EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (1)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Diciembre 15, 2016

Ellos y ellas lo dicen

Los textos presentados en esta serie son originales de plumas acapulqueñas de todos los tiempos: periodistas, ensayistas, escritores, cronistas y más. Sus temas son diversos aunque Acapulco, su historia, su gente, es siempre el leimotiv. Advirtamos que, razones de espacio, algunas piezas transcritas corresponden a capítulos o fragmentos seleccionados de los textos originales. Estos, no obstante, conservan la intención y el sentido de sus autores. Se les ha extraído de libros, periódicos, revistas y medios electrónicos, rematándoseles con el título de la obra, el autor, la editorial y la fecha. Aquí están:

Acapulco, querido y admirable

“Acapulco en la tarde, Acapulco es el balneario con música y con vida, con mujeres desnudas y con crepúsculo. Acapulco con belleza en la tierra, en la vida, en la fiesta, en el fuego, en el cielo y en el mar.
–Así te quiero ver Acapulco–, dijo la Reina rubia al retirarse aquella tarde de Caleta, derramando la noble luz de sus ojos dorados sobre la playa y el horizonte , como una bendición de la belleza humana a la naturaleza pródiga del puerto mexicano tan querido y admirable.
Andaba en Acapulco el otro día el chismito de que, ya al anochecer en Caleta, el Gobernador, al salir la Reina del mar, la había tomado en sus brazos besándola así mojada, entre las sombras violáceas del crepúsculo, y que alguien lo había visto, criticándole que la hubiese cargado así hasta la caseta de vestirse, empapándose el traje.
–¿Que les parece eso?–, preguntó alguien del grupo.
–Que es una rara voluptuosidad–, dijo uno eso de recibir a una mujer bonita que sale del mar a la hora del crepúsculo mortecino y tomarla así mojada… como un bien que el mar le brindara
–¿Y tú, hermano?
–¡Que, hombre, no hay que ser tan puritanos! En un puerto se ven muchas cosas… ¡y más en las playas!…

Julio Sesto La Reina de Acapulco

Ediciones Botas, 1935

La pequeña Jean

A fines de los años 20 se estableció en el cerro de La Providencia la Guerrero Corporation, una compañía que explotaba aguarrás. Uno de los directivos de la empresa, el señor Robert Whiddon, radicaba en Acapulco con su esposa y su hijita Jean; ocupaba una de las casas que se habían construido al abrirse la calle de la Quebrada, a orillas del Canal de Aireación.
La pequeña Jean, que era muy traviesa, creció con los niños del barrio, los Batani y los Pangburn. Un día en que los Pangburn visitaban a los Whiddon y los niños estaban jugando en el patio, a Jean se le ocurrió sugerirle a Mimim –como le llamaban a Harry Jr–, que se escondiera. Luego ella fue a donde estaban las familias reunidas y les dijo:
–¡Mimim se cayó al pozo!
A mi tía Concha, su mamá, casi le da un desmayo; el tío Harry se quitó los lentes y con todo y saco corrió para tirarse al pozo de agua. De pronto, muy sonriente, apareció Mimim, quien en ese tiempo tenía como tres años, diciendo:
–¡Aquí estoy!..
Excuso detallar la regañada y los castigos que siguieron.
La Guerrero Corp. se fue después de operar varios años en el puerto. La familia Whiddon se trasladó a la ciudad de México, donde la mamá fue encargada del departamento de modas de Sanborn´s. Jean atendía la American School y pasaba las vacaciones con nosotros y, por supuesto, no volvió a hacer bromas como la del pozo.

Concha Hudson
Del Acapulco de antes
Imprenta Santa Cruz, 2005

Los vericuetos del puerto

Llegamos al puerto a las diez de la noche pues el mote de “poco a poquito,” puesto por Rosendo al camión, era precisamente porque lo llevaba a paso de tortuga; su filosofía era la de llegar y no quedarse en el camino, haciendo alusión al proverbio de que “el que mucho corre, presto para”. Me quedé casi dos meses en el puerto, recorriendo todos los lugares, los más hermosos vericuetos del puerto:
Las playas de Pie de la Cuesta, que me recordaban a mi mar nativo: Puerto Marqués, maravilla del mundo; Playa Larga, llena de conchas multicolores; Ensenada de los Presos, playa Escondida entre rocas y selva; la Base Naval, asiento de la escuela de Marina, vigilante de La Bocana; Caleta y Caletilla, unidas en eterno abrazo por el azul de las ondas y vestidas por el dorado de sus arena; La Angosta, mirando al Pacifico donde el éxtasis del atardecer invita a meditar y sondear los misterios que encierra el universo.
La isla de La Roqueta, faro de luz eterna donde la flora y la fauna se confunden con los más bellos escenarios de la tierra: mar cielo y selva. El Revolcadero, playa imantada y peligrosa, donde el tigre marino pasea sus hirientes aletas y la sierra de sus fauces devora a los pequeños peces que se aventuran a la orilla y Tabachines a la que llegamos en caballos.

