EL-SUR

Sábado 01 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Opinión

Olga Tokarczuk: de empusas, tisis y otras magias

Adán Ramírez Serret

Julio 31, 2026

Olga Tokarczuk (Sulechów, Polonia, 1962) fue premio Nobel en 2018 aunque su galardón fue declarado en 2019. Esta postergación se debió a una serie de escándalos por filtraciones en la Academia Sueca. Lo cual es meramente anecdótico, pero lo traigo a cuento porque tengo la impresión de que no se valora en su justa medida el valor de esta autora polaca. Porque es una autora sencilla de leer y con una inmensa profundidad.
Es extraño decirlo, que debería ser más reconocida, pues tiene el galardón más importante en literatura, debería de ser una autora de la que se hablara más debido a su desbordante talento, tanto que cuando una la lee dan ganas de gritar al mundo que se debe de leer muchísimo más a Tokarczuk.
Con novelas como Un lugar llamado antaño, Los errantes o Los libros de Jacob, la Nobel polaca deja claro que es una de las mejores escritoras del mundo. Lo tiene todo: una capacidad inmensa de contar historias, más un estilo deslumbrante. Pero, además, tiene siempre un as bajo la manga: la capacidad de sorpresa. Pues, a diferencia de muchísimos autores maravillosos, es capaz de mudar de piel en cada novela; de contar historias diferentes entre sí, dominando diferentes estilos a lo Pablo Picasso en la pintura.
Tengo esta euforia y pienso esto debido a la lectura de su más reciente libro publicado en español Tierra de empusas. Un prodigio desde las primeras páginas, según lo dicho en la cuarta de forros, en donde la autora se plantea elaborar una respuesta, una recreación de la paradigmática Montaña mágica, de Thomas Mann.
Lo cual no es ni remotamente poca cosa, pues esa obra es uno de los mayores ejemplos de las novelas de ideas, en donde en un retiro en medio de las montañas, un grupo de enfermos de tuberculosis se concentra en conjeturas éticas sobre la forma de vivir la vida. Sobra decir que esta novela fue un parteaguas en la historia del arte y del pensamiento moderno occidental, por eso, el que Tokarczuk se plantee un diálogo con esta obra, es por demás ambicioso y por lo tanto apasionante.
Sin embargo, a la manera de las grandes obras en Tierra de empusas se propone un giro al planteamiento esperado, pues están todos los elementos como los baños, los hombres enfermos y el paradisiaco entorno; pero todo comienza por tomar un cariz acaso más real porque los personajes son más patéticos que heroicos; no habitan el mundo intangible de las ideas, sino que son más ordinarios que nada y sus charlas en lugar de ir hacia lugares inefables, hacia aquellos mundos de las ideas, terminan por caer en un entresijo de incoherencias casi siempre prejuiciosas y misóginas.
Sucede que, según avanza la novela, Tokarczuk va de una recreación de aquellos baños de finales del XIX e inicios del XX en donde tiene el talento de hacer una novela centro europea de aquellos días a ir develando, cada vez más, una serie de estigmas de aquellas épocas entre los que asoman las empusas. Una mitología que habla de unas mujeres que habitan aquellos bosques profundos y quienes piden un sacrificio humano al año.
Todo esto se lo cuenta Woijnicz, el personaje central desde donde se desarrolla el relato. Un joven tímido que va a ese hospital, a esos baños, porque piensa que es el único lugar en el que se puede curar.
Tierra de empusas despliega una serie de sorpresas, un desarrollo que va de manera virtuosa de una novela de inicios del siglo XX a ser una obra completamente actual, capaz de tocar las entrañas, las venas más prejuiciosas y desconocidas que aún nos habitan.

Olga Tokarczuk, Tierra de empu-sas, Barcelona, Anagrama, 2025. 340 páginas.