EL-SUR

Martes 30 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Panteón de San Francisco

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 07, 2024

Aquí es de los hombres su última jornada y de la vida su última morada.

Al establecer el primer panteón oficial de Acapulco, los monjes franciscanos lo hicieron apegados a las condiciones sociales del momento. Es decir, en un mismo espacio establecieron dos áreas divididas por una pequeña barda. La derecha, bautizada como San Francisco, reservada para “la gente decente” y la izquierda, llamada San Esteban, para las etnias residentes. Esta última será abolida con los primeros movimientos sociales en el puerto.
Sobre el origen del predio, la orden religiosa solo dijo que se trató de una donación ordenada por el virrey en turno, rechazando la versión popular sobre la ocupación ilegal del mismo. Esta sostenía que había pertenecido a un caballero español de nombre Gonzalo de la Cerda y Valdivia, poseedor de un título de marqués de Acapulco, seguramente comprado. Total, que el tal marqués abandona un día el puerto dejando abandonados todos sus bienes. Solo él sabía la sífilis galopante que agobiaba y en cuya cura viajaba a Manila. Ya no volvió.
Arraigada en Acapulco, la orden de San Francisco construirá aquí su propio convento con iglesia y claustro dedicados a N. S. de La Guía, patrona de Manila, Filipinas. Lo asentará en un promontorio conocido como El Teconchi. Un enorme edificio con estilo del momento a base de pilares y corredores. Y en su patio interior un pozo de agua para dotar a las naos de Manila. Allí se preparaba a los religiosos dedicados a propagar la palabra de Dios en los pueblos de la Ruta de Asia, no pocos de ellos sacrificados cruelmente. Mismo edificio que siglos más tarde será habilitado como Palacio Municipal y solo relevado hasta con la sede de gobierno bautizada como El Redondel

Crónicas

La primera cruz clavada en el cementerio de San Francisco, rehabilitado en el Siglo 19, fue la del sepulcro de la niña de siete meses Paula Roberta Quiroz Abarca, inhumada el 1 de febrero de 1860. Dos meses más tarde, la madre tierra acogerá a doña Gertrudis Lerma, víctima de la malaria, y a la que las crónicas modernas ubican como la primera mujer adulta inhumada en San Francisco. Los padres de la niña Paula Roberta regresarán meses más tarde, esta vez para sepultar a su otra hija, Natalie Crispina, de tres años. La pareja no escatimará recursos para dar a sus dos angelitos un bello sepulcro, cuya lápida será de mármol de Carrrara, encargada a la casa italiana de Carlo Bonfigli.

La boda

La parroquia de La Soledad, mismo lugar, se engalana aquél domingo para la celebración de una boda singular. La novia, hermosa dama de Petatlán, el novio un capitán del ejército federal, vestido de gala para la ocasión. El la espera acompañado por el párroco. Ella penetra al templo y con paso corto camina hacia el altar; una niña arroja pétalos de rosas a su paso. La dama alcanza apenas la mitad de su recorrido cuando se desploma sin vida (cólera morbus). El llanto de la feligresía hará las veces del coro de la misa. La inhumación será al día siguiente en San Francisco y será el novio quien escriba el epitafio

Llegaba al altar, feliz esposa,allí la hirió la muerte, aquí reposa.
Sus habitantes

El camposanto de San Francisco operará de 1860 a 1947, casi un siglo, dando cobijo a un número importante de porteños, por nacimiento o por adopción, que juntos fraguarán el destino de Acapulco. Algunos: Pablo G. Bermúdez, Aarón Simón Funes, Carlos Adame –padre del homónimo primer Cronista de la Ciudad–, Guadalupe Sutter, Antonio Pintos Sierra (alcalde de Acapulco hasta en seis ocasiones); Bolo Von Glumer (padre de Berta, la excelente educadora acapulqueña); Isauro Polanco ( notable violinista y director de orquesta); profesor Felipe Valle (ex gobernador de Colima y gran educador porteño); Vicente Paco Diego, Rodolfo Neri Lacunza (ex gobernador de Guerrero), Emilio Casis, Ramiro de la O Téllez y Tomás Diego.

