EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Pasión por los medios públicos

Ana Cecilia Terrazas

Enero 22, 2022

AMERIZAJE

No dejamos de celebrar que los medios públicos existan jurídicamente, desde que la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) fue publicada en el Diario Oficial de la Federación en julio de 2014, pero también es tiempo de analizar su calidad, sus contenidos, y entre todas y todos poder evaluarlos de manera menos subjetiva, más profesional, más democrática.
Está claro que los medios de los que estamos hablando eran los que antes se consideraban medios de gobierno o de Estado y, en realidad, la mayoría de las y los funcionarios se referían y los trataban como “medios de casa”, es decir, al servicio del gobierno en turno. Por ahí, sin duda, sigue habiendo quien así los piensa, usa, considera.
Afortunadamente –y sea por las razones que fuere– fue alrededor de 2002, en pleno foxismo, cuando se intentó, a la manera de esa administración, desandar los hábitos totalitarios de casi un siglo de priismo respecto de esos medios. Lo que ocurrió es que dejaron de ser considerados relevantes como apoyo propagandístico o para mejor resonancia de las acciones del titular del Ejecutivo y, al no recortárseles presupuesto ni ponerles atención significativa por parte de la administración federal, lograron entre todos y cada uno con su equipo, reescribir su historia de independencia, credibilidad y legitimidad como medios de comunicación públicos muy valiosos, sin aún ser tales en la ley.
Hoy existen los medios de comunicación, televisión y radiodifusión, que son concesiones públicas; sociales (comunitarias, indígenas y privadas para instituciones de educación superior), comerciales o privados. Aunque hay decenas de medios públicos, los principales, de cobertura nacional son, actualmente, el Canal Once, Canal 22, Canal 14, Canal 21, el IMER y Radio Educación.
Entre los documentos elaborados por el primer Consejo Ciudadano del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), publicados hasta 2017, están –se entiende que siguen vigentes, por cierto– los Parámetros para evaluar cualitativamente los contenidos noticiosos de la programación del SPR, así como los Indicadores para la evaluación temática de la programación*.
Ambos textos apuntan al centro de las preocupaciones de la ciudadanía, la academia y las audiencias iniciadas respecto de la calidad de contenidos de los medios públicos –los que viven del presupuesto federal y por los cuales se debe rendir cuentas de manera transparente– en torno de su calidad como tales, su independencia editorial, su plusvalía entre las decenas de medios del espectro radioeléctrico.
El tema no es menor cuando se considera, con cierta pasión como lo piensa quien esto suscribe, que los medios públicos de comunicación son un termómetro perfecto para medir el avance democrático de un país.
A dos décadas de su franca apertura y evolución, a casi ocho de su consagración en ley con la publicación de la LFTR, los medios públicos de comunicación a veces requieren de una mayor atención por parte de toda la sociedad. Hacerlos funcionar bien, aceitadamente, con éxito, no es fácil. La tarea incluye varias aristas, a veces se cubren bien algunas, se descuidan otras, a ratos sucede como en el arranque de Piedra de sol, “…un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre”**.
Los medios públicos de comunicación tienen que capotear sus propios fantasmas como medios con credibilidad, calidad, legitimidad, independencia, transparencia, además de los que aquejan en general a los medios de comunicación (a la llamada industria). Tienen también el reto, no menor, de cosechar los logros que han tenido en el tiempo, de acuerdo cada uno con su perfil e historia y, deben de, en aras de una comunicación de servicio público atractiva, incluyente, plural, respetuosa, independiente y crítica: Contar con presupuesto suficiente; contar con personal capacitado como parte de una estructura comunicacional pública; contar con creadoras y creadores a la vanguardia; superar las tentaciones de quien quiera verlos aún como medios de casa; generar nuevas y más audiencias fieles y habituales; incluir de manera eficiente las propuestas ciudadanas y los comentarios de sus audiencias; promover las mejores campañas cívicas para avanzar de manera conjunta dentro del perfil de cada emisora; no repetirse o competir entre sí; encontrar en los terrenos que no se han tocado oportunidades para producir contenidos originales… y muchísimos otros retos, los cuales hacen del trabajo en un medio público, una profesión apasionante.

*https://www.spr.gob.mx/_pdf/consejo-cuidadano/documentos/indicadores_programacion_spr.pdf
** En la primera estrofa del emblemático poema Piedra de sol, de Octavio Paz
@anterrazas