EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XX)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 20, 2017

Un abrazo cariñoso para Magdalena Cisneros Sánchez, solidarizándome con su pena por el deceso de don José Cisneros Santiago, su señor padre.

Luis Manuel Torres

Luis Manuel Torres Zayas llega a Acapulco en los novecientos del siglo pasado. Procede de la ciudad de México y bien precedido de buen nombre como poeta, novelista y periodista. Se subraya la humildad de sus orígenes además de un ejemplar autodidactismo. Hombre modesto por definición, no hace gala de once libros de poemas, novelas y otros temas publicados con su seudónimo de Malgré Tout. Pocos textos firmados con su nombre de pila y entre ellos un extraño “Manual de Carpintería”, oficio que, por cierto, desempeñará aquí con éxito notable. A partir de entonces será “El Carpintero”.
Colaborador habitual de las revistas Sucesos para todos, Amenidades y Revistas de Revistas, entre otras publicaciones der circulación nacional, aquí edita el periódico Puerto (15 de marzo de 1977) en formato tabloide de hasta diez páginas y periodicidad imprecisa. Una auténtica hazaña en tanto que él, octogenario, cegatón y sordo como una tapia, reportea, redacta, edita, corrige, imprime y por supuesto distribuye. Su único voceador y escudero fue Pancho Escorcia, cuyo expendio de periódicos y revistas continúa hoy mismo en el Zócalo. También uso los seudónimos de Leonardo Casallar y Juan de Grama.
Convertida su pluma en lanza quijotesca, El Carpintero combatió los molinos de viento de la corrupción en la vida pública de Guerrero. Lo mismo hizo con algunos periódicos y periodistas del puerto a los que acusaba de “coro cómplice y abyecto de la podredumbre del poder público”. Recibió, no obstante, uno de los premios del “Certamen estatal de Periodismo 1982”, convocado por el gobierno del Estado. Un grupo de empresarios locales e incluso políticos en el candelero sostuvieron económicamente la existencia de Puerto, aportaciones condicionadas al anonimato.
Don Luis Manuel Torres Zayas –güero, alto, espigado, frente amplia, pelo cano–, fallece aquí el 9 de octubre de 2003. Había sobrepasado cuatro meses a los 90 años, lucidez notable. El Búho, un relato, autobiográfico, fue su trabajo postrero. “Escribir poesía es para mí es como respirar” –solía confesar. “Cada verso es una gota de sangre que mana de una herida en mi corazón”. Entre sus muchos poemas: Acapulco, La Patria es primero, Avaricia, Salvaje, Humo, Honor al poeta, Pobrecillo, Una cualquiera, Cómo duele, Muérete ya, y uno épico y premonitorio:

