EL-SUR

Martes 16 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Paz, equidad social y microcréditos

Jesús Mendoza Zaragoza

Octubre 16, 2006

Un economista ha sido distinguido por el Premio Nobel de la Paz. Muhammad Yunus, un
bengalí que se ha dedicado a luchar contra la pobreza extrema que prevalece en su país
promoviendo los microcréditos para que los pobres puedan hacer frente a su postración y
construir proyectos de desarrollo a su alcance. Al decir de Marta Bekerman, economista de
la Universidad de Buenos Aires, “Yunus debería haber recibido el Nobel de Economía
porque es un ejemplo de lo que los economistas pueden hacer a partir de ideas originales.
El desarrollo implica la expansión de capacidades y él supo interpretar eso”.
Lo que llama la atención en esta nominación es la relación que la Fundación Nobel
reconoce entre las condiciones económicas y la paz, la idea de que para que haya paz tiene
que haber equidad y equilibrio social. Desde esta perspectiva, la pobreza extrema es
siempre una situación de alto riesgo para la paz, que se tiene que prevenir con soluciones
proporcionales y eficaces desde el punto de vista de la economía.
La solución que Yunus fue elaborando fue el apoyo para que los pobres fueran
construyendo las soluciones a sus propios problemas económicos. El sistema aplicado
por este economista doctorado en la Universidad de Vanderbilt es simple: para acceder a
los créditos se deben conformar grupos de cinco personas que se conozcan y que
presenten proyectos independientes. Los créditos son individuales, pero las solicitudes de
préstamos deben ser aprobadas por todo el grupo y cada uno de los integrantes se hace
solidariamente responsable por los otros. Esta fórmula implica algunos principios que
orientan la actividad económica a partir de valores éticos.
El primero que salta a la vista es el reconocimiento de la dignidad del pobre. Yunus dice
que nunca responde cuando un mendigo ciego o discapacitado, o una madre meciendo a
su bebé, extienden su mano para pedir dinero. “Me siento mal, a veces horrible, porque
estoy ignorando a la persona. Pero me contengo. Nunca les doy. Prefiero intentar
solucionar el problema en vez de simplemente darles una mano y hacerme cargo de ellos
por un día”. Es humillante para el pobre vivir expuesto a la limosna y a la dádiva pues lo
cataloga como inútil e incapaz de hacerse responsable de sí mismo. Aquí está la idea de
que cada persona, en cuanto persona tiene las potencialidades necesarias para hacerse
responsable de sí misma en todos los terrenos de la vida. Lo que requiere, en situaciones
de carencia como lo es la pobreza extrema, es un subsidio, del cual tiene que responder. Y
los microcréditos son eso: un subsidio que necesita ser asumido a partir de la
responsabilidad personal.
El segundo principio que se manifiesta en la experiencia del Grameen Bank (Banco Rural o
Banco de los pobres) promovido por Yunus, es la necesidad de la solidaridad. Para
acceder a los créditos se deben conformar grupos de cinco personas que se conozcan y
que presenten proyectos independientes. Los créditos son individuales, pero las
solicitudes de préstamos deben ser aprobadas por todo el grupo y cada uno de los
integrantes se hace solidariamente responsable por los otros. Por un lado se mantiene la
autonomía de la persona que es sujeto de crédito y que mantiene su libertad para tomar
las decisiones necesarias y realizar los esfuerzos para cumplir sus obligaciones. Pero esta
responsabilidad personal se equilibra con un esquema solidario en el cual cada persona
asume la responsabilidad del esfuerzo de los demás miembros del equipo, lo mismo que
del cumplimiento de sus obligaciones, de manera solidaria. No se puede superar la
pobreza mientras se mantengan actitudes e inercias individualistas que promueven la
competencia feroz y el éxito individual.
El tercer principio que aparece en esta experiencia de los microcréditos destinados a
luchar contra la pobreza es la educación de los pobres. El Banco destina personal que
analiza los proyectos que los pobres presentan y ayuda a mejorarlos, un grupo de expertos
que capacita a los interesados y aplica un mecanismo capaz de cobrar las cuotas
semanalmente. Se trata de un esquema en el cual los pobres van siendo acompañados
con asesoría técnica y administrativa para que sus esfuerzos sean verdaderamente
eficaces en la solución de sus problemas.
Esta experiencia en Bangladesh ya se ha expandido a otros países, incluso a México con
magníficos resultados y puede dar la pauta para una estrategia en la lucha contra la
pobreza. Desde luego que se trata de una estrategia particular que tiene que
complementarse con otras más para abatir la pobreza. Es claro que el modelo económico
neoliberal, vigente en México sigue siendo, por naturaleza, excluyente del desarrollo de los
pobres y tiene que ser modificado profundamente.
Por otra parte, tenemos que revisar los diversos programas en el campo del desarrollo
económico y social que los diversos niveles de gobierno promueven, que muchas veces
están plagados de vicios y vinculados con la corrupción. Y los programas que consisten en
dar dinero a los pobres como Oportunidades, Pensión Guerrero, Pasam del municipio de
Acapulco y otros pueden ser más nocivos que benéficos en términos sociales en cuanto
que no promueven la responsabilidad personal y la solidaridad, sino que se quedan en la
mera asistencia que mitiga sólo la pobreza y no lucha por superarla.
Bienvenido este Premio Nobel que destaca la importancia de la justicia social para la paz.
Se necesita mucha creatividad en el campo de la economía para forjar proyectos que
promuevan a las personas y a los pueblos y alejen el fantasma de los conflictos sociales
que abundan donde la miseria avanza.