EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Para la memoria de los comunistas

Silvestre Pacheco León

Junio 19, 2023

Gran iniciativa de los compañeros Liduvina Gallardo, Tomás Bustamante y Rafael Trejo quienes en Guerrero se han echado a cuestas la tarea de promover la memoria colectiva de los comunistas y psumistas que recrearon la realidad social siguiendo la excitativa marxista de pasar de la contemplación a la acción.
Será interesante conocer tantas experiencias de militantes que actuaron en los diversos campos de la sociedad desde el siglo pasado, de los cuales, muchos han pasado a la historia como héroes anónimos y ahora podrán ser conocidos y reconocidos.
Desde el mes de mayo que surgió esta iniciativa que se difunde a través del artilugio del chat que funciona con la internet como un conversatorio en tiempo real, administrado por sus promotores, son ya varias decenas de nombres y comentarios que se pueden leer donde no faltan las diatribas entre compañeros con injurias y acusaciones que aun siendo parte de la realidad, quizá puedan alejarnos de los objetivos que se persiguen.
Hasta hoy las experiencias contadas tienen relación mayoritariamente con los hechos que se desarrollaron en el seno de la UAG donde se formó la mayoría de los militantes comunistas y cuya situación actual de entronización de los poderes fácticos que dominan Guerrero, ha desplazado de plano los valores democráticos que muchos considerábamos enraizados en la comunidad para impedir cualquier resquicio que pudiera servir a la derecha para hacerse dueña de ese bastión, con los métodos más repudiables del clientelismo y el uso patrimonialista del presupuesto, confirmando la importancia que tiene la educación permanente para hacer perdurable los valores democráticos del socialismo.
Por fortuna están apareciendo también los nombres de quienes impulsaron los derechos indígenas como el legendario profesor Othón Salazar desde la Montaña Roja acompañado del esforzado papel de los maestros de la CETEG, así como de aquellas mujeres que fueron pioneras en el reconocimiento de sus derechos como Rosa Isela Ojeda, las hermanas Méndez Bahena y desde luego la compañera Liduvina Gallardo.
Yo no fui militante comunista y mi cercanía como estudiante universitario fue con las formaciones políticas de otras corrientes de la izquierda en la ciudad de México, pero en el Auditorio Nacional conocí al profesor Othón Salazar que se me hacía el prototipo del comunista, en la versión más destacada que se le reconoce, como orador magnífico, que nos hizo poner de pie para aplaudir atronadoramente su discurso en el que, paradójicamente, hablaba de la importancia del partido para hacer la revolución cuando oficialmente desaparecía el PCM en el que había militado toda su vida.
Por ser un hombre agradecido Othón no dejaba de reconocer lo que significó el apoyo de su partido para dedicarse a la lucha social y permitirle conocer a la primera potencia mundial que representaba la fuerza de la utopía como guía en el quehacer de los comunistas.
Me contaba Othón que lo más sorprendente en su viaje fue conocer el dispositivo inventado por los soviéticos para irrigar sus campos de cultivo, semejante a un cañón que en vez de balas disparaba chorros de agua alcanzando grandes latitudes, quizá pensaba el profesor que inventos como ese requería la Montaña, su región, para irrigar las parcelas sembradas del maíz y el frijol tan descriados que con el milagro del agua podían producir en abundancia el alimento para acabar con el hambre de los indígenas.