Francisco Galeana Nogueda
Conflicto sentimental
Costa Amic, 1994

La ruta comercial

Como ya lo mencionamos, don Antonio Díaz Lombardo controlaba el Banco del Transporte, que había comprado (el hotel) La Marina en 1933, era familiar de los hermanos González y compró un avión Stinson de cinco plazas, equipado con motor lycoming de 245 HP con el cual se inician, ya en serio, los vuelos de prueba a principios de 1934; el Stinson tenía la matrícula: XB-AJI y finalmente, el 13 de septiembre de 1934, se realizó el servicio inaugural entre México y Acapulco y regreso, con tiempos de una hora 55 minutos para la venida y de dos horas para el regreso.
A partir de entonces ese vuelo se efectuaría ya regularmente y en noviembre del mismo 1934, queda constituida legalmente la compañía Aeronaves de México, S. A. con el señor Antonio Díaz Lombardo como presidente, su hermano Isidro como gerente, siendo el primer piloto Julio Zínser, que después será jefe de operaciones

Francisco R. Escudero
Origen y evolución del turismo en Acapulco
UAGro., 1998.

Elpidio Rosales, líder

Elpidio Rosales de la Cruz nace en las Lomas del municipio de Coyuca de Benítez y desde niño se dedica a las labores del campo, ayudando a su padre don Manuel Rosales. A los 13 años conoce Acapulco y se enamora de su mar logrando la autorización paterna para quedarse aquí en casa de sus tíos don Pedro Castrejón y Francisca de la Cruz, quienes lo reciben como a un hijo. Don Pedro lo recomienda a la fábrica La Especial de don Obdulio Fernández, dedicada a elaborar jabón de coco y pasta para ganado.
Elpidio era un joven siempre dispuesto a ayudar ganándose por ello las simpatías de todos sus compañeros. Pronto lo harán líder, secretario general del sindicato de Trabajadores de la fábrica La Especial. Sus primeros logros entusiasmarán a todos: pago del séptimo día en 1932 y más tarde la donación de terrenos aledaños a la factoría. Ahí los obreros –muchos residentes de Coyuca–, construirán sus propias viviendas. Hoy, Barrio de La Fábrica.
Carisma y fama de líder honrado llevarán a Pillo Rosales primero a la alcaldía de Acapulco y más tarde a la legislatura local. Muere en un accidente automovilístico cerca de Mozimba, cuando regresaba de un festejo en Coyuca de Benítez. Era el 21 de febrero de 1949.

Arturo Zúñiga Guzmán,
Cronista de los Barrios His-tóricos
Recuerdos del viejo Acapulco
Edición particular

Corrido del “Cirgüelo”

Silvestre Castro (a) El Cirgüelo o Ciruelo; hubo su célebre nombre por haber nacido precisamente en una cuadrilla llama El Ciruelar, jurisdicción del Distrito de Galeana, estado de Guerrero. Valiente hasta la temeridad, su nombre entró a la leyenda y a la fama debido a sus célebres y fantásticas hazañas militares.
Endeble, de mediana estatura y “delgada voz”, como suele decir el pueblo; el general Silvestre Castro tuvo fama y renombre sobre todo en Guerrero y estados adyacentes. Fue generoso, cordial, incansable jinete y batallador porfiado. Ídolo de la Costa Grande guerrerense, las gentes le siguieron con fanatismo heroico hasta el fin.
Murió asesinado en las inmediaciones de Ayutla, Guerrero, el año de 1927. En una felona emboscada que le tendiera sus propio jefe, cuando él combatía a sus órdenes frente a los alzados de Costa Chica. Castro fue jefe nato de las fuerzas rebeldes del estado de Guerrero, cuando en 1918, esta gloriosa y aguerrida entidad suriana desconoció al régimen nacional presidido por el señor Carranza, con motivo de la prisión de su gobernador, general Silvestre Castro. Una cuarteta el corrido de El Cirgüelo, del dominio público, contiene un verso aludiendo a Acapulco:

Cirgüelo dio dos ataques
que hasta el puerto se azoró,
Cirgüelo dio retirada
¡porque el parque le faltó!

Alejandro Gómez Maganda
Corridos y cantares de la Revolución Mexicana
Miguel Ángel Porrúa, 1998

Cosmogonía y religión

Los amuzgos de Guerrero y de Oaxaca se habrían desplazado en épocas remotas desde las lejanas tierras de Indonesia. Los de nuestra entidad se asientan al sureste de Ometepec, en los pueblos de Xochistlahuaca (Xochis), Tlacoachistlahuaca (Tlacuache), Cosuyoapan, Zacoalpan, Chochoapan, Huehuetono, El Pájaro, Las Minas, Cerro Bronco, Guadalupe Victoria, Guajentepec y Pueblo Nuevo.
Los amuzgos aún practican ritos de origen prehispánico dedicados a la agricultura o a los dueños del monte, barrancas, ríos arroyos, cuevas, etc., parta recibir protección y abundantes cosechas de seres sobrenaturales. Estos ritos y ceremonias son realizados por especialistas que, además de curar, fungen como sacerdotes y magos.
En estas comunidades predomina la religión católica; sin embargo, en los últimos años (1994) ha crecido la influencia de las sectas protestantes como los Testigos de Jehová, los Pentecosteses y la Luz del Mundo, que predican entre la población indígena, principalmente
En las cabeceras municipales existen templos católicos y las congregaciones cuentan con capillas. Los mayordomos son nombrados por el pueblo para que organicen las fiestas religiosas, cuiden los templos y los santos.

Ma. Cristina Saldaña Fernández
Amuzgos de Oaxaca
INI, 1990