Dios sabe cuánta falta nos haces. ¡Cuídalo, Dios!

Don Domingo Balboa Berreatúa, autor de la represa que dio nombre al barrio de La Poza; General Miguel Serrano; Jonh Sutter, cónsul estadounidense, tronco de la familia Sutter (sus restos fueron trasladados en 1964 a Sacramento, California, para recibir los honores como fundador cien años atrás de esa ciudad. Los acompañó el doctor Ricardo Morlet Sutter, entonces alcalde del puerto).

La muerte es el despertar del sueño de la vida

Doctor Roberto S. Posada (se le honrará por su entrega a los pobres dando su nombre a la calle de su consultorio). Doña Benita Rumbo, casada aquí con el príncipe heredero del reino de Portugal, Miguel de Braganza, perseguido por sus propios hermanos y que sólo salvará la vida montando en un barco con destino a este puerto. Aquí usará el nombre críptico de Juan H. Luz, (Luz por el nombre de la logia masónica a la que pertenecía), creando así el apellido “H. Luz”, adoptado por muchas familias acapulqueñas que hoy llevan con orgullo.

Fuiste en la tierra nuestro guía y ejemplo. Ahora te adelantas para seguir siéndolo en el camino hacia la eternidad

El asesinato del líder obrero Juan R. Escudero y sus hermanos Francisco y Felipe es orquestado y bien pagado por las casas españolas, dueñas entonces de Acapulco. Se salva el hermano menor, Fulgencio, quien estudia en Estados Unidos. Cuando regrese residirá en la casa paterna significándose por su humanismo y espíritu solidario. Muere en 1957 y la autoridad municipal respeta su última voluntad de ser sepultado con sus hermanos. Para entonces, las cenizas de Juan Ranulfo habrán sido llevadas a la Rotonda de las Personas Ilustres de Tlacopanocha. Don Fulle, como se le conocía, se llevará el secreto , conocido por todo Acapulco, sobre un “entierro” de 700 centenarios,
El californiano Emilio M, Link , fundador en 1858 de la centenaria farmacia Acapulco. Rodolfo Neri Lacunza, ex gobernador de Guerrero. Ludwig, Hermilo y Lourdes Walton, bisabuelo, abuelo y hermana del ex alcalde Luis Walton, qepd. Coronel Valeriano Vidales , autor del “Plan de El Veladero, contra la explotación hispana.

Aquí yace la tía Margarita, quien vivió y murió señorita

Ya fuera de servicio, el cementerio de San Francisco será abierto en 1957 sólo para dar cristiana sepultura a la lideresa acapulqueña María de O y cumplir con su último deseo de reposar junto con su esposo, Antonio Rodríguez Castañón. Veinte años más tarde sus despojos sean trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres, en Tlacopanocha.

Del cielo viniste para alegrar nuestra existencia. Al cielo volviste para alegrar a Dios

El mausoleo más grande y elegante de este cementerio fue levantado en 1903 por la familia Uruñuela, ricos empresarios de origen hispanos. En él reposan don Constantino Uruñuela, doña Luz Elliot de Uruñuela, doña Agustina Elliot de Uruñuela y don Nicolás Uruñuela. Este último acalde de Acapulco en 1910 y más tarde diputado local.

Déjame inclinar la frente herida en este blanco mármol y llorarte y soñar otro mundo y otra vida en donde pueda verte, hija querida

Una columna fue dedicada en su momento a la memoria de las personas fallecidas en el incendio del Teatro Flores de Acapulco, el 14 de febrero de 1909.
Cuando el panteón de San Francisco sea finalmente absorbido por la mancha urbana –casas con ventanales abiertas al osario– surgirán versiones sobre La Llorona. Pero no la clásica emperifollada con ricos ropajes , sino cubierta apenas con un short y una breve playera. Esta tampoco llorará como la clásica. Por el contrario, tarareando canciones de moda, intentará seducir a los caballeros a cruzar el umbral del cementerio, como si se tratara de un cabaret.