EL-SUR

Viernes 12 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Otro libro mediano vendido como “éxito mundial”

Federico Vite

Mayo 11, 2021

La inquietud de la noche es la primera novela de Marieke Lucas Rijneveld, con la que obtuvo un premio de gran impacto comercial. Me refiero al Premio Booker Internacional, en 2020. El jurado –recordemos que en la lista de finalistas estaban la veracruzana Fernanda Melchor, con Temporada de huracanes y la argentina Gabriela Cabezón con Las aventuras de la China Iron– fue seducido por La inquietud de la noche. Este libro ha tenido poca atención en la industria editorial en castellano e inglés. El autor, en cambio, tiene mucha prensa encima. Hace más ruido que el libro premiado.
Marieke Lucas se considera un andrógino y eso lo pregonan los reporteros culturales de muchísimos medios y los reseñistas. Aparte de eso, realmente baladí para lo literario, se suma a otro tipo de exabruptos. Por ejemplo, recientemente tuvo que renunciar a la traducción de los poemas de Amanda Gorman porque era demasiado blanco para hacer la traslación de los textos de la joven poeta negra que leyó su obra en la investidura del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Marieke Lucas dio cuenta de su renuncia a ese proyecto en un poema (¡también es poeta!) con muy poca elocuencia; pero no demos bola a estos jueguitos entre famosos. Al Continente Literario le importa eso, la celebridad y lo vano; a la literatura, otros preceptos.
Para tener una mejor idea de lo que vieron los jueces (Ted Hodgkinson, Jennifer Croft, Valeria Luiselli, Jeet Thayil y Lucie Campos), leí este libro en la traducción que Michele Hutchison hizo del alemán al inglés: The discomfort of the evening (Farber & Farber, Londres, 2020, 282 páginas). Grosso modo, la novela aborda el aprendizaje vital de Jas, quien despierta al sexo y a la muerte al mismo tiempo. Vive en una aldea, un mundo rural regido por métodos calvinistas. Describe inicialmente la sensación de ungüento de ubre en la piel, un método de protección en contra de los duros inviernos; recrea la textura de las verrugas verdes, como alcaparras, en los sapos migratorios; el sonido de ‘palabras de rubor’ que no se encuentran en la Biblia. Jas habita un mundo amable que se desmorona cuando su hermano Matthies muere ahogado. El duelo aplasta a cada uno de los integrantes de la familia y los deforma. Jas cuenta el desmoronamiento de una familia sin melodrama. Eso se agradece profundamente. Pero hay muchos clichés en el relato: la violencia paterna, la sumisión materna, la indiferencia de los hijos, la rigidez calvinista, el abuso físico, psicológico y animal. El llamado del sexo, el ejercicio de la mutilación corporal y, por supuesto, la atracción por la muerte.
La novela ocurre en el año 2000, en una aldea de Países Bajos. El narrador posee una mirada femenina, aunque el autor se empeñe en enfatizar que se trata de una personalidad andrógina. A pesar de ese “enfoque andrógino”, la novela simple y sencillamente tiene esa cuota de feminidad  que permea toda la obra.
Jas explora la vida; a veces como un simple devaneo hormonal: “Le pido a Dios que se lleve a mi hermano Matthies en vez de mi conejo. ¡Amén!”. La vida transcurre entre labores rurales: ir a la escuela, cuidar a las vacas, obedecer a papá y a mamá. Todo cambia cuando Matthies se ahoga en lago helado. A partir de esa tragedia empieza el declive familiar y con ello, el motor de novela de aprendizaje se pone en marcha. No es un libro superior a Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil. No. Para efectos prácticos, The discomfort of the evening posee una historia sencilla con un dominio técnico aceptable. No posee destellos de oficio ni las densidades temáticas de una gran novela. Largos pasajes son francamente aburridos. Se habla de cómo ordeñar, cómo conviven los jóvenes en la aldea, cómo es la relación entre padre y madre, de cómo es la vida de una adolescente en el campo. El autor es bueno creando suspenso, solvente con los diálogos y construye con acierto la voz narrativa en primera persona. En la vida real, Marieke Lucas trabaja en una granja, cuida vacas y ve en el ambiente rural una ominosa realidad. Así lo ha confesado en muchas entrevistas. Parece que no hubo mucho esfuerzo en crear la historia sino en describir la realidad de Marieke Lucas; tal vez por eso no hay saltos en la línea del tiempo ni se buscó un punto de vista más atractivo que el de una adolescente que se siente sola y padece la muerte de un hermano. Los resultados son predecibles.
The discomfort of the evening no me convence, pero son otros tiempos en los que la literatura exige menos, compite (sí, compite por lectores) con las series, las películas, Youtube, Facebook, Twitter, Instagram, etcétera. Para un lector, la ópera prima de Marieke Lucas es una de esas novelas que engrosará las ingentes filas del olvido. Está muy bien el dinero que recibe el autor, la fama y la proyección de “su carrera”. Desgraciadamente, no puede hablarse de literatura sino de un recetario literario. Ganó el Booker, sí, muy bien, ¿y la literatura? Ahh. Eso es lo peligroso de leer, porque uno ya no se traga las frituritas que infla crujientemente la publicidad a niveles escandalosos. Para ilustrar mis palabras cito algunos de los cintillos publicitarios de esta novela: “Excepcional”, acentúa el Financial Times; “Impresionante”, la aclama The Economist; “Bella, tierna y muy convincente”, opina The Times.
Hay tantas situaciones resueltas con efectismo en el libro de Marieke Lucas que resulta de mal gusto enumerarlas. Por ejemplo, la insinuación de incesto, la violencia verbal y física, el abuso animal e infantil, además, claro está, del tópico de los tópicos en el canon de la bildungsroman: el suicidio. Es una primera novela que no muestra gran cosa. Me parece sosa y ultra efectista. ¿Qué vio el jurado en esta historia? No lo sé. De verdad. No lo sé. Pero enumero también algunas virtudes de La inquietud de la noche: cronología lineal bien resuelta, diálogos de gran calidad, buena creación del suspenso y conocimiento del mundo rural. Es un libro que sin duda alguna debe tener algo en su idioma original, algo, por supuesto, que se pierde al traducirse al inglés o al español. Recordemos una vez más que para aspirar al Booker International debes estar traducido al inglés.
Pienso en otros autores que han recibido el mismo premio y temo aceptar que el mérito literario de Marieke Lucas parece desproporcionado (inflado) cuando enlisto a los ganadores anteriores: Ismail Kadaré, Olga Tokarczuk, Lydia Davis, Chinua Achebe, Philip Roth. Et alii.
Seguramente el jurado percibió en Temporada de huracanes un proyecto demasiado experimental para recibir el premio. Tal vez hasta se asustó con el trabajo de sintaxis y de gramática que puso en práctica Melchor para eslabonar oraciones largas, edificadas literalmente como barda, palabra por palabra, aunque no todas tengan la eufonía requerida para la orquestación de una historia en la que se nota el ímpetu por rasgar el corsé de la narrativa tradicional. El manejo del tiempo de esta empresa narrativa que le ha dado tanto a Melchor es acertado; de ninguna manera novedoso, pero sí acertado. Contrapongo Temporada de huracanes con The discomfort of the evening y simplemente brota una pregunta: ¿Qué premió el jurado? No lo sé. Pero es lo que hay. A veces parece que los monstruos de la novela nos han enseñado algo que ahora está prohibido: intensidad en el desarrollo del tema y ejemplar dominio técnico; sin florituras ni efectismo, sin amarillistas consignas de justicia ni panfletos estultos y azuzantes. Todo eso perfectamente condimentado con malicia.