EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Otra economía es posible

Jesús Mendoza Zaragoza

Julio 13, 2020

De manera forzada, las autoridades tuvieron que abrir el acceso a actividades económicas no esenciales poniendo la señal del semáforo naranja. En tiempos de alto riesgo de contagios, se abrieron las playas, se abrieron hoteles y restaurantes y otras actividades con el fin de dar un respiro a la situación económica que se ha vuelto insoportable, tanto para los trabajadores como para los empresarios, aunque con situaciones diferentes. El clamor de muchos, sobre todo de los que viven en condiciones de inseguridad económica ha sido el que “la economía ya no aguanta”. Y es cierto, sobre todo para quienes perdieron sus empleos, o viven del comercio informal o para pequeños empresarios.
Ahora resulta que, en esta primera semana del semáforo naranja, se han multiplicado los contagios y el número de fallecidos por el coronavirus se mantiene alto. Y las autoridades están haciendo maromas para regular las actividades económicas, con gran dificultad. Y es que, por un lado, mucha gente no entendió cabalmente que la pandemia sigue en un alto riesgo de contagios y que tiene que mantener las mismas medidas de prevención que en el tiempo del semáforo rojo. Y, por otro lado, las actividades económicas implican condiciones de riesgo que no son fácilmente resueltas.
El tema de fondo, en este contexto, es la manera de conciliar las condiciones económicas tan precarias de las mayorías y del mismo sistema económico con la necesidad de garantizar una respuesta adecuada a la pandemia para proteger la salud de todos. Lo que estamos presenciando es que no es posible esta conciliación. Y no es posible porque hay una maldita contradicción entre el modelo económico vigente y la necesidad de proteger la salud. Este modelo, que se esfuerza en el crecimiento económico, pero se abstiene de la distribución de la riqueza, no nos deja condiciones para quedarse en casa, para contar con seguridad social universal, para tener aseguradas las necesidades básicas como vivienda, salud, empleo y educación, entre otras. En fin, este sistema ha dejado a la mayoría en situación de precariedad, que no hacen posible la necesaria protección de la salud.
Esta contradicción es la que ha obligado a la toma de decisiones que han generado inconvenientes hasta en el Primer Mundo. La visión neoliberal de la economía incluye el individualismo, la mercantilización y el consumismo, como actitudes económicas que derivan en la desigualdad social, en el daño al medio ambiente y en afectaciones graves a la salud. ¿No es una contradicción el hecho de que la misma economía que ha propiciado violencia, corrupción, impunidad e injusticia pueda ser parte de la solución a la grave emergencia que tenemos por el coronavirus?
Es necesario caer en la cuenta de que vivir permanentemente dentro de esta contradicción, no permite una salida viable ni justa. La salud será siempre uno de los bienes secuestrados por el modelo económico que nos han impuesto. O una de dos: o nos resignamos a vivir en estas condiciones de una salud precaria y siempre amenazada, o damos los pasos para ir saliendo hacia adelante creando condiciones para otra economía posible. Esa economía posible tiene que ser construida desde abajo y desde arriba. Lo decisivo, me parece es su construcción desde abajo, desde lo local, desde las familias y comunidades, desde las necesidades regionales.
No podemos cruzarnos de brazos hasta que este modelo económico agotado nos lo permita. Hay que ir empeñando esfuerzos para construir la economía desde abajo, desde iniciativas de economía social, solidaria, circular y sostenible. De hecho, ya hay experiencias locales y regionales que apuntan hacia otra visión de la economía que nos coloque en condiciones de cuidar y proteger la vida y la salud. Estas iniciativas implican un fuerte empeño educativo para desmontar las bases ideológicas y culturales de la economía neoliberal, tales como el individualismo, el consumismo y el mercantilismo, entre otros, y para poner otros cimientos a la organización económica, tales como la solidaridad, el bien común, el cuidado del medio ambiente y el destino universal de los bienes.
Por otra parte, el gobierno federal y todos los demás gobiernos estatales y municipales debieran repensar sus políticas públicas para que estén orientadas a promover y proteger la economía popular y a fortalecer iniciativas, que después de todo, deriven en el beneficio de la salud de los pueblos. Si la economía neoliberal lo ha enfermado todo –medio ambiente, sociedad, gobiernos, relaciones–, el reto está en una economía que ayude a sanar todo.
No se vale vivir de lamentos y hay que poner manos a la obra. Otra economía es posible, como condición para proteger la salud de todos.