Federico Vite
Diciembre 23, 2025
La obra del grabador y arquitecto italiano Giovanni Batista Piranesi es, sin duda, el influjo sobre el que la escritora inglesa Susanna Clark escribió Piranesi (Londres, Bloomsbury, 2021, 245 páginas). Durante toda la lectura de la novela tuve en mente el grabado Carceri d’invenzione, hecho por Batista entre 1749-50. Cincela una inmensa residencia, con escaleras, techos y pasillos que nos sugieren, más que una cárcel, una lúgubre mansión inabarcable.
La segunda novela de Clarke tiene como escenario una locación imaginaria; usó los grabados de Piranesi para erguir la viga maestra del relato. La autora describe una Casa de tres niveles: las salas inferiores son Dominio de las Mareas; las superiores, Dominio de las Nubes y las salas centrales se conocen como Dominio de los Pájaros y los Hombres. Sobre esos tres flancos deambulan los personajes. El libro consta de siete apartados: Piranesi, The Other, The Prophet, 16, Valentine Ketterley, Wave y Matthew Rose Sorensen.
El protagonista, identificado como Piranesi, vive en la Casa y recorre largos salones, bellísimos vestíbulos en desuso y pasillos custodiados por estatuas. Lleva un diario y encuentra referencias que no recuerda haber escrito. Son comentarios al respecto de El Profeta. Otras notas del diario cuentan la historia de un ocultista del mundo moderno llamado Laurence Arne-Sayles, quien postuló la existencia de otros mundos y la forma en la que se puede entrar a éstos. Ketterley fue alumno de Laurence. Arne-Sayles fomentó la individualidad por encima de todo y acabó en la cárcel porque se atrevió a secuestrar a un tal James Ritter. Más tarde descubrirá el lector que Ritter estuvo cautivo en un lugar muy parecido a la Casa.
Dos veces por semana, Piranesi se encuentra con El Otro, un hombre de aspecto higiénico, muy educado y solidario, quien le pide ayuda para buscar el “Gran y Secreto Conocimiento” oculto en algún resquicio de la Casa. El Otro a menudo le trae a Piranesi suministros que provienen del exterior. Por ejemplo, zapatos, linternas eléctricas y, aunque no lo crea, multivitaminas. Cuando Piranesi sugiere que abandonen la búsqueda del “Gran y Secreto Conocimiento”, El Otro señala que ya han tenido esta conversación antes y le advierte a su interlocutor que la Casa erosiona los recuerdos y la personalidad del habitante. Así que debe tener cuidado. También le informa a Piranesi que una persona, conocida como 16, entrará en la Casa para hacerle daño; le recomienda sigilo, de lo contrario, sufrirá las consecuencias.
Piranesi signa en las notas del diario –cada entrada ofrece información al lector para que ensamble las piezas del relato– que la Casa está viva y cree que sólo hay quince personas en el mundo. Varias de ellas han muerto.
Tiempo después conoce a un anciano, El Profeta, quien identifica a El Otro como Ketterley, un rival que robó ideas sobre el “Gran y Secreto Conocimiento”. El Profeta señala que la Casa es un “mundo distributivo” que aloja ideas “fluyendo en otra dimensión”. Se propone entonces llevar a 16 a la Casa para hacerle daño a Ketterley.
Piranesi descubre que 16 ha entrado en la Casa y le ha dejado un mensaje cerca de las esculturas. Medita al respecto. Pero las interacciones con El Otro revelan que 16 es una mujer conocida como Rafael. Antes de que las mareas inunden el Dominio de los Pájaros y los Hombres, Piranesi deja una advertencia para 16 y descubre un mensaje más: “¿Eres Matthew Rose Sorensen?”. Ese nombre despierta en Piranesi los recuerdos del mundo exterior.
Algunas hojas del diario del protagonista fueron arrancadas, en ellas había información de Ketterley. Piranesi reconstruye las páginas destruidas gracias a que encuentra fragmentos de papel en los nidos de las gaviotas y así descubre cómo llegó a la Casa: él fue Matthew Rose Sorensen, un periodista que escribía un libro sobre Arne-Sayles, alguien que se convirtió en El Profeta. Cuando Sorensen fue a entrevistar a Ketterley cayó en una trampa, pues Ketterley logró, mediante un rito, encarcelarlo en la Casa, donde perdió la memoria y se construyó una nueva identidad.
“Entonces él comenzó a cantar en un lenguaje que yo nunca había escuchado […]. El cantó con convicción, con fervor, como si él creyera absolutamente en lo que estaba haciendo.
Yo escuché el nombre ‘Addedomarus’ varias veces.
Cierra tus ojos ahora, dijo.
Y lo hice.
Más cantos.
Mi sorpresa al descubrir su secreto se prolongó por un buen tiempo, pero entonces comenzó a crecer en mí el aburrimiento. Él abandonó el lenguaje y parecía arrastrarse fuera de sí mismo, emitía un tipo de rugido animal que empezaba en el estómago, sumamente grave, y creció más y más alto, ruidoso, más extraordinario”.
Hasta este punto todo me parece atractivo, intrigante y morboso, pero páginas adelante la autora decide dar una vuelta de tuerca que no me convence; en términos generales es más o menos así: durante la inundación, Piranesi confronta a Ketterley cuando Rafael regresa a la Casa. Ketterley intenta matarlos, pero se ahoga en las marejadas. Una vez que baja la marea, Rafael explica que es una detective de la policía británica que investiga desapariciones relacionadas con Arne-Sayles, quien le reveló el rito que debe realizarse para entrar a la Casa y le pide a Piranesi que regrese al mundo exterior, donde su familia ha estado esperándolo desde hace seis años.
No me convence el final de esta novela de ficción especulativa porque siempre que un autor intenta resolver la trama –repleta de elementos de magia y fantasía– ciñéndose a lo real, el relato pierde intensidad. Ergo: encalla en una resolución simplista.
No considero a la segunda novela de Clarke como un libro ejemplar, pero sí lo tomo como un ejercicio narrativo interesante; sobre todo, porque usa como base para la ficción la obra de Giovanni Batista Piranesi.
El primer libro de Clarke fue un prodigio, Jonathan Strange and Mr. Norrell (2004), puso en tensión la historia del siglo XIX en Londres y la magia. Es decir, logró que dos magos adquirieran visos de normalidad haciendo hechizos y curando gente importante, políticos, reyes, empresarios, aunque eso pareciera inverosímil en una sociedad como aquella. En Piranesi, Clarke buscaba darle naturalidad a la vida entre dimensiones paralelas, pero el resultado no fue contundente ni memorable, pero sí entretenido.
* La traducción de las frases entre comillas es mía.
@Federì Vite