EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Otro gallo nos cantaría

Héctor Manuel Popoca Boone

Febrero 23, 2019

 

En Guerrero, la refundación de nuestros comportamientos éticos como gobernantes, servidores públicos, profesionistas o técnicos que de una u otra manera hemos estado al servicio de la población, es verdaderamente urgente. Dichas buenas conductas públicas las hemos perdido de muchos años atrás, en términos generales. Hay que reconocer que la administración pública nacional de más de tres décadas de antaño, deja mucho que desear y solo ha atorado el progreso de nuestro estado y de México como país. No avanzamos, pero sí depredamos. Hemos sido más extractivos y destructivos, que inclusivos y creativos.
Los funcionarios públicos distan en mucho hacer sólo aquello que las normas estipulan expresamente. Muchas veces actúan desacatando y violentando las leyes y reglamentos que tienen bajo su responsabilidad y que, además, deben hacer que se observen de acuerdo a las facultades que su encomienda gubernamental les otorga y que por lógica han de observarse en el ejercicio de sus funciones, facultades y atribuciones.
A sí mismos obligados están a otorgar el mismo trato a la ciudadanía en general, sin conceder privilegio alguno o preferencia a determinas organizaciones o personas. Habrá de prevalecer ser inmune a influencias, intereses y perjuicios indebidos, que lleguen a alterar o afectar su compromiso para la toma de decisiones o ejercer sus funciones de manera objetiva e imparcial; dando un trato digno y cordial a las personas subordinadas o ciudadanos comunes y sencillos, considerando en todo momento sus derechos humanos que permitan propiciar el dialogo cortés y respetuoso.
En la administración pública debe de haber toda una cultura de servicio y éste debe de estar orientado al logro de resultados positivos, edificadores y eficaces para la sociedad en general, pero preferentemente para los más desposeídos, los pobres de siempre. El gobernante o directivo debe desempeñarse permanentemente como un ente emblemático en sus funciones a fin de alcanzar las metas y propósitos encomendados, de acuerdo a sus responsabilidades, mediante un manejo probo y claro de los recursos públicos y abstenerse de cualquier ostentación o aplicación indebida de los mismos.
De lo anterior deviene una conducta pública recta en donde el gobernante o servidor público no utilice su cargo o empleo para obtener algún beneficio en particular o ventaja personal ni a favor de terceros, así como tampoco ser déspota, autista intencionado o interesado en aceptar compensaciones, contraprestaciones u obsequios onerosos de cualquier persona u organización que comprometa sus funciones. Al contrario, el ejercicio de cualquier responsabilidad pública implica austeridad y un alto sentido de compromiso social.
Esta conducta ética poseerá además valores transversales, como lo son: la equidad de género, entendida como aquella que todo servidor público, en el ámbito de sus competencias y atribuciones debe garantizar para que tanto mujeres como hombres accedan con las mismas condiciones, posibilidades y oportunidades a los cargos, los bienes y servicios públicos; así también a las instituciones. Lo mismo trátese de igualdad y no discriminación que no es sino otorgar el servicio público a todas las personas sin distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en nacionalidad u origen étnico, lengua, color de la piel, apariencia, cultura, religión, sexo, edad, discapacidad, salud, embarazo, pobreza, preferencias sexuales, filiación política u opiniones personales, estado civil, etc.
Por último, pero no menos importante, el gobernante y el servidor público le debe respeto, defensa y preservación al medio ambiente y a la cultura misma en todas sus manifestaciones en cualquier parte del mundo y en cualquier naturaleza por ser la principal herencia a las generaciones futuras.
En la medida que nos aproximemos a la observancia de estos valores y conductas, tengo la absoluta seguridad que estaremos saliendo más pronto que tarde del inframundo institucional en que estamos inmersos, para dar paso a otros estadios superiores de nuestro país y por ende de estas tierras del sur en donde la codicia, la deshonestidad y lo inhumano sean tan solo un triste recuerdo de nuestros altibajos históricos.