EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XIII)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Marzo 02, 2017

A la memoria del dirigente obrero Ignacio Arcos Guevara quien, cual ave diazmironiana, cruzó el pantano cetemista sin mancharse. Descansa en paz, querido amigo.

Clementina Batalla

Clementina Batalla Torres, la segunda mujer mexicana con título de abogada, precursora del feminismo y de la defensa de los derechos de la mujer y del niño, nació en Acapulco el 17 de octubre de 1884. Hija del matrimonio formado por el abogado veracruzano Diódoro Batalla y la acapulqueña Clementina Torres, domiciliados en la calle San Juan (hoy 5 de Mayo), recibe aquí las primeras letras. Las continuará en la ciudad de México en la que se asienta finalmente la familia.
Diódoro Batalla sufría aquí un velado destierro por ser feroz opositor del régimen porfirista. Y era que, llegado al puerto con la calidad de juez de Distrito, el orador incendiario enjuicia al presidente Manuel González, al que Díaz solía encargar la presidencia de la República. Cuando él muere y faltando la madre por haber fallecido cuatro años atrás, Clementina se hace cargo de la familia, dos hermanos y una prima. Imparte clases de primaria al tiempo que termina la preparatoria. La llama el magisterio e ingresa a la Normal de Maestros donde a los 21 se titula como maestra de Matemáticas. Ingresa entonces a la escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM.
“Pude haber estudiado una carrera corta pero quise cumplir el deseo de mi padre. Su confesión está contenida en un texto titulado Aspectos de mi vida, que más que una autobiografía es un homenaje póstumo a la figura de quien fuera su esposo, el abogado Narciso Bassols García, una de las inteligencias más lúcidas del siglo XX mexicano”.

Narciso Bassols

“Lo conocí en la Nacional de Jurisprudencia en 1916. Tomábamos ambos la clase de sociología impartida brillantemente por el licenciado Antonio Caso. Por cierto, al término del curso, el maestro Caso entregó a Bassols una carta que decía: ‘En el año académico de 1916, Narciso Bassols fue el más distinguido de mis alumnos, por su clara inteligencia y su dedicación ejemplar’”.
“No obstante ser amigos inseparables, nuestras vidas debían separarse por un plazo largo. Lo decidí cuando él me hizo un requerimiento que yo contesté negativamente. Muchas veces, en nuestra sana amistad, me había yo preguntado si aquello duraría mucho tiempo. Por ser yo tres años mayor que él, me daba miedo comprometer su cariño con algo tan disparejo. Sin embargo, nos seguimos viendo de cuando en cuando”.
“Al iniciar 1918 yo cursaba el cuarto año y él el tercero. Una tarde me dijo resueltamente y con tono autoritario: ‘Voy a hacer la carrera en cuatro años y a llevar materias de 4º contigo. Estudiaremos juntos de nuevo’.
“Bassols tenía en Leyes una posición destacada: tenía amigos y enemigos, pero todos reconocían su capacidad. Había participado incluso en un duelo con pistolas. Se había transformado: era ya un hombre. Había crecido, peinaba ya su rebelde cabellera, era más cuidadoso en el vestir pero continuaba teniendo el carácter alegre e inquieto de siempre. Al finalizar ese año, mientras yo terminaba cuarto año él presentó cuatro materias de ese mismo curso y en 1919 quedamos inscritos ambos para el siguiente curso. Siempre con Joaquín Álvarez Icaza.
“En los últimos días de marzo formalizamos un noviazgo que terminó con nuestro matrimonio, en septiembre del año siguiente. Comenzó entonces a persuadirme de que, una vez abogada, abandonara mis actividades para dedicarme al hogar. Poco duró mi lucha interior, y contra las opiniones de mis parientes y amigos empeñados en que yo siguiera el trabajo emprendido desde 1909, prometí hacer todo a un lado. Aceptar el cariño bueno y sincero que Bassols me ofrecía y al que correspondía con mi amor y adhesión de toda la vida.
“En 1920 presentamos ambos nuestros exámenes profesionales, yo en febrero (su tesis, El trabajo de las mujeres), él en mayo. El 10 de septiembre de ese mismo año contrajimos matrimonio civil y religioso, este último accediendo a los deseos de nuestras familias. Fuimos a vivir a una casita en la privada del Álamo, por Santa María, y a partir de entonces mi actividad se concentró a nuestro hogar, en mi marido y con los hijos que empezaron a llegar”.

Todo para los hijos

Entre 1921 y 1925 Narciso Bassols dio clases en la Escuela de Jurisprudencia y atendió su despacho de abogado, actividades que interrumpió para ser, primero, consultor del Departamento de Salubridad y después secretario general de Gobierno en el Estado de México, con el gobernador Carlos Riva Palacio. Un cargo que ocupó por breve tiempo y durante el cual la familia de mudó a Toluca.
“En 1927 durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, Bassols redactó la Ley Reglamentaria del artículo 27 Constitucional en materia agraria y al poco tiempo publicó su obra La nueva Ley Agraria. En 1929 es nombrado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y dicta cambios que no gustan a los estudiantes. Se declaran en huelga pero él resiste con energía”.
“Nuestra situación económica fue mejorando, cosa necesaria porque tuvimos a nuestros seis hijos en ocho años, todos en escuelas oficiales y usando el transporte público. Alguna vez, durante las largas caminatas nocturnas que hacíamos por las calles desiertas de la colonia Roma, Narciso me dijo: ‘Nuestra posición en la vida, Clementina, debe ser ésta: nada para nosotros, todo para nuestros hijos. Educación, manera de ganársela vida, igual a hombres que a mujeres, pero herencia no. Yo no nací para capitalista’. A ellos, por mi parte, siempre les hice entender desde pequeños lo que significaba la honradez de su padre y esa enseñanza tuvo los frutos de una profunda comprensión, apoyo y cariño mutuos”.

