EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Ominoso pero oportuno mensaje

Humberto Musacchio

Octubre 31, 2019

En el mantenimiento del orden, el Ejército es –debe ser– la última línea de defensa. Lamentablemente, hoy nuestras fuerzas armadas se encuentran en el primer frente ante la delincuencia con resultados nada halagadores, pues el caso de Culiacán mostró las limitaciones de esa política y la ausencia de una adecuada estrategia de Estado frente al auge de la criminalidad.
Por supuesto, a nadie debe escapar que el aumento de la actividad delictiva en los últimos sexenios obedece a la falta de empleos estables y bien retribuidos. Por otra parte, México atraviesa por un cambio de régimen y en toda mudanza de esa magnitud muchas fuerzas quedan sin control y hay desajustes severos en las formas de mantener el orden, sobre todo en lo referente a los pactos no escritos entre autoridades y criminales, lo mismo que a los contubernios prohijados por la corrupción. En suma, estamos presenciando desplazamientos e inconformidades que provoca la nueva situación.
Una muestra de la actual desazón se manifestó el pasado 22 de octubre en un desayuno efectuado en la Secretaría de la Defensa Nacional, donde el general Carlos Gaytán Ochoa, en presencia de los altos mandos del ejército encabezados por el general secretario, Luis Cresencio Sandoval, pronunció un discurso que recoge en lo medular la edición de ayer de La Jornada, que extrañamente en esa página aparece con fecha 30 ¡de septiembre!
Lo dicho por el general Gaytán, ex subsecretario y ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, expresa –suponemos– el sentir de las fuerzas armadas, por lo menos de un sector de ellas. Su discurso debió ser conocido con antelación por sus superiores y el hecho de leerlo ante tan selecta concurrencia indica que lo dicho es compartido por quienes dirigen la institución.
Para el orador, la sociedad mexicana “está polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria”, se basa en corrientes “pretendidamente de izquierda” que acumularon durante años “gran resentimiento”. Por supuesto, cabe preguntar si esas corrientes son de izquierda o nada más “pretendidamente”. Si son de izquierda, han tenido muchas y sólidas razones para acumular resentimiento –en el sentido de pesar o enojo–, como lo sabe cualquiera que haya estudiado los movimientos sociales de los últimos sesenta años, muchos de ellos aplastados a sangre y fuego. Pero de ahí a culpar a la izquierda por la polarización hay una gran distancia.
El general Gaytán señaló que “el hoy titular del Ejecutivo ha sido empoderado legal y legítimamente”, pero, agregó, “es también una verdad inocultable que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad”. En buen romance, para decirlo con suavidad, raramente una medida política convence a todos, pero el orador se refería a él y a quienes piensan como él.
El también representante de México ante organismos militares interamericanos, dijo que se le había designado orador “para expresar algunas preocupaciones que, en virtud de la situación actual, sin duda, compartimos los aquí presentes”, situación que, añadió, “nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa… Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”.
En otra parte de su discurso minimizó el apoyo popular al jefe de la nación y la legitimidad de su gobierno, pues “hoy el país tiene un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos”. En realidad, esos 30 millones de mexicanos que votaron por López Obrador representan más del 50 por ciento del voto popular. Además, cabe recordar que las encuestas le dan al mandatario una aprobación de 70 por ciento.
Después de advertir –“cuidando mis palabras”– que ha tratado de mantenerse “dentro de la disciplina a la que estoy obligado”, dijo que el alto mando enfrenta “a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido”, reiteró su lealtad “para con el pueblo de México. ¡Sí, para con el pueblo de México!” (¿No con su jefe nato?).
Y casi para terminar, dejó dicho: “Más de uno quisiéramos soluciones mágicas, o peor, drásticas…”.