EL-SUR

Martes 16 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Padres

Arturo Martínez Núñez

Junio 21, 2022

El padre y la madre son las figuras centrales del núcleo familiar. En el modelo patriarcal tradicional, a los padres les corresponde el rol de ser los proveedores mientras que a las madres se les asigna el papel de amas de casa. El padre, marcaban los estereotipos, tiene que ser el que trabaja y lleva el sustento a la casa mientras que la madre, debe dedicarse única y exclusivamente a atender a sus hijos y a su marido. Hoy los estereotipos están en proceso de demolición y el patriarcado está cayendo para dar paso a una nueva forma de organización social en donde hombres y mujeres en igualdad y en equidad trabajan y son responsables de las tareas del hogar de forma equitativa. Muchos hogares son encabezados por madres solteras y también los hay con padres solteros.
Sin embargo, lo que no ha cambiado es el rol que juega la figura paterna en la formación de las niñas y los niños. Incluso en los hogares monoparentales el espacio del padre es ocupado, en ausencia de este, por un personaje que desempeña el papel del padre, sea con el ejemplo o sea por que se convierte en el referente de vida de los niños.
No podemos aspirar a transformar la sociedad sin figuras paternas y maternas sólidas; hago énfasis en que no existe un solo modelo, que cada una de las familias se organiza se desarrolla y se transforma de acuerdo a las circunstancias, así, hay familias con dos papás o dos mamás o con abuelos que juegan el rol de padre o madre entre otros muchos modelos, todos válidos y únicos.
En la actividad política, hay algunos que Idealizan que es correcto abandonarlo todo en pos de una causa superior, que es bueno entregarse en cuerpo y alma a la causa de todos, aunque por ello se abandone la causa de uno; que hay que agarrar la causa aunque se suelte la casa. Yo pienso que esta visión está equivocada. Uno no puede aspirar a ser un buen servidor público si tiene la casa tirada o abandonada. No se puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa. Aquí no vale eso de que en casa del herrero azadón de palo. Porque, ¿qué clase de político puede tratar de dar ejemplo de rectitud cuando en lo personal se actúa con deshonestidad? ¿Cómo se pretende hacer el bien en el colectivo cuando ni siquiera se puede mantener en armonía un hogar? ¿Cómo se pretende gobernar fuera cuando se es incapaz de gobernarse a sí mismo?
Por eso es importante conocer la vida privada de las personas que aspiran a gobernarnos: no para meternos en sus asuntos íntimos sino para estar seguros de que como se es adentro, se es afuera.
El revolucionario de póster, ese que abandona y pone en riesgo a su familia, es héroe de todos menos de los de su casa. Es mucho más difícil mantener y conducir a una familia que volcarse de cuerpo entero en una causa colectiva. Me van a perdonar los infantiloides y soñadores pero es más fácil ganar una discusión en cualquier asamblea que generar acuerdos con amor y armonía en un hogar.
La mejor escuela de administración y políticas públicas es la casa. En un hogar se hace política y se construyen acuerdos las veinticuatro horas del día. En un hogar no se pretende avasallar al adversario sino construir consensos en donde todas las partes sacrifiquen algo en beneficio de los demás.
Tengo la enorme fortuna de haber tenido y tener un padre que me formó con mucho amor. Quizás le faltó mano dura para corregir mis defectos de carácter pero de eso trato de encargarme yo cada día. Mi padre me llenó de libros y de máquinas de escribir; de imprentas de computadoras y de conversaciones interminables. Nunca me dejó con alguna duda cualquiera que fuese el tema planteado. Siempre dialogó conmigo y una buena parte de mi vida de adulto fuimos socios y compañeros de trabajo. De él aprendí la disciplina y el rigor a la hora de trabajar. Cuando había una entrega próxima o un plazo fatal se terminaban los fines de semana y trabajamos hasta que ya los ojos no daban más. Mi padre es mi ejemplo y mi referencia pero es mi deseo tratar de ser mejor que él y que mis hijos sean mejores que yo. Esto significa un importante trabajo de autocrítica que no choca con el amor sino al contrario, se critica y se corrige lo que a uno le importa.
No es mas hombre o mas mujer el que construye afuera sino el que construyendo adentro se permite construir afuera. No tiene nada de heroico ni de romántico abandonar a la familia por una causa “superior”. La causa superior es la familia. No puede aspirar a gobernar bien alguien que no puede gobernar a su familia ni gobernarse a sí mismo.
A los padres que forman hombres feministas. A los padres putativos. A los papi abues. A los papás luchones. A los padres que anteponen la inmediatez de lo público en favor de la profundidad de lo íntimo, mi abrazo y admiración sinceras.