EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Parque Nacional Lagunas de Zempola

Silvestre Pacheco León

Agosto 18, 2025

El tema de conocer el Parque Nacional Lagunas de Zempoala surgió de la plática sobre cómo vincular los recursos naturales con el turismo para beneficio de quienes viven allí. Lo anterior como impacto de la campaña propagandística oficial que se escucha como la gran fiesta nacional a que nos convocan las vacaciones de verano para entretener a los millones de extranjeros que han llegado al país.
Y es que, guardando las diferencias en la distancia, el atractivo de ese lugar es similar al de Zihuatanejo que puede competir con su clima cálido e incomparable litoral, que cuenta ahora con un Área Natural Protegida, de más de 700 hectáreas que bien haría que la sociedad organizada se pudiera incorporar a su cuidado y conservación y también al aprovechamiento.
Si bien Huitzilac y Ocuilán, los municipios de Morelos y Estado de México donde se localizan las bellezas naturales de lagunas y bosques tienen cercanía con la Ciudad de México, para los paseos de fin de semana, en Ixtapa y Zihuatanejo hay un creciente y constante flujo de visitantes de toda la zona del Bajío y de otras ciudades del país y del extranjero que aprovechan las modernas carreteras y las rutas aéreas para llegar, y solo falta la iniciativa para promover actividades relacionadas con la naturaleza, además del surfing, buceo, pesca deportiva ciclismo y senderismo, paseo a caballo.
Se podría diversificar la oferta de senderismo por el filo de los cerros del anfiteatro, caminatas por las huertas de cocoteros, visita a la zona cafetalera y aguacatera en el filo mayor aprovechando a los 263 mil turistas que han llegado a Zihuatanejo en estas vacaciones para ampliar su estadía.
Así como de las más diversificadas para ampliar la estadía de esos casi 263 mil turistas que llegaron en esta temporada gastando 2 mil 173 millones de pesos que, aunque no se reflejan claramente en el bolsillo de los habitantes, representa el 74 por ciento de la ocupación hotelera.
Así que desde Cuernavaca, preparados para la ocasión, los siete miembros de la familia, un sábado de agosto viajamos apretujados para esa nueva experiencia bajo la guía de Ana y Alex, expertos en el paseo.
Para llegar al Parque Nacional Lagunas de Zempoala, que en náhuatl significa “muchas lagunas” hay que viajar hasta Tres Marías, el pueblo famoso por sus tortillas azules hechas quesadillas de flor de calabaza y huitlacoche, donde tomamos la carretera libre México-Cuernavaca hasta Huitzilac, Morelos, y 16 kilómetros de sinuoso camino pronto estuvimos a la entrada del parque cuya superficie es cercana a las 5 mil hectáreas concesionada a los comuneros para su aprovechamiento ecoturístico.
El atractivo principal es su bosque de pinos, oyameles y encinos que crecen en los cerros empinados cuyas escurrentías han formado un sistema de lagunas pertenecientes al eje volcánico de agua muy fría pero agradable a las truchas, como parte de la cuenca del río Balsas donde el frío suele acompañarse de niebla y las épocas de lluvia han formado un sistema extenso de más de veinte lagunas comunicadas por arroyos superficiales donde el agua cantarina discurre de manera casi permanente.
En el entorno de las lagunas hay una rica diversidad de flora y fauna, donde se puede acampar, remar, avistar aves y animales, practicar el senderismo y montar a caballo. También hay servicio de sanitarios y venta de comidas y bebidas.
Desde la entrada nos recibe el reflejo del espejo de agua rodeado de bosque y a medida que avanzamos por la carretera artesanal que bordea la laguna vemos la gran explanada con su alfombra verde donde se estacionan las pequeñas lanchas que se alquilan para pasear en Quila, la laguna mayor, que se conserva casi intacta.
