EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Perú: una elección nacional con implicaciones geopolíticas regionales

Gaspard Estrada

Abril 15, 2026

Las elecciones presidenciales y legislativas del 12 de abril de 2026 en Perú no solo representan un intento de salida a la crisis política crónica del país, sino también un evento de alto impacto geopolítico en América Latina. En un contexto regional marcado por la polarización ideológica y la competencia entre potencias, el resultado electoral peruano será observado atentamente tanto por sus vecinos como por Estados Unidos, que mantiene intereses estratégicos en la estabilidad andina.
Los resultados de la primera vuelta –con una votación fragmentada en la que Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga se posicionaron en los primeros lugares con porcentajes relativamente bajos y una elevada proporción de voto indeciso o nulo– confirmaron la ausencia de una mayoría política clara y la persistencia de una profunda crisis de representación.
La inestabilidad política interna –con múltiples destituciones presidenciales en la última década– ha debilitado la capacidad del Estado peruano para proyectarse como actor regional. Esta fragilidad tiene consecuencias directas en el plano geopolítico: Perú, históricamente un socio confiable en materia económica y de seguridad, se ha convertido en un actor impredecible, lo que genera inquietud en Washington y en organismos multilaterales.
Desde la perspectiva estadunidense, las elecciones de 2026 se insertan en una agenda más amplia: control del narcotráfico, estabilidad democrática y contención de actores externos. Perú es uno de los principales productores de cocaína del mundo, y su debilidad institucional complica la cooperación antidrogas. Un gobierno incapaz de ejercer control territorial efectivo no solo afecta la seguridad interna, sino que impacta directamente en las dinámicas regionales del crimen organizado.
En este contexto, Washington observa con atención el perfil de los candidatos. Figuras como Keiko Fujimori o Rafael Lopez Aliaga, tienen discursos más alineados a las políticas de seguridad estadunidenses.
Pero el eje geopolítico no se limita a Estados Unidos. En los últimos años, China ha incrementado su presencia en Perú, especialmente en sectores estratégicos como minería, infraestructura y energía. La elección de 2026 será también un indicador de la orientación futura del país: un alineamiento más claro con Washington o una continuidad de la política de diversificación que ha permitido a Perú mantener vínculos pragmáticos con ambas potencias.
A nivel regional, el resultado electoral tendrá efectos en el equilibrio político sudamericano. Mientras países como Brasil o Colombia atraviesan sus propios ciclos electorales, Perú aparece como un eslabón inestable en la arquitectura andina. Su incapacidad para consolidar un gobierno fuerte limita iniciativas de integración y coordinación regional, especialmente en temas como seguridad fronteriza, migración y desarrollo económico.
La fragmentación electoral interna agrava este panorama. Con más de 30 candidaturas y niveles elevados de indecisión, el próximo presidente probablemente llegará al poder con bajo respaldo electoral y sin mayoría legislativa clara. Esto reduce su margen de maniobra tanto en política interna como en política exterior, obligándolo a priorizar la supervivencia política sobre la proyección internacional.
El riesgo es que Perú quede atrapado en una lógica de inestabilidad endémica, donde cada gobierno es transitorio y cada elección reabre la crisis sin resolverla. Desde una perspectiva geopolítica, esto implica la pérdida progresiva de relevancia del país como actor regional y su transformación en un espacio de vulnerabilidad estratégica, donde actores externos pueden influir con mayor facilidad.
Sin embargo, la elección también representa una oportunidad. Un liderazgo capaz de reconstruir legitimidad interna podría reposicionar a Perú como socio confiable en América Latina. Para ello, no bastará con ganar las elecciones: será necesario reformar las reglas del juego político y estabilizar la relación entre Ejecutivo y Legislativo.
En definitiva, las elecciones del 12 de abril no solo definirán el próximo gobierno peruano, sino también el lugar del país en el tablero regional. En un momento de competencia geopolítica creciente, la estabilidad política deja de ser un asunto doméstico para convertirse en un factor estratégico internacional.
* Miembro de la Unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada