque como define el Diccionario Abierto de Español al adjetivo coloquial mexicano, este tiempo se ha sentido un tanto “perdido, desorientado”.
La idea del Norte es título de una obra sonora de Glen Gould, uno de los genios del arte en el siglo XX, compositor, pianista, figura que dejó una huella indeleble en la historia de la música.
Sobre todo conocido por sus magistrales reinterpretaciones, a diferentes y excelsos ritmos de las Variaciones Goldberg, Gould también amaba la radio, el documental, la realización sonora.
Como buen hijo de su tiempo (1932-1982), Gould celebró la música concreta que básicamente fue el movimiento atribuido al francés Pierre Schaeffer, quien propuso elevar a rango de “música” toda producción aural, mientras se pudiera aislar y fijar en algún soporte –como disco o cassette–, grabada y posproducida en estudio, importando especialmente el desligarla de la definición rigurosa o unívoca de música.
El preámbulo sirva para centrar que la mencionada obra de Gould fue parte de su Trilogía de la soledad, hecha para la radio pública canadiense (Canadian Broadcasting Corporation o CBC) en los años setenta. Armada por documentales sonoros –eventualmente trasladados a lenguaje audiovisual–, el que importa a esta columna, sumamente vigente en la actualidad, fue transmitido por primera vez en 1967. Esa pieza se considera tanto una obra muy relevante para el radio arte, como para la radiofonía periodística.
La idea del Norte es básicamente una instalación considerada por su contenido, contrapuntual, de cinco narraciones yuxtapuestas, en voz de personas distintas, quienes hablan sobre su idea de lo que es el Norte; una recopilación simbólica de la configuración o interpretación de lo que es para ellos el norte de Canadá.
Para el propio Gould, ese norte era el gran desconocido, como lo era para la mayoría de los canadienses, salvo para algunos pocos que emprendieron o emprenden el viaje y se han confrontado o conocido aquello vasto, frío, impredecible.
Al final de The Idea of North, como se titula en inglés, las voces que hablan al mismo tiempo y que se topan en el fondo con el sonido de un tren, coinciden asimismo con un otro plano en el que se incorpora la Quinta Sinfonía de Sibelius.
Gould quería, deliberadamente, crear un espacio compositivo de voces en decibeles semejantes, audibles al mismo tiempo, hablas con perspectivas diferentes, transporte de fondo, sinfonía, ideas, conquistas, confusión, expectativas, confrontación con prenociones.
La sola metáfora de la pieza de Gould ajusta impecable a este tiempo por todo lo que el Norte así, con n mayúscula o minúscula, implica o significa en este momento.
Hasta los mejores demógrafos y geógrafos saben que en el mero septentrión de la Tierra nadie vive, nadie aguanta. Las temperaturas y climas ahí siempre se han (o se habían) mostrado inhóspitas para el ser humano –más, el homo sapiens– y por eso, hasta en primaria aprendimos que “nómadas se trasladaron hacia el sur, por el estrecho de Bering” en busca de algo menos frío, más habitable.
En Canadá, que yo sepa, te pagan por quedarte a poblar civilizadamente esas difíciles latitudes. Aparte, las auroras boreales se ven desde el norte, pero avistarlas resulta un volado.
Lo que ocurra con las elecciones próximas en el norte del continente americano modificará muchas cosas, pero a ciencia cierta, si se abre la toma o nos situamos en una panorámica de la historia presente al futuro inmediato, no sabemos qué tan para bien de todo el globo terráqueo esto pueda ser, qué tan para mal, qué tan rápido se sientan las repercusiones o siquiera qué es lo que ocurrirá o pueda suceder.
Nuestro pensamiento del Norte, siendo honestos como humanidad, en su dimensión literal o alegórica, no deja de ser todavía un poco como lo que quiso Gould decir en su propuesta sónica; un acumulado de lugares comunes e incertidumbres, paisajes desconocidos, dilemas no experimentados, conceptos borrosos, voces y planos sonoros yuxtapuestos.
Por eso la idea del Norte, como la idea del futuro, es más cercana a la obra quincuagenaria de Gould que a una posible estampa preconfigurada. Y en ese tipo de lugares, cuando hay interrogantes, espacios por conquistar, territorios por conocer, voces por descifrar, siempre cabe la esperanza.

@anterrazas