EL-SUR

Viernes 12 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Obituario a Álvaro Uribe

Adán Ramírez Serret

Marzo 04, 2022

 

Para Tedi López Mills.

El miércoles el mundo de las letras mexicanas recibió la triste noticia de la muerte del gran escritor Álvaro Uribe (Ciudad de México, 1953-2002). Un autor valiente, original y talentoso, que se mantuvo lejos de los reflectores y los temas de moda, limitándose a leer y a escribir, cosa rara en nuestro medio, por cierto. Fue un notable ensayista, cuidadoso lector de Borges.
Álvaro Uribe dejó una obra que pasa por el cuento, en Historia de historias se recopilan la mayoría. En la novela, con obras espléndidas como La lotería de San Jorge, El taller del tiempo y Autorretrato de familia con perro, que le mereció el Premio Xavier Villaurrutia. Obras en donde se descubre un autor plagado de sentido del humor, un efectivo narrador y sin duda el mejor estilista: el más virtuoso prosista de la literatura mexicana del Siglo XXI.
Antes de explicar la razón por la cual Álvaro Uribe es el mejor estilista de los últimos años y lo que esto quiera decir, debo decir que yo estoy doblemente triste porque Álvaro era mi amigo.
Lo conocí cuando yo vivía en Oaxaca en el 2006. Estaba dando un taller sobre novela y me acerqué a él, aunque me habían dicho que ya no había cupo en el curso. Sin embargo, a Álvaro le dio igual y asistí a las sesiones en donde descubrí a un escritor extraño que me apasionó: no le gustaba hablar mucho de sus libros, lo ponían de mal humor las analogías excéntricas de dibujar la trama de su novela o compararla con un animal. Se limitaba a explicar un método de trabajo en donde iba depurando a mano, hoja tras hoja, la escritura de sus libros. Otra cosa fascinante en él era y es, que le gustaba compartir lecturas, recuerdo que recomendó El otoño de la Edad Media de Johan Huizinga. Un libro que me fascinó cuando lo leí muchos años después.
Luego de una década, ya en la Ciudad de México, tuve la oportunidad de coincidir con él varias veces y me atrevo a decir que pude hacerme su amigo. No sólo hablando de libros sino también cantando canciones de Los Kinks. Álvaro contaba historias fascinantes de su vida diplomática en donde había convivido nada más y nada menos con Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, tan sólo por decir los primeros que me vienen a la mente.
Y los libros, claro, las novelas de Álvaro son fascinantes. Recuerdo el inicio de El taller del tiempo, el capítulo con el que abre, La primera vez, que comienza “–¿Le sirvo un poco de vino, joven?” y cuenta de manera divertida, sentida y nostálgica, aquella primera vez que bebió vino. En unas cuantas páginas supe que Álvaro era mi autor. Muchos escritores mexicanos me gustan, apasionan y admiro, pero la escritura de Álvaro es como si fuera una parte de mí. Lo admiraba tanto –lo admiro– que cuando platicaba con él, me daba pena decirle lo mucho que me gustaba su obra.
Años después leí Autorretrato de familia con perro, en la cual cuaja por completo y es único en la literatura mexicana, pues es un gran estilista, cada página está escrita con tal equilibrio que todas las palabras son las justas, suenan perfecto y el lenguaje fluye. Claro, ahí está Fernando del Paso, maravilloso, pero Álvaro tiene una voz que tiene búsquedas menos floridas, más francas. Su humor es incontrolable: hace una radiografía de la clase media mexicana sin tocarse el corazón, pero no es para nada Ibargüengoitia. Como ejemplo, cito unas páginas de su divertido libro Caracteres, en donde dice sobre el estilo, “Resulta difícil decidir cuál es peor: que a uno lo tachen de ser una pluma desaliñada, ampulosa, torpe; o que lo elogien por su fina prosa de estilista, pues suele suceder que cuando la crítica se demora en ponderar el estilo de un autor es para sugerir o de plano afirmar que éste no tiene nada que decir”.
Al compararlo con estos autores como Del Paso e Ibargüengoitia, Álvaro Uribe toma el lugar que le corresponde en la literatura, está al nivel de estos grandes, no es un derivado de ellos.
Álvaro, te vamos a extrañar mucho. Autores como tú, no se dan todos los días.
Álvaro Uribe, Autorretrato de familia con perro, Ciudad de México, Tusquets, 2014. 242 páginas.