EL-SUR

Jueves 20 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ochenta pesos con cuatro centavos

Saúl Escobar Toledo

Diciembre 07, 2016

Unas horas después de que se diera a conocer la renuncia de Agustín Carstens al Banco de México, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) dio a conocer un incremento del salario mínimo diario (SMD) de 73.04 a 80.04 pesos lo que representa un alza de 9.6%. La relación entre ambos acontecimientos no ha sido comentada pero es muy probable que haya existido. La renuncia se dio el 1º de diciembre, un día muy especial para el Presidente, pues cumplía cuatro años en el poder y la salida del Gobernador iba a estropear, necesariamente, cualquier celebración. Se dice que Carstens había recibido la noticia de su elección para dirigir el Banco de Pagos Internacionales a las 7 de la mañana y casi de inmediato habló por teléfono con Peña para comunicarle su decisión de renunciar a su cargo, y que él y su secretario de Hacienda la recibieron con sorpresa. Por su parte, los especuladores reaccionaron pronto: al inicio de la jornada el dólar estaba en 20.59 pesos pero a las 10 y media la cotización había llegado a 20.85, un incremento de 26 centavos en un lapso muy corto.
Mientras tanto, la Conasami apenas iba a empezar a sesionar por primera vez en el año para definir el aumento del salario mínimo. Su anuncio fue alrededor de las 11 de la mañana. Es probable que Carstens no haya renunciado por el futuro anuncio del alza del salario, pero es más probable y creíble que una vez conocido el abandono del gobernador de Banxico, las autoridades del país se hayan sentido menos presionadas para dictar un aumento que rompe con la dinámica de las últimas tres décadas. Tan sólo entre 2009 y 2016 el aumento del SMD había sido de 37.3%, es decir 4.66% anual promedio. Ahora se decidía un aumento del doble. Antes de este anuncio, también un tanto sorpresivo por la rapidez con que se tomó, varios analistas apostaban a que el aumento sería de apenas superior al 3.5%.
La Conasami, en efecto, advirtió que el aumento formalmente hablando era de sólo 3.9% pero que además de éste se otorgaría una cantidad adicional llamada “Monto Independiente de Recuperación (MIR), de 4 pesos diarios”. Este artilugio tiene una parte de razón pues si legalmente se hubiera anunciado el 9.6% ello hubiera repercutido en otros indicadores económicos ya que la desindexación del salario mínimo no se ha completado legalmente. Pero también busca evitar que la suma total del aumento se convierta en un referente para los precios generales y sobre todo para un alza generalizada de los salarios en el país.
Sin embargo, los 80.04 pesos diarios (2 mil 401.2 pesos mensuales) quedan todavía por debajo del precio de la canasta básica (alimentaria y no alimentaria) definida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que en octubre de este año calculó en 2 mil 717.81 para la urbana y mil 757.50 para la rural, por persona. Si tomamos en cuenta que la familia del trabajador está compuesta por al menos cuatro miembros, y aun suponiendo que alguien más en la casa aporte ingresos, el SMD debería ser lo doble como lo recomienda la OIT, para ser suficiente para que esa familia no caiga en la pobreza, es decir, el salario mínimo diario debería de ser de 181.18 pesos diarios para los trabajadores urbanos y de 117.17 para los trabajadores rurales. Muy lejos estamos de lo que marca la Constitución y los Tratados Internacionales. Todavía el salario decretado por la Conasami viola flagrantemente los derechos humanos de los trabajadores tal y como lo señaló la propia CNDH hace unos meses.
Pero desde luego, la decisión de la Conasami es correcta en la perspectiva de una recuperación gradual del salario mínimo. Es evidente que se requiere un plan de largo plazo, de varios años, para lograr un salario mínimo digno.
Es posible que el aumento se haya debido, en parte, a que un sector de los empresarios, representado por la Coparmex, propusiera un alza de 89.40 pesos, pensando quizás en una recuperación del mercado interno. También a la presión de otras voces, sobre todo de un conjunto de académicos y del jefe de Gobierno dela Ciudad de México, que habían insistido desde hace años en un plan de recuperación del SMD.
