EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Paisajes bioculturales

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 06, 2017

Dentro de las categorías reconocidas de áreas naturales protegidas se encuentran los denominados paisajes protegidos terrestres o marinos, que son espacios o territorios de gran relevancia local, nacional e incluso internacional, cuyos componentes naturales o creados por el hombre reúnen características funcionales o estéticas, que se caracterizan por representar una unidad homogénea, dándose una interacción armónica entre los seres humanos y dicho territorio. En ellos se mantienen los usos tradicionales de la tierra, que generan un estilo de vida y actividades económicas de identidad propia. Principalmente, con la declaratoria de un paisaje protegido se busca como objetivo de su manejo, proteger su belleza escénica y de espacios abiertos; proveer recreación y servicios turísticos, estimular el uso racional y sostenido de los recursos naturales en áreas marginales y propiciar el desarrollo rural, así como proteger sitios y objetos del patrimonio cultural, histórico y arqueológico. Es decir, la protección de la naturaleza y su biodiversidad, se ubica como una segunda prioridad de su manejo, en contraste con otras categorías de áreas naturales protegidas, que tiene a esta como primera prioridad, como son los parques nacionales, monumentos naturales o reservas de la biosfera.
En Europa, existe por ejemplo una gran tradición de paisajes protegidos en Alemania, España, Italia o Francia. A pesar de que México tiene todavía un sinnúmero de territorios que necesitan ser protegidos en su paisaje, poco se hace al respecto. Cabe aclara, que no se está describiendo esos paisajes sin huella de los seres humanos, tipo naturaleza salvaje. Sino paisajes que de alguna forma en su origen y evolución han sido influenciados por la actividad humana. Por ello, recuerdo de inmediato los cuadros del paisaje del Valle de México con sus volcanes, los recorridos en tren a través del bello campo lleno de mosaicos de colores del agave, maíz y el nopal del altiplano mexicano, el paisaje de los cafetales de la vieja carreta Xalapa a Coatepec o los paisajes agaveros de la región del tequila en Jalisco. Por eso, es preocupante reflexionar que muchos de esos paisajes se han ido para siempre y han sido sustituido por otros cada vez menos naturales y más urbanos. Ahora, sólo nos quedan esos cuadros o esas fotografías antiguas. En el mejor de los casos paisajes naturales o seminaturales, cada vez más fragmentados con pérdida del patrimonio natural y cultural. Esto da una idea de una rápida erosión de nuestro paisaje ligado a antiguas tradiciones y culturas locales en unas cuantas décadas. Peor aún, ni siquiera tenemos una idea clara de cuánto se ha perdido. No tenemos un inventario sistemático de los paisajes de México. Mucho menos de su origen y evolución, así como los diversos grados de riesgo en que se encuentran.
Dado que la diversidad de los paisajes, además del ambiente, los definen las actividades humanas que en él se desarrollan, se dice que existe una diversidad biocultural en ellos. Es decir, se trata de la suma del patrimonio natural que se expresa de manera primordial en la biodiversidad y el patrimonio cultural. México es de especial manera rico en dicha diversidad biocultural. Las comunidades campesinas e indígenas del país han logrado mantener a lo largo del tiempo la salud de sus ecosistemas y por tanto de sus paisajes a través de sus prácticas culturales de manejo de éstos. Esa relación positiva que el Dr. Eckart Boege a denominado conservación de facto.
Uno de los temas, es las distintas propuestas que están en marcha para que se establezca la categoría de paisaje protegido o biocultural en la legislación en México. El primer paso es que exista dicho concepto en la legislación respecto a las diversas categorías de áreas naturales protegidas. Un documento clave es el documento titulado: Los paisajes bioculturales. Un instrumento para el desarrollo rural y la conservación del patrimonio natural y cultural (2015, Bezaury Creel, J., et al.). En él, se hace una propuesta bastante detallada para desarrollar dicha nueva categoría de paisaje biocultural. Se señala que su declaratoria debe ser voluntaria, y que de manera fundamental participen los gobiernos de los municipios o del municipio del paisaje biocultural a proteger. Estos, junto con los principales actores sociales involucrados en la gestión de dicho paisaje se constituyen en un grupo promotor de dicho paisaje biocultural a proteger. Su primera tarea es trabajar en un programa de gestión territorial, a través del cual se exprese los objetivos, estrategias, metas acciones e instrumentos de desarrollo socioeconómico y de protección del territorio en que se encuentra el paisaje biocultural. De manera fundamental el programa se expresará en lograr el ordenamiento ecológico del territorio bajo gestión. Este programa debe tener por lo menos un horizonte de 15 años a trabajar. El programa deberá ser validado y evaluado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) por medio de su organismo desconcentrado la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). La Comisión deberá emitir una certificación por 15 años del paisaje biocultural como área natural protegida. Asimismo, el paisaje biocultural tendría un distintivo colectivo como marca de identidad. El documento establece para el buen funcionamiento del paisaje biocultural como área natural protegida toda una estructura de gobierno para su manejo. Aquí es donde debe tenerse especial cuidado, ya que el manejo genera impacto presupuestal. Es decir, dicho impacto por manejo debe verse como una buena inversión pública para transitar hacia el desarrollo sustentable en estos territorios. Para ello, deben existir necesariamente el mandato de los presupuestos concurrentes entre las instituciones de gobierno que atienden dicho territorio. También, deben existir mandatos expresos para que la Semarnat, por medio de la Conanp, atienda con recursos humanos y presupuestales esta nueva categoría de área natural protegida. La Conanp debe aplicar su experiencia de inversión en los programas de conservación para el desarrollo en estos paisajes bioculturales protegidos. Finalmente, se considera que en especial debe existir un mandato para que se tenga en el programa de áreas naturales protegidas del gobierno federal a los paisajes bioculturales bajo prioridades de valor y riesgo. Estos paisajes bioculturales a proteger, que deben llegar a ser certificados en los próximos años y orientar el trabajo de promoción de manera sistemática hacia estos territorios.