EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Obispos, partidos políticos y confianza ciudadana

Jesús Mendoza Zaragoza

Marzo 14, 2005

 

 

“Los mexicanos queremos partidos sólidos, capaces de responder a las demandas más sentidas de la sociedad. Estos son momentos para ganarse la confianza y el respeto de una sociedad que se siente agraviada, cuya paciencia se agota y que quiere ver a sus aspirantes a puestos de elección popular convencidos de que la política es el noble arte del servicio al bien de la comunidad social”. Con estas palabras los obispos católicos mexicanos han hecho un llamado a todos, y muy en particular a los partidos políticos para asumir con responsabilidad el momento político del país.

En un mensaje que el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano hizo público el pasado 2 de marzo, los obispos hacen referencia a “la gran trascendencia del momento que vivimos, pero también a los desafíos que enfrentamos como sociedad”. En el mensaje se trasluce un interés muy particular por el papel que están jugando los partidos políticos en este momento del país. Hay un reconocimiento tácito de la contribución específica que los partidos han hecho en el proceso de democratización del país, pero lo que más resalta es la preocupación por lo que está sucediendo en estos institutos políticos y sus repercusiones en la sociedad.

“Lamentablemente en estos momentos –dicen los obispos– las estadísticas y los sondeos de opinión en México demuestran que existe una crisis de credibilidad ante los partidos. La opinión pública los muestra envueltos en escándalos, enfrentamientos y descalificaciones mutuas y aun en profundas divisiones internas. Esta percepción puede convertirse en semilla de desilusión y de falta de interés en la vida política en general. Amplios sectores de la sociedad ven con recelo las luchas entre los diferentes partidos, mientras quedan desatendidas las demandas elementales, como el abatimiento de la pobreza extrema, el mejoramiento de los niveles de educación y salud, el fortalecimiento de la seguridad pública, el combate al narcotráfico, la promoción de la justicia, la ética en el ejercicio de la función pública, la transparencia y rendición de cuentas, etc.”.

¿Qué está pasando? Hay un sentir general de desencanto en la sociedad, relacionado con la situación crítica de los partidos políticos. El sistema de partidos ha quedado en eso: un sistema a la medida de los partidos, donde la sociedad civil se ha quedado al margen cuando se trata de procesar las grandes decisiones para el desarrollo del país. ¿Acaso no será posible otro modelo de organización política donde hubiera una regulación por parte de la sociedad civil de los partidos políticos? ¿Habrá que pensar en una reforma integral del Estado para que funcionen con un claro sentido social y no se conviertan en algo así como tumores cancerosos insertados en la vida pública?

Porque muchas cosas no están funcionando: la gente no es escuchada, las demandas populares no son atendidas, los partidos se desgastan en sus luchas internas y en descalificaciones estériles, no hay acuerdos –siendo que la política es el arte de los acuerdos–, la agenda nacional está hecha a espaldas de la misma nación, y cada día nos acercamos a situaciones de alto riesgo en los temas de pobreza, corrupción y seguridad, entre otros sin que se avizoren salidas viables. ¿Qué está pasando?

El llamado de los obispos tiene la intención de provocar una reflexión de todos los actores sociales y políticos en orden a un diálogo nacional eficaz y fecundo. Las reglas que existen no están funcionando y es necesario poner reglas nuevas para que haya un avance sustancial en el proceso de democratización que se está desarrollando. Y por lo que toca a los partidos políticos, los obispos señalan que “hoy más que nunca es indispensable que en los partidos se cultive un espíritu de servicio y que la fidelidad a los principios e ideales se traduzca en una contribución positiva al progreso y a la solución de los problemas económicos y sociales”. Sólo así podrá revertirse ese perverso juego que está produciendo desencanto y frustración en la sociedad y será posible reconstruir la confianza ciudadana. Esta es la gran tarea que todos tenemos, si queremos un avance democrático más real que formal: construir la ciudadanía, restaurando la tan lastimada confianza en las instituciones del Estado, en las leyes, en los partidos, en los poderes públicos. Todos tenemos que trabajar, cada quien donde le toca. Pero si los partidos no hacen su tarea, seguiremos en un círculo vicioso que no lleva a ninguna parte. Y tienen que entender que el referente que les da legitimidad y autoridad moral está fuera de ellos: en el pueblo, en las necesidades del país, en la sociedad que tiene que ser tomada en serio y no sólo en un pretexto para conseguir y mantener el poder. Los partidos políticos cumplen su tarea en cuanto que se comprometen en fortalecer el poder ciudadano, y un primer paso sería el contribuir para la recuperación de la confianza de la gente en la vida pública.