EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Novelas escritas durante y para tiempos recios

Adán Ramírez Serret

Mayo 08, 2020

De manera extraña, algo tan inútil como un libro puede transformar radicalmente la existencia de una persona. Se puede convertir, en muchos casos, en una especie de instrucciones de uso de la vida. Sin duda, se puede pensar en cualquiera de los libros religiosos, y también en los de superación personal. Soy afín a los primeros, me encantan las historias de la Biblia o los mitos de cualquier religión, y confieso que nunca he leído un libro de superación personal, pero respeto –y mucho– una característica esencial de ambos: consideran un libro como una herramienta capaz de cambiar una mente, una vida; de transformar el mundo.
Ahora pienso en dos novelas en particular, la primera, La transmigración de los cuerpos, de Yuri Herrera (Actopan, México, 1970). Se trata de la tercera novela (publicada en 2013) de un autor que con sus dos libros anteriores, Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo, había conseguido varios premios, una gran aceptación de la crítica, y, lo más importante, muchos lectores.
La transmigración de los cuerpos se le ocurrió a Herrera al mismo tiempo que México sufría la pandemia de la gripe H1N1, en 2009. Visionario en más de un sentido, pudo ver lo que vendría meses después, y luego diez años más adelante.
Se trata de la historia de un personaje terrenal que sortea el mundo con diferentes talentos y contada de una forma muy directa, “el Alfaqueque verbeaba lo que fuera necesario para que la gente siguiera complicándose como mejor le pareciera, no tendría chamba si se pusiera a juzgar los vicios de cada cual”.
Recuerdo que cuando leí por primera vez esta novela, me costó trabajo conectarme con ella. Reconocí el talento del autor, pero me sentía incapaz de disfrutarla; sentía que estaba escrita para alguien más, un lector que he descubierto luego de siete años y durante una pandemia.
Esta novela de Herrera cuenta la vida cotidiana de todos los que hemos estado recluidos los últimos meses. Sumergidos en lugares marginales durante la cuarentena y las historias que esto trae. Encerrados y con la sensación de vivir dentro de una ficción. Yuri Herrera tiene el talento de convertir el momento en algo muy extraño, en realista y muy mexicano.
La otra novela es Al final del vacío, de J. M. Servín (Ciudad de México, 1962). Es una novela apocalíptica, pesimista y violenta de uno de los mejores cronistas mexicanos. El más duro y despiadado, en donde la catástrofe es vista como el privilegio de presenciar la caída de una sociedad.
Una novela muy dura pero increíblemente sensata, en donde la Ciudad de México cae en manos de un grupo juvenil de vándalos que comienzan a cercar la ciudad y cercenarla. Una novela en donde aparecen los escenarios que ha traído la pandemia visto desde las cloacas sociales.
Mientras se lee una ficción sobre la Ciudad de México, por momentos no se sabe si se habla de ficción o realidad, sobre el futuro o el pasado.
Tardé en darme cuenta de dónde venía el hechizo que sentía al leer estas novelas, pues la impresión, en un principio, era un tanto inasible, pero poco a poco me fui dando cuenta que se trataba de obras que mezclaban algo muy extraño: son obras coyunturales, escritas durante momentos muy duros a la vez que son obras apocalípticas en donde la ficción describe perfecto el presente. Novelas que pertenecían al futuro y ahora al presente, en donde la realidad y la ficción se han mezclado como la locura y la cordura.
¿Por qué recomendar estos libros? Porque por extraño que parezca, tiene algo de tranquilizante. Quizá porque demuestran que llevamos sobreviviendo hace ya un buen rato. Obras escritas durante tiempos recios para momentos duros.
Yuri Herrera, La transmigración de los cuerpos, Cáceres, Periférica, 2013. 134 páginas.
J.M. Servín, Al final del vacío, Ciudad de México, Almadía, 2015. 297 páginas.