EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Nuestra América*

Octavio Klimek Alcaraz

Julio 16, 2016

El día de hoy, tengo la oportunidad de comentar un libro coordinado por un grupo de seis distinguidos académicos. Los Doctores Camilo Valqui Cachi, José Gilberto Garza Grimaldo, Jaime Salazar Adame, Medardo Reyes Salinas, Ángel Ascencio Romero y Cyntia Raquel Rudas Murga. El título del libro es seguramente indicativo de su contenido: Nuestra América: complejidad y unidad dialéctica de la humanidad y la naturaleza en el siglo XXI, que en un total de 19 capítulos distribuidos en cinco partes, analiza y reflexiona sobre la compleja relación de la naturaleza y los seres humanos, esa interacción recíproca entre ambas partes, en un proceso dialéctico de causa y efecto, intervenimos en la naturaleza y ella nos responde.
Los que colaboran en este libro son un total de 25 autores con sede en tres países. Por México, principalmente son académicos de la Universidad Autónoma de Guerrero, de la Universidad Autónoma de Morelos, de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Por el Perú, participan académicos de la Universidad Nacional de San Marcos, de la Universidad Nacional de Cajamarca y de la Corte Superior de Justicia de Cajamarca. Por Cuba, de la Universidad Central Martha Abreu de las Villas y del Instituto de Filosofía del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
En la primera parte los autores coordinadores realizan una crítica contundente al modelo capitalista, que hoy se expresa en la actual crisis global, tanto económica como ambiental, y que representa en los hechos el fracaso del mercado, el hecho de mercantilizar a la humanidad y a la naturaleza, en donde impera el objetivo de la máxima ganancia económica. Se expone así el fracaso de aquellos que piensan que un mercado puede autoregularse y autocorregirse, y sobre todo nos ayuda a cuestionar el dogma de que las altas tasas de crecimiento económico son necesariamente un buen indicador del desarrollo humano, y que el deterioro ambiental puede ser mitigado fácilmente.
En la segunda parte, conocemos en cuatro capítulos la cosmovisión de las comunidades originarias del Perú, Ecuador y Bolivia, que en la actualidad se reflejan en la filosofía del Buen Vivir, que contribuye a dejar una visión antropocentrista, en donde el ser humano es el centro de todas las cosas, y por tanto proclama su dominio sobre la naturaleza, por una visión biocentrista, en donde todo ser vivo merece respeto moral, incluido el ser humano que forma parte de la naturaleza, y que por tanto la naturaleza como tal tiene derechos.
Con dos capítulos, la tercera parte revisa las experiencias de legislar en materia de derechos de la naturaleza. En especial, quisiera resaltar el caso que se expone de la nueva Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Guerrero del año 2014, en la que se legisló sobre los derechos de la naturaleza, así como se incluyó el denominado principio precautorio en el artículo 2º. de la misma. Esto se manifiesta tanto en su segundo párrafo con el agregado de “respeto a la vida en todas sus manifestaciones”, como del cuarto párrafo: “El principio precautorio, será la base del desarrollo económico y, el Estado deberá garantizar y proteger los derechos de la naturaleza en la legislación respectiva.” En lo personal, me parecen sugerentes estas reformas, ya que es ejemplo para ser tomado en cuenta en la nueva Constitución de la Ciudad de México. Hoy, expresión clara de desastre ambiental como consecuencia de un modelo colonialista iniciado hace casi 500 años con la Conquista Española sobre los aztecas.
Sin duda alguna la cuarta parte del libro es la más extensa, en ella se consideran siete capítulos. En esta parte se presentan casos, tanto de las políticas del capital que han llevado a la destrucción de la naturaleza, así como alternativas tanto de movimientos sociales, en este caso los caracoles zapatistas y los indignados, españoles, como de las innovaciones tecnológicas verdes.
Los siete textos de esta cuarta parte nos expresan claramente la necesidad de llevar a una relación cuando menos responsable y respetuosa con la naturaleza. Finalmente, la destrucción de la naturaleza llevaría también a una destrucción selectiva de los seres humanos, generalmente los más vulnerables, los más pobres, en especial, las mujeres, los niños y los ancianos. Eso se observa ante los graves problemas ecológicos que se viven en la vida cotidiana no solo de México, sino también del planeta.
Finalmente en una quinta parte del libro, se presenta una parte, que en lo personal me fue amable. En sus cinco capítulos se escribe de la relación de los seres humanos con la naturaleza desde el punto de vista de las humanidades, desde la religión, la literatura, hasta la tragedia y cuasi extinción del jaguar en Guerrero.
En síntesis, este libro nos da elementos para comprender y señalar, que la sociedad ya no puede seguir actuando en un modelo que actúa como si los ecosistemas fueran ilimitados. Es decir, se tiene que promover una economía que debe tener en cuenta los límites biofísicos de nuestro planeta, para que éste pueda seguir funcionando para las futuras generaciones de la humanidad. La posibilidad de una catástrofe ecológica, que tiene un riesgo claro en el cambio climático y la extinción de la biodiversidad, puede provocar una disminución de los niveles de desarrollo de todos los habitantes del planeta, tanto pobres como ricos.
De hecho debe eliminarse esa idea de que el crecimiento económico es la solución a nuestros males económicos. Hoy sabemos que consumimos más recursos que los que el planeta produce, existen estimados como es el caso de la llamada huella ecológica de que consumimos un 25 por ciento más de recursos que lo que el planeta produce. Ya estamos desfalcados en términos del capital natural y desde hace un buen rato ya no vivimos de sus intereses.
Estamos entonces hablando de lograr un modelo de desarrollo sustentable, con un tipo de crecimiento que nos permita vivir sin rebasar la capacidad de carga del planeta y que permita reducir la pobreza. Esta capacidad de carga abarca tanto la disponibilidad de recursos naturales, como los límites de absorción de los desechos y la contaminación.
Pero si se habla de disminuir la pobreza implica aumentar el consumo, entonces tenemos un problema que resolver si queremos reducir el uso de recursos naturales y emitir menos desechos. Desde el punto de vista contrario al capitalismo habría entonces que disminuir el consumo superfluo. Es decir, quienes consumen de más en energía, materiales, alimentos, agua, en general deben disminuir su consumo, para que se redistribuyan estos recursos entre quienes tienen menos.
Por ello, muchos de nosotros, y cada día somos más por fortuna, queremos una transformación política del actual modelo de sociedad. En donde toda la gente comprenda la importancia de su participación en la vida política, se trata de un cambio de actitud, de vincularnos unos con otros. Hay un proverbio etíope que dice: “cuando las arañas se unen pueden atrapar un león.”
Oskar Lafontaine, líder en su momento del partido político alemán La Izquierda dice que originalmente el concepto de “socialismo” no se entendía un determinado sistema de producción, sino el esfuerzo de canalizar los afanes individualistas o egoístas de las personas de tal manera que su suma fuera de utilidad para la comunidad. Si por lo menos lográramos esto, estaríamos impulsando el tránsito al Buen Vivir del que se escribe en este libro.
Concluyo, quiero agradecer y felicitar a los autores de este libro lo hayan realizado. Necesitamos más textos como estos, para tener buenos argumentos para el debate de las ideas y la crítica constructiva.

*Comentarios en la presentación del libro Nuestra América: complejidad y unidad dialéctica de la humanidad y la naturaleza en el Siglo XXI, en la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, el viernes 15 de julio de 2016.