EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XVIII)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 06, 2017

Habla Lucio

“… De esta asamblea en adelante ya se propone la propaganda, antes no porque ¿de qué íbamos a hablar? Ni combates comunicábamos ni ajusticiamientos ni nada que el pueblo quiere en México ni método de educación tampoco. Ahora tenemos idea ya clara sobre eso; es necesario puntualizar al darlo a conocer”.
“Entonces, meterse al pueblo, ser pueblo, es la primera tarea. Luego de allí sacar la enseñanza del pueblo, sacar la línea, sacar la orientación, es la segunda tarea. Pero luego, con eso, crear una organización, es el tercer paso. Conforme se mete uno en el pueblo un tiempecito, aprende del pueblo: uno ya es público, sacar la orientación y, al dar la orientación, empieza uno a organizar como se va pudiendo, aunque sea poquito va uno organizando. Esto coincide con el método que nosotros aplicamos: ser pueblo, aprender de él para orientarlo con su mismo modo y eso ya entra en lo que uno es. Ser clase uno, ser un proletario, es proletarizarse, empezar a proletarizar.
“La tercera cuestión es la organización, esa se empieza a dar casi pronto. Con lo poquito que va entendiendo uno, va organizando, aunque no se formen comités ni comisiones de luchas ni células, o de otro modo, que las puedan llamar con dos o tres gentes contactos, relaciones, eso también ya puede llamarse organización, porque ya funciona. Es el tercer paso.
“La otra cuestión es el estudio de la teoría, o sea, que nosotros debemos comunicarnos con los que se han preparado teóricamente, saber. Oye, ¿cuál es la obra que necesito de filosofía?, ¿cuál de materialismo histórico?, ¿cuál de guerra de guerrillas?, ¿cuál de la situación internacional, ¿qué leo yo? Dime tú, oriéntame y éntrale duro a los libros.
“El Partido de los Pobres, ¿por qué está atrasado teóricamente? Pues porque hemos trabajado poco y lo poquito que hemos trabajado es nuestra teoría, pero cuando ya trabajemos mucho será mucha nuestra teoría. Y entonces, ¿la teoría de los libros? ¡Ah!, pos de eso tenemos un fregadal, ¿no?”.

57 años

“Yo les digo que tengo estudiando teoría desde el primero de secundaria y ya tengo como 57 años, entonces por eso en esta cuestión no crean que es el problema de mucho estudiar, y esto no es una cosa que porque lo dice Lucio lo vayan a hacer. Yo los invito a todos, los muy teóricos: váyanse a enseñar al pueblo su teoría, ¿a ver? Y al rato les voy a contar el caso de un compañero que se enfrentó con los teóricos, les voy a contar un caso para que vean cómo chocan con el pueblo los teóricos, los que no sacan su teoría del pueblo.
“El quinto punto es la colaboración mutua entre las organizaciones, entre todos los grupos, colaboración mutua, o sea, ayuda de aquí para allá y ayuda de allá para acá. Les damos dinero: no tenemos, nos dan ellos; les damos mochilas, luego ellos tienen, ellos nos dan…
“Esas son todas las tareas, compañeros. Yo les puedo proponer combatir porque estoy de acuerdo con lo que dijo Dionisio. Eso de combatir ya es un gran hecho que depende de cómo andan trabajando allá. Y por más que los orientemos aquí ¿qué se puede hacer? ¿Ya que se van a reunir, lo van acordar y lo van a hacer? No, no depende de un acuerdo. Les digo que nosotros luego de que nos venimos al monte tomamos el acuerdo y teníamos el deseo de fregar a la judicial porque nos habían matado a la gente, pero no era cuestión de acordar, era cuestión de ver qué pueblo teníamos para que nos protegiera y nos diera de comer y todo eso; eso depende de cómo se ha trabajado ¿no? Por eso ¿para qué les proponemos, compañeros de Tamaulipas, éntrenle a los balazos?
“Y no se trata aquí de presumirles, de que porque nosotros echemos balazos, también ellos allá. Por eso es bonito jalar, que se desaten los combates allá, lo deseamos, pero resulta que este deseo no está de acuerdo con la realidad de allá. Si no se ha hecho trabajo con el pueblo, allá, de orientación, de organización, no puede haber combate. Y si aventamos a la gente a hacer actos armados como ha pasado ahorita en México, en Monterrey, en dondequiera, grupitos de compañeros muy estudiosos de todo, muy teóricos y le quisieron entrar luego a los militares. Y a ver, pues, luego entra el Ejército, o quien sea y los agarran y ¿dónde se esconden? En los hoteles. ¿Por qué no en las colonias, en los barrios con los obreros, con los campesinos? Pues no tienen pueblo, eso lo dijimos desde el principio.
“Y como ya dijimos: estos grupos que están sin pueblo intelectualizado no es el defecto de la revolución, es el principio de la revolución, porque se van a convertir en revolucionarios y estos compañeros ya se están uniendo al pueblo. Estas son las proposiciones que yo les doy como tarea para el movimiento general”. (Profesor Lucio Cabañas Barrientos, Partido de los Pobres).

Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanza. Luis Suárez, ediciones Roca, 1976.
Cien años de lucha de clases en México, (1876-1976). Ediciones Quinto So1, 1985

Acosta Chaparro, morir en la ignominia

(I)
Mario Arturo Acosta Chaparro Escápite atraviesa la historia guerrerense como una maldición… Llegó a Guerrero en 1974 como parte de una compañía de fusileros paracaidistas. Nunca combatió a la guerrilla en el campo de batalla; él y el teniente coronel Quiroz Hermosillo se encargaron del trabajo de inteligencia.

(II)
El no rescató al senador Rubén Figueroa; lo hizo el mayor Elías Alcaraz, al mando del agrupamiento Vicente. Acosta Chaparro se adjudicó la hazaña porque, en efecto, fue el encargado de identificar y recibir el cuerpo del guerrillero (Lucio Cabañas) ya bañado, peinado y limpio de sangre.

(III)
A Rubén Figueroa Figueroa, el mayor Acosta le vende la idea (en parte cierta) que varios reductos guerrilleros se reorganizaban en Acapulco y otras ciudades. Entonces el terror que conoció el mundo rural de la Costa Grande se trasladó a varias ciudades guerrerenses. Cambiaron los métodos, ya no había vuelos de la muerte; a los detenidos se les hacía tragar gasolina mediante un embudo y después eran fusilados con balas incendiarias, arrojando un bocanada de dos metros de lumbre, que celebraba con una carcajada el inventor del método: Francisco Quiroz Hermosillo.

(IV)
Cuando llegó a Guerrero Acosta Chaparro venía de Fort Bragg, de la institución militar conocida como Escuela de las Américas. Allí le enseñan tácticas antiguerrilla y tortura. No sabemos porqué el centurión escogió la opción más deleznable, la que lo marca para siempre como un sujeto cruel y sin escrúpulos. En el combate frontal a la guerrilla nunca estuvo, como si estuvieron el teniente coronel Casani Mariña (responsable del 27 batallón de Atoyac), el mayor Elías Alcaraz, que rescató al senador Figueroa, el general López Ortiz, el general Enrique Cervantes Aguirre, el general Ramírez Garrido Abreu y el general Lasso de la Vega, el único que pudo emboscar a Lucio Cabañas en la sierra de Tecpan, aunque con un resultado desastroso.

(V)
La muerte del centurión es un hecho lamentable. No sólo por su calidad de ser humano (aunque en ese ser humano se acumularan insanas pasiones e infinitas crueldades). Es lamentable porque era un personaje que conocía muchos detalles de algo que la sociedad guerrerense y mexicana necesitan esclarecer. Desde hace tiempo tengo la impresión de que Acosta Chaparro ya quería hablar de esos temas.
Él siempre se concibió como un investigador político, no como un represor; en ese talante entregó información muy valiosa a varios escritores e investigadores.
En Los informes Secretos, Carlos Montemayor relata una escena en el comedor de Banca Cremi donde el Objetivo (o sea, Montemayor) recibe una información. Era una reunión de chihuahuenses: Acosta Chaparro, como Montemayor, era de Chihuahua.

Tomochic

En una ocasión, en 1976, estando como jefe de todas las policías de Guerrero, sorprendió al periodista Anituy Rebolledo leyendo Tomochic, la célebre novela de Heriberto Frías que habla del levantamiento rarámuri contra el gobierno; levantamiento que igual que el de Lucio Cabañas, fue aplastado con crueldad por el Ejército federal. Heriberto Frías participó en la represión que prácticamente desapareció al pueblo y sus habitantes; el hecho lo marcó tan hondamente que escribió la novela y la publicó por partes con un seudónimo, en 1895. Cuando el ejército se enteró que era Frías el que había escrito el documento lo degradó y lo sometió a consejo de guerra. Fue mucho tiempo después, en 1906, que la novela pudo publicarse completa.
Cuando Acosta miró lo que estaba leyendo el periodista se apresuró a decirle que había sido una cruel injusticia contra el pueblo de indígenas y que uno de los protagonistas (que lleva los apellidos del entonces mayor), era su abuelo. Acosta quiso escribir su experiencia como centurión y sus afanes dieron como resultado un mamotreto que se llama Movimientos Subversivos en México, que publicó en 1990. El libro es un compendio de organizaciones guerrilleras y sus militantes; está plagado de errores, dice que algunos muertos viven y da por muertos a otros ciudadanos que gozan de cabal salud.
Con el peso de su edad y el peso moral de aparecer como un represor inhumano, es de creerse que Acosta estaba a punto de revelar datos que sólo él conocía, de las represiones en la que participó y de las negociaciones de Felipe Calderón con los cárteles que dijo combatir. Su muerte por hierro desaparece de un solo golpe la posibilidad de que pudiera comparecer en un juicio por desaparición forzada de personas. Visto desde otro punto de vista, su inmolación pudiera facilitar las investigaciones de la recién creada Comisión de la Verdad. Con él se va el principal y uno de los pocos sobrevivientes de la infame represión de los 70. Finalmente, el objetivo de las comisiones de la verdad es la reconciliación y no la venganza.

Octavio Navarrete Gorjón. Perfiles.
Libros del Sol, 2016