EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XV)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Marzo 16, 2017

Eutanasia

Quise dejar al final este capítulo considerando su interés actual. Al hecho de que están ocurriendo en el mundo acontecimientos que obligan a una reflexión severa y profunda dada sus implicaciones sociales, éticas, morales, jurídicas, religiosas, económicas e incluso políticas.
Eutanasia, también llamada muerte por piedad, acto o práctica de dar muerte sin dolor a personas que padecen enfermedades incurables o desórdenes de incapacidad física. Debido a que no existen para ella previsiones específicas en los sistemas legales, es considerada como suicidio, si la ejecuta el propio paciente, y asesinato si otro. La opinión de que la eutanasia es moralmente permitida viene de Platón y de Sócrates, así como de los llamados “estoicos” (seguidores de Zenón de Citio, Atenas, 301 a. C).
Modernamente, el movimiento organizado para legislar sobre la eutanasia nace en Inglaterra en 1935. Lo inicia el doctor Killick Millard con la fundación de la Sociedad Voluntaria para la legislación sobre la Eutanasia, luego llamada Sociedad de la Eutanasia. Una similar se funda dos años más tarde en los Estados Unidos.
El poder de la práctica médica moderna para prolongar la vida a través de medios tecnológicos, ha provocado la pregunta en torno a la decisión de médicos y los familiares en casos extremos de sufrimiento físico y emocional del paciente. Cuando este sea incapaz de escoger.

Eutanasia en Holanda

Hasta antes de 1973 la eutanasia era ilegal en Holanda. Una década más tarde la Sociedad Real de Medicina expidió “Reglas de conducta sobre la Eutanasia”. Entre ellas: informar al paciente su condición, pedir por lo menos la opinión científica de otro médico y desde luego la aceptación de los parientes, esto si así lo desea el paciente. Guardar los documentos de tales consentimientos.
En 1990 los médicos holandeses estuvieron involucrados en 11 mil 800 muertes, equivalentes al 9 por ciento de todas las defunciones del país. De estas, la mitad fueron catalogadas como “eutanasia involuntaria activa”, o sea, que los pacientes fueron asesinados. El Parlamento holandés legislará finalmente sobre la materia en 1995.

Eutanasia en Alemania

En 1920 se autoriza en Alemania proporcionar “asistencia para la muerte”, dejando todo bajo la responsabilidad del médico. El Departamento de Justicia lo consideró positivo en función del “interés humanitario”.
Para 1941, la eutanasia fue simplemente una rutina en el Hospital en Eglfing-Haar de Munich, bajo la dirección del doctor Herman Frank Muller. Y era que dos años atrás, Hitler había comisionado a los doctores Boahler y Brandt para autorizar en hospitales “la muerte por piedad”. Aplicable solo en caso de enfermos incurables y discapacitados. Y era que, de acuerdo con las cuentas del Fuhrer, asesinar a 200 mil de estos últimos significaba para Alemania un ahorro de 10 millones de marcos al año.
Enjuiciado en Nuremberg, al término de la Segunda Guerra, uno de aquellos comisionados, Brandt, justifico su acción: “Mi deseo fue ayudar a individuos que no se podían ayudarse a sí mismo, evitándoles la prolongación de sus sufrimientos y los de sus parientes”.

Doctor Virgilio Gómez Moharro, La moral médica en los albores del siglo XXI. Grupo “100 POR GUERRERO”, 1998.

Flora acapulqueña

Incluyo a continuación una descripción somera de la antigua flora de Acapulco, rica en multitud de especies que, por la singularidad de sus características, se distinguían de las de otras latitudes y que, por otra parte, había sido enriquecida con variedades traídas de lejano países.
Por los nombres originales o ingenuos con que los nativos denominaban a algunas plantas y la naturalidad al pronunciarlas sin ninguna malicia se colige la bondad o falta de picardía en que vivían los viejos moradores de Acapulco. Y así conocimos algunas plantas silvestres de la flora nativa con los nombres siguientes:
Gediondilla, curajiote, cuite’coche, lengue’sapo, tapaculo, cuite’gato, cuauhlote, chicayote, camichín, chicayoma, rascavieja, amargoso, pega-pega, madroño, chile’perro, guaco, guayabilla, guapinole, chilillo, toloache, timbiriche, panteco, carnizuelo, tronador, crucetillo, zuzuca, saladillo, teresita, garabato, colcho, escobilla, ortiga, pate’gallo, malamujer, uñe’gato, amezquite, perulera, tronador, jarilla y otros que se me escapan.
Como verá el lector, algunos de estos nombres están escritos en contracción o metaplasmo, tal como eran pronunciados. Es decir, en la forma peculiar de hablar de los nativos, aun conociendo escritura y pronunciación correctas.

Árboles frutales

Ikako o icaco. Planta originaria de Japón traída al puerto a finales del Siglo XVI. El virrey Luis de Velasco II habría poseído aquí una huerta de este fruto, localizada en el área convertida luego, con el nombre de Icacos, en asentamiento de negros. Existen dos clases de este frutal: uno es de color rosado jaspeado y el otro morado oscuro casi negro. Su única semilla es una cápsula en forma de peonza, cuyo embrión es una almendra también comestible.