Después tuve oportunidad de convivir con él y ser su anfitrión en sus recorridos por la Costa Grande donde sus visitas eran siempre esperadas para encabezar los mítines que, primero por curiosidad y después por convencimiento, acercaba a los costeños a la fila de la izquierda buscando conocer y saludar a ese hombre chaparrito que con la humildad de un cura era capaz de mover las conciencias más cerradas con un discurso en el que podía lo mismo enardecer de coraje contra los caciques explotadores y saqueadores de la riqueza común, que llevar hasta las lágrimas a cualquier persona que escuchaba las historias de la pequeña niña de ojos grandes nacida allá en la Montaña, enferma y condenada por la pobreza ancestral, que carente de todo seguramente así moriría, sin nadie que en su entorno conociera y reclamara sus derechos.
Ese era Othón quien lo mismo se emocionaba admirando los cerros cubiertos con las blancas flores de los bocotes en octubre, que con las flores de tulipanes relucientes como soles que doña María Luisa le presumía en el pueblo del Cabritero.
Siendo el artífice de los discursos más encendidos de la izquierda el profesor de la Montaña contaba su deslumbramiento por la oratoria de Vicente Lombardo Toledano que se contaba entre los más prestigiados intelectuales de izquierda en la década de los años sesenta del siglo pasado.
Yo como activo promotor de la unidad de la izquierda fui el último secretario general del PSUM en Guerrero que, como el PMS, tuvo una vida efímera por los momentos decisivos de los vertiginosos cambios políticos que vivimos los mexicanos a finales del siglo pasado.
Mi activismo lo desarrollé en la Costa Grande como miembro del Partido Mexicano de los Trabajadores desde 1979 siendo parte del PMT como miembros del comité delegacional de Coyoacán que terminó instalando sus oficinas en la colonia Copilco, junto a Ciudad Universitaria.
Dentro del PMT formé parte de la corriente campesinista que tenía núcleos organizados en la sierra tecpaneca en Guerrero, en la sierra del Tigre en Zacatecas, los Altos de Chiapas y en los valles del Yaqui y del Mayo en Sonora.
Llegué a Guerrero con los finados Darío Jesús de la Cruz de Nativitas y Pedro García de Ometepec.
Cuando se formó el PSUM vinieron también la compañera Alina Ruiz Moguel y Socorro Sánchez Sandoval. Con este equipo realizamos un trabajo campesino regional y promovimos la unidad de la izquierda buscando a los activistas que formaban parte del Movimiento Revolucionario del Magisterio dirigido entre otros por Iván García Solís y la Coordinadora Nacional del Magisterio del sacrificado profesor Misael Núñez Acosta.
Recuerdo que fue Tomás Bustamante el primer comunista guerrerense que conocí en la carretera de Zihuatanejo con la Unión. Yo venía de dar clases en el grupo periférico de la Prepa 13 cuando no había paga para los profesores. Me lo presentó el finado Luis Carbajal López de los activistas del magisterio que vivía en la colonia Emiliano Zapata de Zihuatanejo.
A partir de entonces me aboqué a contactar en toda la costa a los principales dirigentes comunistas a quienes distribuía Así es, el periódico heredero de El Machete que recogía en Chilpancingo, cuya vida fue de 1981 a 1987.
Nos tocó coordinar la campaña electoral del compañero Arnoldo Martínez Verdugo cuyo autobús bautizado como El Machete causaba gran impresión entre los costeños.
Desde el Rancho del Cura en Coyuca donde vivía un militante proveniente del PFCRN cuyo nombre se me pierde en la memoria, compañero de Patricio y de Pilar. Saludaba a la vieja guardia en Atoyac con don Juan Reynada y al profesor Otilio Laurel en El Ciruelar, a La Choca, El Jocoque y Rabadán el San Jerónimo y a Víctor Buenrostro y Rafael Ramírez en la cabecera municipal de Petatlán.
En Zihuatanejo donde instalamos nuestras oficinas regionales formamos la Coordinadora de Colonias Populares con el grupo que encabezaba el albañil Abad Villanueva Maceda, el comité para la Defensa de los Derechos Indígenas con Bernardo Benjamín y su esposa Marina Sánchez, promovimos el sindicalismo con la asesoría del abogado Homero Jaramillo que fue nuestro candidato a presidente municipal con las siglas de la UPG cuando del doctor Sandoval abanderó la candidatura a gobernador en 1984.