EL-SUR

Sábado 13 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Para la reactivación de la economía

Silvestre Pacheco León

Septiembre 14, 2020

Ante la incertidumbre sobre el futuro que vendrá después de la pandemia son importantes las medidas tomadas por el gobierno federal para fortalecer los ingresos de quienes se encuentran en la base de la pirámide social para resistir y fortalecer el mercado interno, asegurando el acceso a los bienes de consumo básico para la población más vulnerable al tiempo que se propicia la recuperación de los empleos.
Ante el prolongado confinamiento obligando a parar la economía, la población que trabaja en la informalidad porque carece de un empleo fijo e ingresos seguros, se encuentra en una situación mayor de crisis que la obliga a salir de su casa a pesar del riesgo de infectarse (un indicador de esa urgencia son las nuevas voces que escuchamos en las calles de gente que vende y ofrece algo nuevo buscando compradores), por eso la urgencia de pensar en alternativas para construir la nueva realidad en la que el Estado de bienestar sea una realidad para todas y todos.
Si queremos ver en la crisis una oportunidad que nos saque de la anormalidad que antes vivíamos, de crecida desigualdad social y pobreza para la mayoría, creo que es el momento de volver los ojos al campo donde puede estar la clave para comenzar a construir ese Estado de bienestar al que aspiramos.
Claro que no es el mejor momento para promover iniciativas que distraen al gobierno de las campañas electorales en puerta, pero digamos que en el campo de las prioridades ahora lo más importante es garantizar la sobrevivencia.
Me refiero al contingente de 341 mil campesinos que se han vuelto productivos con el apoyo del gobierno federal más allá de la tradicional agricultura de autoconsumo gracias a la dotación de 155 mil toneladas de fertilizante para cultivar 520 mil hectáreas de milpa que, además del maíz, el frijol y el arroz, produce quelites, calabazas, camotes, huitlacoches y ejotes, bienes alimenticios de gran contenido nutricional cuya producción se extiende por dos meses a partir de septiembre, con excedentes que se pueden comercializar como apoyo mutuo entre los productores rurales y los consumidores urbanos que así tendrían opción a los alimentos de consumo básico, frescos, naturales y nutritivos aunque ahora no tengan la calidad de orgánicos pero que pueden competir ventajosamente con las trasnacionales frituras empaquetadas.
Estoy pensando en la conveniencia de articular la economía campesina que ocupa al cinco por ciento de la PEA, una actividad económica que temporalmente hace uso intensivo de la mano de obra de más de 340 mil familias.
Se trata de que estos productores recientemente incorporados al aprovechamiento productivo de 520 mil hectáreas para producir alimentos encuentren con facilidad los canales de comercialización para llegar hasta los consumidores urbanos que requieren para su salud y bienestar esos productos a precios accesibles.
Esa puede ser la clave para promover la ampliación del mercado interno disputando a las empresas trasnacionales los beneficios que obtienen por el control de los alimentos chatarra que engordan y enferman a las futuras generaciones y cuyas ganancias las remiten casi de manera inmediata a sus sedes en otras naciones.
Con este mecanismo estaríamos en la posibilidad de beneficiarnos del círculo virtuoso donde todos ganan, de manera que los campesinos que han elevado en 30 por ciento su volumen de producción de maíz que se tradujo en un millón 300 mil toneladas el año pasado según la información de El Economista, tendrían una demanda asegurada de sus productos y los consumidores la ventaja de contar con los productos frescos a precios accesibles.
El planteamiento no es ocioso y tampoco una novedad porque esta propuesta ya se realiza en varias partes del estado, aunque le falta generalizarse para tener gran impacto, como es propio de una política de abasto oficial.
Con esta estrategia se podría aprovechar la enorme masa de recursos que llegan como remesas de nuestros migrantes fortaleciendo la economía local que, como se sabe, la mayor parte se destina a bienes de consumo necesario.
La campaña contra la obesidad y por una alimentación nutritiva que ya ha iniciado el gobierno federal puede tomar impulso en los municipios reconocidos por el Inegi como los principales receptores de las remesas en casi todas las regiones del estado, teniendo a los productores rurales como aliados en Acapulco, Tlapa, Ciudad Altamirano, Ometepec, Arcelia, Teloloapan y Huitzuco.
Con un sistema organizado de tianguis campesinos en lugares estratégicos para complementar los mercados tradicionales que ahora existen, se podría incluso promover esta nueva cultura alimenticia que privilegia los productos frescos y naturales frente a los alimentos con alto contenido de azúcar y de grasa.
Con los tianguis campesinos estaríamos en los hechos haciendo lo que ya en 1906 los militantes del Partido Liberal Mexicano proponían como política para apoyar la vulnerable economía popular que desde entonces ya se expresaba en desempleo, y ahora se practica en los más diversos puntos del país donde la concurrencia también se beneficia con el viejo mecanismo de intercambio o trueque entre productores y consumidores.
La información más actual del Inegi sobre la salud del sector turístico con el cual se puede vincular la propuesta, nos indica que en el primer semestre del presente año los ingresos del sector se redujeron en poco más del 52 por ciento y su recuperación no se dará de un día para otro vista la situación que viven los países de donde proceden principalmente los visitantes.
Si esta experiencia de tianguis la sumamos con la oferta de la gran producción artesanal que hay en el estado, hasta las hospederías del Triángulo del Sol podrían beneficiarse de ellas como un atractivo más para ofrecer al turismo con lo cual podrían alcanzar un reposicionamiento en el país y en el mundo, recuperando pronto los 50 mil empleos de los que el gobernador ha mencionado como pérdida por la paralización del sector.
La agricultura campesina que en 2016 ocupaba alrededor del 5 por ciento de la PEA en el estado puede ahora ser la que remolque al turismo “maduro” del Triángulo del Sol cuyo modelo elitista que requiere de alta inversión de capital para su reactivación ahora se encuentra estancado.
Total que la salvación de las conglomeraciones urbanas del estado puede venir de las regiones donde ahora crecen los cultivos que ya tienen un excedente considerable de productos que, si aún no son orgánicos como lo recomiendan los ambientalistas y veganos, pueden paliar el hambre de las ciudades.

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