Kaymito o caimito

Árbol de abundante follaje cuyas hojas son de un color verde rojizo. El caimito maduro es de color jaspeado morado y verde y la pulpa mucosa muy dulce parecida al “coco de cuchara”; la cáscara es correosa lechosa y pegajosa. Fue traído de Manila.

Mezón

Árbol corpulento de tupido follaje y fruto de pulpa dulce y carnosa parecido al mamey. Traídas de Luzón, Filipinas, las simientes produjeron aquí únicamente dos árboles y posiblemente en todo el país. Uno en el sitio que tomó su nombre (Barrio del Mezón y no Mesón), derribado por el ciclón del 30 de octubre de 1912. El otro mezón fue sembrado en el Barrio Nuevo, en el rancho de don Juan H Luz Borbón (1845 a 1895), adquirido más tarde por don Julio Adame Adams. Fue derribado por la Junta de Mejoras Materiales para ampliar la avenida Cuauhtémoc (hoy IMSS).

Marañona

Llegó de La India a través de Panamá. El fruto de la marañona es jugoso y de pulpa pastosa, hebruda. De sabor dulce la amarilla, agridulce la roja. Ambas son “tetelques” o sea que al comerlas provocan carraspera. Es la única fruta conocida en el puerto con la semilla exterior, semejante a la cara de un simio y conocida, asada u horneada, como nuez de la India. El jugo que segrega la marañona es muy cáustico y mancha la ropa en forma indeleble.

Pomarrosa

Originaria de Las Antillas donde se le conoce con el nombre de “yombo”. Su fruto es una especie de manzana pequeña y hueca en cuyo interior tiene una semilla redonda y flotante. La pulpa es maciza y de olor a rosas de donde recibió el nombre de pomarrosa.

Ilama

Árbol traído del Perú cuyo fruto es pulposo de sabor y olor muy agradables; sus semillas son capsulares y de un café barnizado que las hace muy llamativas. Nuestras abuelas nos heredaron un divertido juego practicado con tales semillas: “el patacón”. Cuando está a punto, el fruto se raja espontáneamente por uno de sus lados, de donde viene una sentencia acapulqueña para quien se retracta: “rajado como ilama”.

Rubén H. Luz Castillo, Recuerdos de Acapulco, Edición Acapulco, 1972.

La expulsión del Paraíso

Si bien el proyecto Punta Diamante se planeó con la finalidad de incentivar la economía y con ello reactivar el sector turístico del estado, dando a los guerrerenses la percepción de que el progreso estaba cerca, hoy el sentir popular manifiesta que el tan ansiado desarrollo está más lejos que nunca. Empezando por quienes sufrieron la confiscación de sus tierras con fines de utilidad pública, quienes manifiestan no haber visto hasta la fecha los beneficios de las expropiaciones en sus comunidades.
Lo único que ven son largas y altas bardas resguardadas por empleados de seguridad privada que les impiden el acceso a las playas. Playas que antes eran suyas y que fueron testigos de sus juegos y sueños de juventud, observando con recelo los altos condominios que sólo dan empleo a sirvientas y barrenderos los fines de semana o temporada vacacional.
También añoran las huertas de palmas y mangos así como los grandes corrales donde años atrás pastaba el ganado, en la actualidad se ven sembradas miles de casas protegidas por una muralla casi castillo medieval, donde los nobles marcaban sus diferencias con el vulgo. Estos tienen ahora que soportar las frecuentes inundaciones de aguas tanto pluviales como negras debido a que los muros que construyeron los desarrolladores inmobiliarios. Y es que estos, vendiendo idea de un status social, elevaron el nivel de sus construcciones para hacer alusión a su posición social.
Y qué decir de los pescadores que antaño se jactaban ante los buzos de su buena suerte para sacar grandes mojarras y carpas, cuando los tritones les respondían enseñándoles varias gruesas de ostiones y almeja reina recién extraídas de las profundidades la Punta Diamante. Qué pensaría Alexander von Humboldt al ver la deforestación de especies protegidas como son los palos de cera y los manglares. E imposible imaginar la actitud que tomarían los olmecas ante la profanación y destrucción de sus petrograbados de Puerto Marqués.
La misma forma de añoranza con la que recordarían Adán y Eva sus gloriosos días en el Edén. El mismo sentimiento hoy expresado por los antiguos pobladores del Sector Diamante. Arrepentidos de haberse dejado seducir, con manzanas en forma de papel moneda, con las promesas de una vida mejor que finalmente no les garantizaron la vida eterna llena de comodidades. Sí una nueva realidad llena de incertidumbre sobre lo que vendrá mañana.

Doctor Manuel Ignacio Var-gas y profesora América Rodrí-guez Herrera, UAGro, La vulnerabilidad del Paraíso, 1972.