Los hijos

(Clementina, maestra normalista; Narciso, ingeniero químico y maestro de Ciencias Matemáticas en la UNAM; Ángel, geógrafo por la Universidad Lomonosov de Moscú; Carmen, maestra de idiomas; Aurelia, licenciada en Medicina Rural del IPN e Isabel, bióloga).

La función pública

El presidente Pascual Ortiz Rubio nombra a Narciso Bassols García ministro de Educación Pública (1931), cargo en el que es ratificado por el presidente interino Abelardo L. Rodríguez (1932). Desde allí impulsó la educación rural y tuvo la osadía de llamar “educación sexual” a un programa de enseñanza de higiene personal, dirigido a los jóvenes. La poderosa reacción mexicana, escandalizada por tan grave atrevimiento y por una iniciativa para modificar el Artículo 3ro. Constitucional, se “le fue a la yugular”. Bassols, quien no desea causarle problemas al amigo, presenta su renuncia el 9 de mayo de 1934. Pero hete aquí que, ese mismo día, el mandatario lo hace su secretario de Gobernación. Aquí aguantará escasos cuatro meses.
Al asumir la presidencia de la República, el general Lázaro Cárdenas invita a Bassols a hacerse cargo del Ministerio de Hacienda. Pasados siete meses se produce la expulsión del país del general Calles, lo que obliga su separación del cargo. La biógrafa advierte aquí que no le corresponde exponer las razones políticas que provocaron la renuncia de su compañero, pero sí asegura que la amistad con el general Calles se mantuvo incólume.
Tan fue así que al poco tiempo Bassols García es nombrado ministro de México en la Gran Bretaña y delegado de la Sociedad de Naciones. Será memorable en ese foro la defensa que haga del pueblo etíope, atacado injustamente por la Italia fascista de Mussolini. Mucho más tarde, el emperador Haile Selassie, de Etiopía, le concede al mexicano su más alta condecoración y será esta la única que él acepte en toda su vida.
De vuelta en México, Narciso Bassols funda en 1937 la Editorial Revolucionaria, dedicada a traducir libros de economía y política. Abandona pronto la patria esta vez para viajar a España y solidarizarse con la República. En París recibe un telegrama del presidente Cárdenas nombrándolo ministro en Francia. Clementina, quien va con él, confiesa orgullosa haber acompañado a su esposo en la liberación de muchos españoles recluidos en cárceles y campos de concentración. Todos embarcados hacia México.
Bassols volverá a Francia en 1940 y cuatro años más tarde el presidente Manuel Ávila Camacho lo nombra embajador de México en la Unión Soviética. Clementina lo alcanza al término de la guerra. Ambos regresan a la patria en 1946. Nombrado consejero presidencial por don Adolfo Ruiz Cortínes, el traductor de Keynes se dedica a leer, escribir artículos periodísticos, dictar conferencias y a aconsejar a sus amigos.

La muerte

Narciso Bassols muere atropellado cuando pasea en bicicleta por Chapultepec, el 24 de julio de 1959. El diario New York Times le dedica un obituario calificándolo como “el opositor de los Estados Unidos de mayor calibre en América Latina”.
“Durante 39 años tuve el privilegio de llevar, al lado de Narciso Bassols, una vida de dignidad y honradez en la que nuestros puntos de vista diferentes fueron resueltos siempre con cariño y respeto. Gocé de la compañía de un hombre inteligente, humano, capaz de entender la vida, amarla y sacrificarse por seguir una línea ejemplar, una norma invariable de conducta, logrando vencer las tentaciones que doblegan el alma humana a través de toda la vida”.
“Fue honrado y no enriqueció a pesar de las oportunidades que para hacerlo tuvo. Honrado de la relación conmigo durante los años de nuestro matrimonio. Honrado, enérgico pero a la vez comprensivo en el trato con nuestros hijos. Honrado y leal con sus amigos. Honrado con México, al que dedicó su vida, al que volvía siempre, sin que lo deslumbraran las situaciones transitorias de que gozaba y en el que nunca perdió la fe. Los detalles íntimos de su vida los guardaré como su único legado para consuelo de mis días de soledad”.

La viudez

Días de soledad que no tendrá, por cierto. Al enviudar a los 70 años, la acapulqueña funda la Unión de Mujeres Mexicanas para demandar la igualdad de género en política. Aclamada como dirigente del Congreso de Mujeres celebrado en Santiago de Chile, del que surgirá el Comité de Auxilio Latinoamericano de Mujeres. Un organismo declarado non grato por las dictaduras del Cono Sur. Volverá a la URSS en dos ocasiones: en 1963 como dirigente femenil y en 1967 en calidad de invitada de honor a los festejos de la Revolución Rusa. Clementina Batalla de Bassols muere a los 93 años en Guadalajara, Jalisco, el 8 de noviembre de 1987.

Clementina Batalla de Bassols. Aspectos de mi vida. Diario, 1962

¡Ah!

Narciso Bassols García había nacido el 22 de octubre de 1897, en Tenango del Valle, Estado de México.