EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Nuestros invisibles desplazados

Jesús Mendoza Zaragoza

Enero 02, 2018

“Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Los invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz”. Este es el planteamiento del Papa Francisco, expresado en su mensaje a propósito de la 51 Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia católica celebró ayer, como cada primer día del año. Después de señalar que actualmente se calculan más de 250 millones de migrantes alrededor del mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados, Francisco dice de ellos que “buscan un lugar donde vivir en paz”.
Si Donald Trump ve en los migrantes un peligro para su America first, Francisco los ve como una oportunidad para la paz a nivel global. Migrantes y refugiados han sido temas prioritarios de Francisco, tanto en su discurso como en sus iniciativas pastorales y en sus gestos públicos. Desde aquélla visita a la isla de Lampedusa el 7 de julio de 2013, un lugar emblemático ubicado entre Italia y Libia, que ha sido un punto de apoyo estratégico para las migraciones africanas hacia Europa, Francisco denunciaba incisivamente la globalización de la indiferencia, particularmente en relación con el sufrimiento de los migrantes y de los refugiados. Nadie se hace responsable de su suerte cuando deambulan penosamente por todas las latitudes de la Tierra, desarraigados por el hambre o por la guerra.
Este tema no es ajeno a nosotros, a nuestra región que expulsa a pueblos enteros y a familias y los expone a un calvario de sufrimientos. Muchos miles de paisanos nuestros, desde hace muchas décadas, han tenido que emigrar hacia el país del Norte, buscando oportunidades para mejorar las condiciones económicas de las familias y de muchas comunidades. Por otro lado, Acapulco, como principal polo de desarrollo en Guerrero ha recibido, en las últimas décadas, a muchos miles de guerrerenses atraídos por el boom del turismo. Y, en los últimos años, miles de familias han sufrido el desplazamiento forzado como efecto de la crisis de violencia y de inseguridad que padecemos. En algunos casos, se han dado desplazamientos de pueblos enteros en la región de la Sierra y, en otros casos, el desplazamiento constante de familias víctimas de la violencia o amenazadas por organizaciones criminales.
A mi juicio, el fenómeno del desplazamiento forzado no ha atraído la atención necesaria, ni del gobierno ni de la sociedad. Cada comunidad desplazada y cada familia amenazada, buscan refugio por su cuenta ya con familiares o amigos, valiéndose de sus propios medios. Y es de prever que los desplazamientos continúen y crezcan, dadas las condiciones que tenemos en Guerrero, donde la violencia se ha instalado y no se prevén acciones que la inhiban o disminuyan.
El mensaje de Francisco pretende dar un enfoque de construcción de paz al fenómeno de las migraciones en sus diversas formas, mediante consideraciones teológicas como la de la fraternidad universal basada en la condición de hijos de Dios de todos los pueblos de la Tierra, así como en el reconocimiento de las riquezas espirituales, morales y culturales que los migrantes portan a donde van y de otras tantas que se despiertan en las sociedades que los acogen. Este enfoque contiene grandes potencialidades para el desarrollo de la humanidad y constituye una oportunidad para la paz en el mundo.
Para afrontar la situación global de migrantes y refugiados, Francisco propone una estrategia que articule cuatro acciones fundamentales: acoger, proteger, promover e integrar. Se trata de una estrategia humanista y humanizadora de este proceso global de movilidad humana que se ha vuelto inevitable debido a las dinámicas propias de la globalización. Las acciones fundamentales de esta estrategia, constituyen el reverso de la estrategia promovida por Trump, que pretende frenar las migraciones al país del Norte mediante muros, expulsiones, penalizaciones, violación a los derechos humanos y discriminaciones. Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados, son acciones que corresponden a una actitud que valora las migraciones como un derecho y como un valor positivo que necesita ser reconocido.
En el caso de Guerrero, donde el desplazamiento forzado, como consecuencia del contexto de inseguridad y de violencia, ha tenido omentos críticos, se requiere reconocer su verdadera dimensión y su alcance real de ser tratarlo con un enfoque de derechos humanos. Hay que recordar que en julio del año 2014 se expidió la Ley 487 para prevenir y atender el desplazamiento interno en el estado de Guerrero, que parece letra muerta, pues los miles de desplazados que tenemos han tenido que valerse por sus propios medios. Nuestra indiferencia, la del gobierno y la de la sociedad, los sigue haciendo invisibles.
Convendría dar pasos con el esquema propuesto por Francisco: “acoger, proteger, promover e integrar”, como ruta específica para que el desplazamiento forzado pueda ser manejado con un enfoque de construcción de paz.