EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Pensamiento social cristiano

Jesús Mendoza Zaragoza

Noviembre 21, 2005

Pensamiento y acción son dos elementos fundamentales que no pueden faltar en un proyecto de transformación social. Sin un pensamiento sólido, coherente y dinámico no se puede proyectar un cambio social responsable que genere condiciones de vida más justas y fraternas. En nuestro escenario social asistimos a prácticas sociales y políticas groseramente pragmáticas que proceden de un desprecio por el pensamiento, el que es sustituido por el desmedido instinto de poder, causando graves daños a la sociedad.

Hoy se presenta en la ciudad de México el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en un acto convocado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, por la Arquidiócesis de México y por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana. El texto de este documento, que tiene 583 párrafos distribuidos a lo largo de 326 páginas, aborda una serie de temas como son la familia, el trabajo, la vida económica, la comunidad política, la comunidad internacional, el medio ambiente, la promoción de la paz y los derechos humanos. Se trata de una conceptualización rigurosa de la vida social a partir de la antropología cristiana que emerge del Evangelio, construida a partir del diálogo con las ciencias humanas a partir de un método científico peculiar.

Esta obra, que fue encargada por Juan Pablo II al Pontificio Consejo Justicia y Paz, salió en junio del 2004 y apareció en español un año después y pretende ser un instrumento útil para forjar un pensamiento y una acción social orientados hacia el cambio social. Tiene diversos destinatarios: como es obvio, los primeros son los fieles católicos, que pueden encontrar en el Compendio una serie de principios, criterios de juicio y directrices para la acción social como producto de una reflexión basada en la revelación cristiana. También está destinada a los fieles de otras confesiones cristianas y de otras tradiciones religiosas, con las que se comparte una visión trascendente del hombre y de la sociedad. Los hombres y mujeres de buena voluntad son considerados, también, como destinatarios, en cuanto que aún sin la afinidad de una fe religiosa muestran un deseo sincero de contribuir a la construcción de una sociedad más justa, basada en el respeto a la dignidad humana.

En el caso de los primeros destinatarios, los católicos, hay que decir que tienen una oportunidad histórica: superar diversas ambigüedades en la proyección social de la fe cristiana. Porque resulta que la gran mayoría de ellos adolecen de una coherencia entre la fe que profesan y su práctica social y política. Los hay, por un lado, quienes rompen, en la práctica, con el necesario compromiso social que emerge de la fe cristiana y huyen de él. No se comprometen en la política y en el cambio social porque no logran visualizar que una fe sin obras eficaces en el campo social, es una fe inoperante y distorsionada. Éstos, movidos por miedos o por apatía, renuncian a su responsabilidad social y la delegan a los demás, causando un grave daño a la sociedad. Por otro lado, están también aquéllos católicos que se comprometen en la política y en las dinámicas sociales excluyendo la ética cristiana, marcando una ruptura entre su fe y su actividad social. Éstos, renuncian a las implicaciones sociales de su fe y asumen un compromiso social carente del dinamismo ético que fluye de la fe cristiana. Ejemplares de éstos hay por montones: políticos corruptos y servidores públicos que, al menos en lo privado y hasta de manera vergonzante, se declaran católicos.

El caso es que ni unos ni otros logran percatarse de la relación estrecha que hay entre la fe y la práctica social y hacen inoperante su fe. Ante este drama, porque todo rompimiento constituye un drama, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia ofrece la oportunidad de visualizar la proyección social de la fe, la que proporciona motivaciones religiosas como el amor, la esperanza y la reconciliación, al tiempo que inspira la reflexión y la conceptualización de las circunstancias sociales para empeñarse en una acción transformadora.

Los no católicos, ya tengan una fe religiosa o carezcan de ella, tienen la oportunidad de incluirse en un fecundo diálogo con el pensamiento cristiano, aportando sus puntos de vista y acogiendo aquéllos que, proviniendo del pensamiento social cristiano, tienen un valor universal. Lo cierto es que el texto en cuestión, que sistematiza y condensa el pensamiento cristiano desde los orígenes, y recoge diversos aportes proporcionados por teólogos y por el magisterio eclesial de los dos últimos siglos, puede ser de mucho beneficio para recuperar el valor y el significado de un pensamiento capaz de proyectar verdaderos cambios sociales que, respetando la dignidad humana, favorezcan la construcción de una sociedad más justa. Es necesario superar el pragmatismo vigente en la acción social y en la política, que tiene como consecuencia una actividad social enloquecida y errática, fuente de conflictos y de desgastes estériles como la que estamos presenciando en la vida pública, donde la trayectoria de la sociedad está inducida más por los intestinos que por la razón y por un pensamiento lúcido.