EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Para cultivar la esperanza: acompañar, interpretar y escribir Jesús Mendoza Zaragoza

Jesús Mendoza Zaragoza

Mayo 07, 2018

Con mi reconocimiento para El Sur, a todo su equipo que ha puesto su grano de arena en la construcción de los procesos sociales y políticos de Guerrero en la ruta de la democracia y de los derechos humanos.

Tuve la oportunidad de escribir desde el primer número de este diario –aunque por un tiempo se vio forzado a asumirse como semanario– que amablemente me abrió las puertas para expresar mi modesta opinión en sus páginas. Tengo que reconocer que no soy escritor sino un simple aficionado a hilvanar mis ideas y a plasmarlas en un texto.
Fue muy grato para mí encontrar en el proyecto de El Sur un espacio plural que me recibiera de manera incondicional para manifestar con absoluta libertad mi opinión. En mi condición de sacerdote católico, mi opinión tiene matices propios que se alimentan del pensamiento cristiano y, por lo mismo, se diferencia de otras matrices de pensamiento más dominantes. En su momento, no hubo reticencia alguna para aceptar mi colaboración y, tengo que decirlo, nunca he sido censurado ni siquiera en una coma.
He sido testigo de la historia de El Sur a lo largo de estos 25 años. De sus inicios con un grupo de periodistas guerrerenses, tocando puertas de ciudadanos y de organizaciones de ciudadanos para construir el proyecto de un periodismo independiente del poder y metido en las entrañas de este Guerrero plagado de rezagos y de injusticias. Me he dado cuenta de la hostilidad de los gobiernos en turno, acostumbrados a controlar a los medios con dinero, y mucho dinero. Y he sido testigo de acosos legales y de penurias financieras. Pero el diario ha salido adelante y se ha hecho presente en la conciencia de muchos guerrerenses.
Por mi parte, reconozco que he salido beneficiado en esta historia. He tenido una oportunidad valiosa para escribir, como una forma de ejercitar mi ministerio sacerdotal, al margen de cualquier proselitismo religioso, porque he podido transmitir lo que en mi camino con la gente he visto y oído y, también, lo que yo creo. Escribir se ha vuelto parte de mi ministerio en el que he asumido una tarea fundamental: acompañar a la gente, a los pueblos, a los pobres, a las víctimas de la violencia y de la pobreza, a los que no son escuchados, a muchos desesperados y dolidos por los golpes del sistema político y del modelo económico que nos agobian. Y al escribir, pienso siempre en las tragedias tan dolorosas de los desprotegidos y abandonados.
Mi tarea fundamental en las últimas tres décadas ha sido acompañar, escuchar, observar y poner atención a los gestos y a las palabras de la gente. Y estar con ella. Ofrezco mi compañía, si en algo puede consolar, fortalecer y alentar esperanzas. Me involucro en la vida de personas dolidas, de familias derrumbadas, de pueblos desesperanzados. Camino con la gente y busco descubrir en este camino señales de esperanza que merezcan ser tomados en consideración para acompañar mejor.
El dolor de la gente y las esperanzas de los pueblos me llevan a pensar. A interpretar palabras y gestos, silencios y llantos, que expresan y ocultan a la vez, significados que necesitan ser interpretados. Me urgen a formular preguntas y a buscar respuestas. El lenguaje de los pobres y de los sufrientes es tan interpelante que obliga a buscar respuestas. Hay que entender este lenguaje para poderle responder. Y no es fácil. Hay que ejercitar la inteligencia, el corazón, la imaginación, las fibras de los sentimientos y de las emociones, la cercanía y la empatía. Hay que ejercitar, en fin, la esperanza para poder responder sin defraudar.
Y desde ese mundo de los pobres, doy una mirada al contexto de la región y del país para hacer una lectura de los acontecimientos que les afectan. Desde ese mundo tan necesitado de esperanza y de solidaridad, he buscado interpretar lo que pasa en el mundo de la política, de los movimientos sociales y de los procesos económicos. ¿Qué tanto ayudan o qué tanto afectan a los pueblos? Es algo así, como una lectura desde abajo, desde el interés por la justicia, por la solidaridad, por la paz. Porque, entiendo que una justicia que no llega hasta los pobres no es justicia.
El Sur me ha dado la oportunidad de escribir y publicar inquietudes, sueños, tragedias, fracasos y perspectivas. Mi pensamiento lo he ido construyendo partiendo más de experiencias que de teorías. Dos fuentes lo alimentan: el mundo de los pobres y mi fe cristiana. Ambas se mezclan y de ahí fluyen esperanzas. Siempre me aseguro de dejar en quienes lean mis garabatos una actitud de esperanza, por más deprimente o dolorosa que sea la realidad. Me gusta contribuir sembrando esperanzas. O recuperar las esperanzas que los poderosos de la economía y de la política se han robado de las casas de los empobrecidos. Un pueblo con esperanzas firmes, tiene fortaleza para vivir y para luchar por su dignidad. La esperanza es un recuso espiritual de primera necesidad, la esperanza dignifica. Por eso me gusta escribir.