En el trayecto hay un retén de la Guardia Nacional que da confianza, y a la entrada del parque una brigada de empleados federales de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas nos detiene para encuestarnos. Quieren saber cuántos somos y de dónde venimos. Por cierto que al final del paseo una de mis nietas hace la observación de que no nos preguntaron si salimos completos, lo cual da pie a comentar la caída del caballo que sufrió Atenea cuando el animal tropezó y cayó en medio del arroyo, y salvo el susto y la mojada, la más pequeña de mis nietas lo tomó como parte de la diversión.
Todo el paseo fue agradable y divertido. Caminamos entre el bosque, a más de 3 mil metros de altura, sin ninguna descompensación, viniendo desde un lugar que está al nivel del mar. Disfrutamos a plenitud el ambiente de paz que se vive entre el bosque con el espectáculo de las lagunas, aunque tampoco está exento de violencia como el resto del país.
Una hora nos llevó bordear la laguna, deteniéndonos bajo los árboles de pino más altos que crecieron compitiendo por los rayos del sol, enhiestos, aún cuando nacieron en la ladera.
Cada quien terminó el recorrido con un catálogo de fotos sobre la magnificencia de la laguna y su entorno con su enorme variedad de dalias, que son las flores nacionales que predominan en el lugar cuando aún no es la época plena de floración pero que han de embellecer todo el entorno.
Desde la orilla de la mayor de las lagunas se ven los ejemplares de carpas grises y coloradas que la pueblan, lo cual nos explica la razón del señor vemos sentado todo el día en pleno rayo del sol, entretenido e inmutable con su caña de pescar.
Caminando entre el bosque nos encontramos al pirata, un perro blanco y joven con el ojo derecho cubierto con una gran mancha de color negro que Paloma bautiza con el nombre de Pirata, el cual, un poco huraño nos sigue largo trecho, cuyo comportamiento y escualidez nos hace pensar que sobrevive de lo que le pueden darle los paseantes de fin de semana.
Como todo el sistema de lagunas del eje volcánico que forma parte de la cuenca del río Balsas es extenso y recoge las escurrentías de los cerros, desde hace muchos años ha sido fuente de abasto para las poblaciones aledañas que la han explotado hasta casi secar las más pequeñas, lo cual constituye un desequilibrio ambiental que no parece estar siendo atendido.
Uno de los comuneros nos informa que ahora disputan el agua con un fraccionamiento para ricos que pretende llevarsela como negocio particular y eso nos recuerda que por el camino se puede observar un grueso tubo de unas 10 pulgadas de diámetro que se lleva millones de litros de agua.
En el paseo nos llamaron la atención los mansos, altos y robustos caballos que uno puede rentar para recorridos que los caballerangos llevan de la rienda.
Más tarde, como culminación del paseo jugamos beisbol en la explanada verde, compartiendo el espacio con los jóvenes aficionados a las carreras de caballos que en ese campo se ejercitan.
Por desgracia o fortuna, según se vea, siendo fin de semana había pocos visitantes. Conté poco más de una centena cuando llegamos, pero aseguran que los domingos es un paseo muy concurrido por visitantes venidos de la Cdmx, pero nada que ver con el espectáculo que se observa en Tepoztlán, el pueblo mágico de Morelos donde son miles de paseantes que lo saturan todos los fines de semana, donde sorprende la cantidad de quienes suben hasta la cima del Tepozteco para visitar el adoratorio del dios Xochilpilli y cargarse de energía en la pirámide cuya construcción es un portento a la cual se llega por un camino de casi 90 grados que tiene una altura de mil 5 metros.
Esta experiencia me recuerda que en Zihuatanejo el presidente López Obrador decretó en el 2023 como Área Natural Protegida el parque nacional Vicente Guerrero con poco más de 700 hectáreas que abarca las zonas más hermosas y biodiversas de manglares, lagunas y selvas, desde la laguna del Negro y el cerro de la Hedionda en Ixtapa, hasta le barra de Potosí en el municipio de Petatlán, comprendiendo todo el litoral costero.
En esa superficie existen atractivos turísticos tan diversos y en riesgo cuyo cuidado y aprovechamiento podría dejarse a cargo de pescadores, lancheros, guías de turistas y ejidatarios encargados de vigilar y prever su conservación, evitando el saqueo de los depredadores.