EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

¿Para qué está sirviendo la política?

Jesús Mendoza Zaragoza

Abril 03, 2017

Más de 10 años lleva la llamada “guerra contra el narcotráfico” desatada por el ex-presidente Felipe Calderón y continuada fielmente por el actual gobierno federal. Los resultados están la vista: la situación de violencia se ha complicado y las cronologías de muertos y desaparecidos se han mantenido en ascenso. La estrategia original de Calderón de privilegiar la represión contra las organizaciones criminales en la que los principales actores han sido las fuerzas armadas y las policías, no ha tenido los resultados anunciados. Si cuando los militares salieron a las calles había alrededor de una decena de organizaciones criminales de alto impacto, hoy se han pulverizado y están al mando mil cabezas de sanguinarios jefecillos, de bandas de las más variadas condiciones.
Esta estrategia ha sido un fracaso, y desde un principio. Se construyó sin un diagnóstico gubernamental certero e integral. Es cierto que había que reprimir a los delincuentes, pero el caso es que la violencia se explicó sólo como un problema policiaco. Y, con el tiempo, cada vez se ve más claro que también es un problema social, económico, político y, aún, cultural. Había que emprender también una estrategia económica, otra política y otra social. Y no se hizo nada. Y nada relevante se hace ahora en este sentido. Hay una inercia sin fin en el gobierno y un aletargamiento social. El sentimiento general en Guerrero es que estamos empantanados, y que no hay forma de salir de esta vorágine de inseguridad y de violencia.
Las revelaciones que el obispo Salvador Rangel Mendoza ha hecho la semana pasada, han sido un baño de agua fría, sobre todo para la clase política. Por un lado, ha dicho cosas que todos sabemos, amparadas en cientos de historias que se cuentan en corto por donde quiera. Que la delincuencia organizada está trepada en muchas de las instituciones del Estado, es algo admitido hasta por actores políticos. Que hay una simbiosis entre grupos de criminales y algunos gobiernos, es algo que no se puede negar. El caso de Iguala no era la excepción. Que lo diga públicamente un obispo, asusta y enoja a muchos y puede tener un alto impacto en la comunidad. Pero eso que dijo Rangel ya lo sabíamos desde hace tiempo.
Lo otro, que como obispo se ha encontrado con capos de organizaciones criminales, con quienes ha tenido interlocución, ocasionó que muchos, supuestamente escandalizados, rasgaran sus vestiduras. Y la propuesta del obispo de dialogar con los delincuentes sigue dando mucho de qué hablar. Es posible que sea muy discutible esta propuesta y que no parezca muy viable como un recurso político para resolver el tema de la violencia. Al menos, a corto plazo. Lo que sí creo es que la propuesta del obispo apunta hacia la búsqueda de un cambio de estrategia en la manera de abordar el tema de la violencia generada por la delincuencia organizada.
Con militares y policías ya no se puede avanzar más. Hay que echar mano de los recursos sociales y políticos, si queremos salir del empantanamiento de la violencia. ¿Para qué es la política sino para imaginar soluciones verdaderas y de fondo? La política tiene que ser creativa e innovadora para construir respuestas a la medida de los problemas. ¿Que no se les ocurre a quienes nos gobiernan, más que reprimir a los criminales? ¿No se puede hacer algo más que eso? ¿Qué hay que hacer para ofrecer alternativas a los pueblos que viven de la siembra de las drogas? ¿Qué hacer para ofrecer alternativas de empleo a los jóvenes para que no tengan que obtenerlo en las bandas criminales? ¿Cómo hacer que la educación tenga ese papel liberador que se necesita para generar una ciudadanía responsable? ¿Cómo recuperar la gobernabilidad en los territorios en los que el narco tiene el control político y económico absoluto? ¿Cómo aliarse a la sociedad civil en lugar de hacerlo con los criminales?
Estas y otras preguntas deberían ser respondidas por legisladores y gobernantes. Pero no pasa nada. Están en una inercia mortal ocultos en sus burbujas muy distantes del sufrimiento de la gente. Ellos dicen que las crisis están en las cabezas de nosotros y no en la realidad. Pues cómo van a dar respuestas si este no es su mundo.
En fin, los planteamientos del obispo Rangel son una llamada a buscar otros caminos en los que los militares y los policías hagan su parte. Y no la más importante. Hay que darle otro perfil a la política para que abone a la justicia y a la paz y para que dé resultados. Pero, ¿cuánto tiempo tenemos que esperar para que esto suceda? El inminente proceso electoral puede servir para dos cosas: o para que las instituciones políticas se acerquen al pueblo y se conviertan en sus aliadas, o para que den lugar a nuevos pactos con los criminales. Habría que preguntar a los partidos políticos y a sus candidatos.