Pero la verdad es que hasta ahora no están muy claras las razones por las cuales la Conasami decidió romper con sus propios paradigmas. El boletín oficial señala que el aumento del MIR de 4 pesos no se pudo aplicar este año sino que tendrá vigencia a partir del 1º de enero de 2017 debido a “que se presentaron diversos acontecimientos económicos (referéndum en el Reino Unido en el que la mayoría de los británicos voto a favor de abandonar la Unión Europea, expectativas de regularización de la política monetaria en los Estados Unidos de Norteamérica, resultado de las elecciones de presidente en los Estados Unidos de Norteamérica)”. Pero es evidente que estos factores no van a desaparecer en las posadas y que, por el contrario, serán más adversas para el país desde los primeros días de 2017. Tampoco es congruente con los estudios en que ha basado sus decisiones la Comisión. Apenas en junio de este año la misma había publicado un documento del Banco de México según el cual se demostraba que un incremento del SMD por encima de la inflación tendría “efectos negativos sobre los precios y la economía en general”. Ello, se afirmaba, debido al llamado “efecto faro”, es decir a que el aumento al salario mínimo se utilice como base para elevar los salarios del resto de los trabajadores.
La tesis del Banco de México es cuestionable. Desde nuestro punto de vista y de acuerdo con otros estudios, durante los últimos veinte años del siglo pasado el SMD sirvió como índice para anclar o topar los salarios contractuales. Pero a principios del siglo XXI y hasta 2008, cuando estalló la crisis mundial, los salarios medios aumentaron mientras el mínimo se quedó congelado por razones políticas. Ahora que éste se ha elevado por encima de la inflación, difícilmente impactará a los salarios contractuales debido a la escasa capacidad de negociación de los trabajadores pues estos carecen, en su inmensa mayoría, de sindicatos representativos. También hay que recordar que el salario mínimo lo obtienen principalmente aquellos trabajadores ubicados en los sectores más desprotegidos de la economía: en los micronegocios y en las áreas rurales donde predomina el trabajo informal, ya sea por cuenta propia o al servicio de un patrón, que no cuentan con seguridad social. Se trata de un conjunto que suma 7.8 millones de trabajadores.
En cambio, se ha podido observar que en los últimos años ha aumentado el número de trabajadores que ganan hasta un salario mínimo, pues éstos representaban en 2013 el 13% y ahora son más del 15%. Además, la estructura salarial se ha seguido comprimiendo hacia abajo, hacia los salarios más bajos: hace tres años el 58.3% del total de las personas ocupadas ganaban hasta tres SMD, mientras que en el tercer trimestre de 2016 el porcentaje era ya de 62.3%. Ello demuestra que el mercado de trabajo en México está respondiendo sobre todo a un bajo crecimiento y a una destrucción de empleos en los puestos mejor calificados en las ramas económicas más modernas.
De esta manera, además de aumentar gradualmente el SMD, es necesario cambiar la estrategia económica y alentar el mercado interno y la inversión sobre todo en infraestructura para alentar la creación de empleos más productivos y con mejores salarios.
¿Muerto el perro se acabó la rabia? No necesariamente, la salida de Carstens no significa un cambio de política económica, ni siquiera en materia de empleo y salarios, pero por lo menos nos libramos de un personaje que en aras de la ortodoxia y la estabilidad se impuso como artículo de fe congelar los salarios mínimos.
Los tiempos que vienen serán sin duda muy turbulentos y difíciles para la economía mexicana. Con un gobierno tan débil y errático, no está aún clara la política que van a seguir para enfrentarla. Pero es muy poco probable que los trabajadores, sobre todo los más pobres, vayan a extrañar a Agustin Carstens.

Twitter: #saulescoba