EL-SUR

Lunes 06 de Julio de 2020

Guerrero, México

Opinión

Pandemia y 4T cambiaron a México

Abelardo Martín M.

Junio 30, 2020

 

Mucho más allá de ideologías, pasiones y/o percepciones México cumple dos años de la elección más importante de la historia postrevolucionaria, de la que surgió Andrés Manuel López Obrador, presidente de México con todas las de la ley, que encabeza además el movimiento social y político llamado “la 4T”.
El recuento de cambios vividos en este cortísimo lapso es abrumador, en especial si se considera que la descomposición del sistema de gobierno establecido especialmente en los últimos 40 años produjo desigualdad, marginación e injusticia para la gran mayoría de los mexicanos
Dos años se cumplirán el día de mañana del triunfo que llevó al poder al presidente López Obrador y arrancó el profundo cambio político, económico y social al que se ha dado el nombre de Cuarta Transformación.
El hartazgo popular fue tan generalizado que mucho antes de la jornada electoral el triunfo del movimiento y sus aliados estaba claro, pero la contundencia de la votación resultó mayor a la pronosticada, y le aseguró al nuevo gobierno una fortaleza y una legitimidad que le permitió arrancar sin titubeos con reformas legales de fondo, y con nuevos esquemas y programas de gobierno.
Hay un propósito muy claro de poner al gobierno al servicio de la gente, y desmontar pesadas estructuras burocráticas que consumen los escasos recursos, luego del saqueo de la nación por décadas, y de hacer al pueblo pobre protagonista de su destino.
De manera central, la decisión de erradicar la corrupción ha sido básica para mantener el apoyo y la confianza de los ciudadanos, aunque al afectarse intereses que por décadas habían medrado al amparo y en complicidad con el poder, ha sido fuente de ataques cada vez más agresivos contra la estrategia de transformación.
Las resistencias y embestidas han polarizado el ambiente político, pero no han podido impedir que el régimen avance en sus propósitos de construir una sociedad de bienestar, combatir la injusticia y la desigualdad.
Más allá de la voluntad del gobierno federal en turno, los ciudadanos no permitirán que esta transformación se revierta, y que se vuelva a regímenes de derroche, corrupción e impunidad. No a los privilegios a costa de la marginación de la mayoría, metas y tareas que se han refrendado día con día desde el primero de julio de 2018.
Con todo, no pueden soslayarse las dificultades que el proyecto de cambio implica. Ya había muchas, notables, luego del primer año de gobierno. La pandemia desatada en el mundo al comienzo de 2020, ha multiplicado los riesgos y hecho crecer las distorsiones.
Todos los países han visto saturarse su capacidad de atención sanitaria, y en muchos se ha vivido una verdadera tragedia social.
México también ha vivido el embate viral, pero se puso en práctica una estrategia basada en la responsabilidad y la participación social, y no en la prohibición o el control policiaco.
Por supuesto esa vía no es homogénea y ha acusado diversas fallas, pero en lo esencial se ha logrado que la mayor parte de la población permanezca en sus casas y que el sistema de salud no se vea rebasado y desarticulado. Pasada la pandemia, será mucho lo que habrá que reconstruir y recuperar, también será posible retomar el proceso de transformación política y social, pacificar el país y lograr la tranquilidad en la vida del país.
Por lo pronto, primero hay que salir del bache epidémico en la República y aunque en otros lugares del país hay avance, en Guerrero la epidemia del Covid-19 no cede aún su intensidad, mientras crecen la presión económica y social lo que empuja a las autoridades a intentar el retorno a las actividades cotidianas.
Acapulco continúa como el foco local del contagio en la entidad, casos hay ya prácticamente en todos los municipios con unas cuantas excepciones, pero en el puerto se contabilizan más de tres mil de los cinco mil acumulados en el estado, en tanto los fallecimientos se acercan al medio millar en esa ciudad, mucho más de la mitad de los suscitados a nivel estatal.
La Secretaría de Salud estatal ha optado por realizar pruebas virales a la población abierta en distintos puntos de Acapulco, con muy poco interés por la ciudadanía, aunque se hubiera esperado alta demanda. En contraste, la policía ha intervenido para deshacer grupos de personas que pretenden ignorar los riesgos y llevar a cabo bodas y otras fiestas, incluso celebrar ritos religiosos, o simplemente reunirse a departir…. y ¡festejar!
En este escenario Guerrero sigue en semáforo rojo, pese a ello el plan anunciado para los días siguientes es una cautelosa reapertura de las playas, lo que conlleva a la reactivación de la ocupación hotelera y de los servicios turísticos.
Este retorno ya ha comenzado, por lo que en la Zona Dorada de Acapulco se reportan ahora modestos niveles de ocupación en hoteles, de cerca del tres por ciento, al igual que en Ixtapa, donde se rentan casi el cuatro por ciento de los cuartos disponibles.
Si hay orden y disciplina, es posible que en el verano se alcance una cierta reactivación en el turismo, y que las familias que dependen de ello recuperen al menos una parte de sus ingresos. El riesgo latente es propiciar un rebrote de los contagios e irremediablemente se empalmarán los tiempos, pues en menos de un año habrá elecciones; en el país se renovará la Cámara de Diputados y en Guerrero se elegirá al nuevo gobernador o gobernadora, al Congreso local y a los ayuntamientos, efervescencia electoral incontenible.
Será la oportunidad para, nuevamente, con la participación ciudadana, fortalecer y profundizar la transformación y en Guerrero acelerarla y sincronizarla con la del resto del país.
Dos años son poco tiempo en el calendario, pero mucho en el cambio, en lo que aún hay por hacer para lograr que México sea una nación justa, pujante y próspera en la que sus habitantes abandonen la marginación, la pobreza, el aislamiento, no sólo el del Covid19, sino el histórico de las grandes mayorías de mexicanos.