EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Oaxaca nos alcanza

Héctor Manuel Popoca Boone

Enero 06, 2007


En México, la existencia de profundas desigualdades en el desarrollo humano es uno de los lastres que venimos arrastrando desde hace buen tiempo. Esta desigualdad es más amplia en la dimensión de los ingresos por persona, que en la salud o en la educación.
El que los índices de salud y educación no sean tan bajos como el de ingresos per capita, ha sido gracias a la intervención del Estado y a los programas gubernamentales aplicados a lo largo del periodo posrevolucionario, pues una familia de escasos recursos monetarios, sin esos programas, no hubiera tenido posibilidades de invertir en educación, salud e incluso en la nutrición de sus hijos.
Gracias a esas políticas públicas se hace menos difícil que las nuevas generaciones puedan afrontar, de mejor forma, las viscisitudes económicas al llegar a la vida adulta. Por eso es una estupidez pretender reducirles el presupuesto público asignado.
En los informes sobre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2002 y 2004, por entidades federativas de la República Mexicana, elaborados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los tres estados más pobres son Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Los guerrerenses ocupamos el antepenúltimo lugar, los oaxaqueños el penúltimo y los chiapanecos el último lugar. Pero he aquí que Oaxaca nos está alcanzando. Veamos:
El IDH es realmente un índice de índices, compuesto por tres dimensiones ponderadas: el índice de salud, medido a través de la esperanza de vida; el de educación, medido por la tasa de alfabetización y la matrícula escolar; y el índice económico, medido por el Producto Interno Bruto per cápita.
En el nivel nacional, las mayores brechas de desigualdad en las tres dimensiones que integran el IDH son: para el índice de salud, 6.2% (entre el índice estatal mayor y el menor), 22.0% para el índice de educación y 52.6% para el de ingreso.
La mayor desigualdad radica en el ingreso, le sigue educación y en menor proporción salud. No existe, por tanto, una relación directa entre el índice de ingresos y demás indicadores de capacidades básicas.
En el 2002, la brecha de desigualdad entre Guerrero y Oaxaca en el índice general de desarrollo humano fue de 2.5 % a favor de Guerrero. Para el 2004, el diferencial se acortó, fue de 1.8 % En otras palabras, el IDH de Oaxaca creció proporcionalmente más que el de Guerrero en el periodo señalado.
La brecha en salud, en el 2002, fue de 1.7 % favorable a Guerrero; pero para 2004, Oaxaca la reduce, siendo ésta de 0.1 %. Prácticamente nada.
Por lo que respecta al índice de educación, tanto en 2002 como en 2004, Oaxaca estaba por arriba de Guerrero; siendo la brecha de 0.4% en el 2002 y de 0.2 % en el 2004. Acortamos la diferencia desfavorable; reduciéndola también a prácticamente nada.
Por último, la disimilitud en el ingreso per cápita fue favorable a Guerrero en el 2002 en 7.1 % y en el 2004 disminuyó a 6.8 %.
La conclusión es que Oaxaca va acortando la distancia con Guerrero en materia de desarrollo humano. Tanto en el índice de salud como en el de educación estamos parejos. Lo único que marca la diferencia significativa es tener un PIB per capita superior… hasta ahora.
De continuar las tendencias como van, en los próximos años el IDH de Oaxaca será igual o superior al de Guerrero y bajaremos en la tabla de posiciones colocándonos en el penúltimo lugar del sótano del país, por debajo de Oaxaca.
Cierto es que rivalizar por los últimos lugares es consuelo y satisfacción de zopencos, ya que ambos estados, junto con el de Chiapas, son de gran pobreza ancestral. Y quienes son pobres, presentan enormes desventajas para beneficiarse del crecimiento económico del país, lo cual da lugar a un círculo vicioso, ya demostrado, de más pobreza y desigualdad.
Por lo tanto, la pobreza de los habitantes de estas tres entidades no es tanto un problema de escasez de recursos, sino de desigualdad en el acceso a los mismos.
Aún cuando digan lo contrario los neoliberales, la pobreza nacional y la desigualdad imperante se han expandido en todo el territorio mexicano: la mitad de las familias, las menos favorecidas, viven con el 19.3% del ingreso nacional disponible. En tanto que la otra mitad, las más afortunadas, se queda con el 80.7%. ¡Y luego no quieren que haya estallidos sociales!

PD1. Artículo formulado a partir del análisis de los informes de desarrollo humano, México 2002 y 2004, del PNUD.
PD2. Mientras se siga tratando de enfrentar la pobreza con paliativos seguiremos engatusándonos, con esfuerzos institucionales de oropel, sin la menor trascendencia.
PD3. Si la opinión de la Codehum es una opinión más, entre otras, entonces para qué fregados existe y porqué se le subvenciona. Cuando nos conviene la reconocemos y alabamos. Cuando no, la repudiamos y disminuimos.

[email protected]