EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Pandemia y pandemónium

Humberto Musacchio

Abril 02, 2020

La pandemia de coronavirus ha llevado a plantear varias preguntas y hacer críticas válidas, en la medida en que muchos mexicanos compartimos ciertas dudas o simplemente no coincidimos con las omisiones, los hechos y los dichos de la autoridad. Lamentablemente, ante esos señalamientos no hay respuestas aclaratorias, sino meros denuestos, como ese de tachar como “conservadores y neoliberales” a quienes no están de acuerdo en todo y por todo con lo que hacen y dejan de hacer las autoridades.
Resulta plausible que los gobiernos de entidades federativas como Baja California, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Querétaro, Sonora o Yucatán hayan dispuesto medidas drásticas. Se trata de evitar o al menos reducir el contagio y por eso mismo ordenaron el cierre de centros de reunión públicos y privados –incluidas las iglesias de todos los cultos–, cierre de límites estatales o municipales y severas restricciones a la circulación de personas así como cese de las actividades productivas no indispensables en los días de confinamiento necesario, en tanto que Zacatecas prohibió las ceremonias luctuosas (velaciones, sepelios y misas de cuerpo presente) de personas que hayan fallecido por el Covid-19.
En cambio, en el gobierno federal y en las autoridades capitalinas lo que hemos visto y oído es no conceder la debida importancia a la pandemia. Durante semanas se prefirió dejar hacer y dejar pasar y apenas el martes de esta semana se adoptaron medidas más severas, aunque siempre con la cantaleta de que no se suspenderán las garantías individuales ni se implantaría el estado de sitio.
La tardanza en adoptar medidas drásticas para evitar los movimientos no indispensables de las personas, el descuido en las salas de llegada de los aeropuertos y estaciones de autobuses, la pachorra para preparar un amplio plan hospitalario y otras omisiones no eran en modo alguno tranquilizantes.
La pandemia obliga a suspender la mayoría de las actividades productivas y a no permitir el libre tránsito de personas, salvo quienes están dedicados a la venta de medicinas y alimentos o trabajen en servicios sanitarios o de vigilancia y seguridad. Por fortuna el gobierno despertó y ya se dictaron las medidas pertinentes.
La información sobre lo procedente en caso de contagio fue inexistente o muy escasa, al extremo de que todavía hoy la inmensa mayoría de la gente no sabe a dónde ir en caso de manifestarse el padecimiento. Daba la impresión de que las autoridades no querían contradecir la idea de que la raza de bronce es inmune a todo mal o cree, como Miguel Barbosa, el “gobernador” de Puebla, que la mejor vacuna contra el virus es “un plato de mole de guajolote”.
Para casi todos está claro que las giras presidenciales son un peligro para las personas que asisten a los mítines, recepciones y otros actos donde el mayormente expuesto es Andrés Manuel López Obrador, quien considera que los que le piden suspender sus giras es porque quieren crear vacíos de poder o de plano derrocarlo. Hasta ahora no es factible que eso suceda, pues el mayor riesgo de que nos quedemos sin mandatario reside en su misma actitud.
Y a riesgo de ofender la omnisapiencia, alguien debería aclarar por qué fue el canciller Marcelo Ebrard quien declaró la emergencia sanitaria que recomendó el Consejo de Salubridad General, algo que le correspondía al secretario de Salud o, si se le quiere ver por el lado político, la tarea debió ser de doña Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación y responsable del orden interno.
Otro punto que merece explicación es la advertencia del INAI, que con criterio de leguleyo declaró que no se deben divulgar los nombres de personas contagiadas. A nadie escapa que hacerlo sería poner en riesgo la integridad del enfermo y de su familia, pues nunca faltan idiotas que llaman a la discriminación e incluso al linchamiento en casos como el presente, pero en ciertas situaciones el público debe saber quién esta infectado para tomar providencias.
Por último, nuestros expertos deben decirnos por qué la pandemia ataca sobre todo a países ricos: China, Estados Unidos y varias naciones europeas. Extraño, ¿no?