Agonía

México, te estas muriendo / y yo agonizo contigo. / Me dueles tú y más me duele / mi pequeñez, mi impotencia / para restañar la herida / por la que se va tu sangre / que en el surco fue maíz, / en los labios un corrido/ y en el espíritu un vivo / orgullo de ser de ti / Como acuarelas clavadas / en las paredes del alma / te llevo dentro y cerrando / los ojos vuelvo / a recorrerte, mozuelo, / por las calles empedradas / que eran tambores de piedra / para los cascos del penco / que mi padre me prestaba.
México, te estás muriendo, / te desangras, gota a gota, / por la herida en el costado / que con la lanza del tiempo / te hiciera la indiferencia / de implacables fariseos ;/ gota a gota se va yendo / tu frescura de chinampa, / tu prestancia de amapola / y tu olor a yerbabuena; / gota a gota se va perdiendo, tu diáfana transparencia / y se ha muerto, sofocada por el humo, la blancura / de tus cercanos volcanes/
México de mi nostalgia / que te conocí de barro / en la cazuela vidriada, / que evocabas en la gracia / de tus pequeños jarritos / el nombre de las mujeres / que me amaron o que amaba, / agonizas en el plástico / y mueres en aluminio / México de los palacios / esculpidos en el basalto / exornado en la cantera / o sangrante en el tezontle, / degeneras en cemento / que trueca la majestad de tus viejas catedrales, / en adefesios que fueron perfectos para un mercado / de abastos de la ciudad.
Mi México de un centavo, / centavo de tejocotes, / centavo de capulines, / un centavo de pepitas / para morder en la sombra de una película llena / de ingenuidad y asombro / Cuentecillo de Calleja / de sugestiva portada / que en un centavo me daba / un caballo que volaba / o el gigante Polifemo / que en su castillo guardaba / una princesa encantada.
Frugalidad que en centavos / daba de comer al indio / que ahora padece de hambre / en un país que baraja / millones y más millones y sin embargo no tiene / la humildad del centavito / que la plata ennoblecida; / plata que en el aire era/ como una llamita blanca que aleteara y al caer, / águila o sol decidía / la de ganar o perder; / ya no hay sol en tus monedas / que en el turbio cuproníquel, perdieron toda su luz / para hacer de tu volado, un ajeno cara o cruz.
México te estas muriendo / y yo agonizo contigo. Ya está ondeando en la torre / de tu tradición las barras con las múltiples estrellas / de tu vecino del norte / que te robó territorio / y ahora, taimadamente, / sonriendo a tu inermidad, / te explota en diez mil empresas / que han convertido a tus hombres / en siervos de una avaricia / disfrazada de amistad. Como una boa gigantesca / te está engullendo Tío Sam; / deglute tu vieja música / en su plañir de vaqueros o en la epilepsia sonora / de sus guitarras eléctricas.
“El rebozo, descendiente / de la mantilla española, / atuendo , cuna y cobijo, / que en la seda y la bolita / fue en lo pasado trasunto / de mantones de Manila, / no existe ya, se ha perdido / como se perdió la manta, de los corpiños bordados, / como se perdió la suave tentación de la cambaya / y el crujido del percal; / como se perdió el recato / de tu mujer provinciana / que hogaño se contonea / en pantalones calientes / de mezclilla avejentada / y a su paso va encendiendo / la llama de la lujuria / que muchas veces crepita / en un piropo procaz.
La televisión te vende / como vende a sus pupilas / la lenona de un burdel; / te quita los pantalones / para enfundarte en un jean / y a la par que ha convertido en cocaadicto a tu pueblo, / te atiborra de hamburguesas, / de pollo frito a lo Kentucky / y de hojuelas de maíz. / Hace de tu cara face, / convierte el cartel en poster, transforma la leche en milk, / de los hombres hace men / y en sendas motocicletas coloca a dos marimachos, / trepando por un alcor / para con cuatro absorbencias y una segura adherencia pregonar que se ha perdido / la discreción y el pudor.
México te estás muriendo y yo muero en tu agonía. / La raza que poseía / ese difícil secreto, / esa inigualable gala / de la palabra –cristal, / que se encendía en un soneto / como una luz de Bengala / o era de un beso el chasquido / cuando vertía en el oído / de la amada un madrigal, / para siempre se ha perdido. / Así como corrompieron/ el agua del manantial, / corrompieron tu poesía, / de la entraña te extrajeron / la ingenuidad del corrido, / que lloraba o que reía y tu voz, que en el ayer era clara y musical, / se ha transformado en un ruido / de happening o taller.
México, te estás muriendo / y yo agonizo contigo, / he de ver cómo te mueres, / cómo te dejan morir / fingiendo que te rescatan / del pantano de ignominias / en que hicieron caer. / Ardiendo en ira he de ver / que en tanto abruman los aires / con sus campanudas voces, / dejan que sigas muriendo / carcomido por el cáncer / que arrasa todos tus bosques / y ha convertido en erial / lo que antes fuera vergel.
Dejan que mueras viviendo / en los jóvenes que ahora, / sin padres, sin ley ni Dios, / han convertido el amor , en aparearse de bestias / y el ensueño en una onda/ de mariguana y alcohol, / pero sobre todo, México, / te estas muriendo en los hombres, / ni en el indio ni en el criollo / existe ya la excelencia / peculiar de tus ancestros; / el valor, el estoicismo / de los caballeros águilas, / el denuedo y la osadía que nos legara Castilla, / se ha perdido en una unánime / temblorosa cobardía / que mal disfraza un machismo/ de piquera de arrabal; / en pasividad de bueyes / dóciles a la coyunda del mandato del más fuerte / o proclive a la “mordida” que hace legal lo ilegal.
Moctezuma, Ilhuicamina, / Chimalpopoca, Cuauhtémoc; / Hidalgo, Morelos, Juárez / o Belisario Domínguez, / tan solo sirven de adorno / para los libros de texto, / de vergonzoso pretexto para proyectar el YO / en rimbombantes discursos; / los aman porque originan/ una evasión al trabajo / pero nadie los emula / pues parece que no hay uno / que sienta y quiera a la patria.
Para triunfar, en política, / se necesita ser práctico, / adaptarse al medio ambiente, / disciplinarse al partido, / convertir en Dios a un hombre, / uncirse a la dictadura, / obedecer la consigna/ por arbitraria que sea ,/ alcahuetear el enjuague / y salpicar al de arriba; / comprar o vender la ley, / considerar un estorbo / orgullo, casta y honor / haciendo seis escalones, las seis letras de tu nombre/ repetido unciosamente, / alcanzar muy altos puestos / o llegar a senador.
México, te estás muriendo y he de ver cómo te mueres / aherrojado en mi impotencia; / sin titubear dejaría que me arrancaran los ojos / si supiera que con ellos / pudieran verte y sentirte como te siento y te veo / mi corazón les daría, / mis nervios, mi vida toda si es que con ello pudiera quitar al pueblo el estigma / de una sumisión bovina; / si es que con ello pudiera acabar con las miríadas de ventrudas garrapatas / que están chupando tu sangre ;/ pero es inútil, su sabes / que llevo ya muchos años tratando de defenderte, / de hacerles ver que agonizas, / que sin cesar te devoran/ con colmillo de rapiña; / les he escupido a la cara/ su constante demagogia, / he delatado ladrones/ y señalado farsantes, / y en tanto que yo agonizo / amordazado en la celda, de una franca hostilidad , el demagogo es ahora / ilustre gobernador, / el ladrón se ha convertido en recaudador de rentas / y el farsante ha sido enviado a Europa de embajador.
México te estás muriendo y yo agonizo contigo / esperando ansiosamente / el final de mi agonía / y doliéndome la muerte, pues no morirás conmigo, / porque sé que gota a gota / te seguirás desangrando / apagándote en el viento, /resecándote en la tierra / y amargándote en el agua; / que seguirás siendo México, / como es la flor apresada / en las páginas de un libro, / pétalos sin colorido, / sin frescura y sin olor; / pero en tanto que no llegue / la ansiada liberación, / por el amor que te tengo / y el respeto que me debo, / es necesario que siga / haciendo cumplido honor / al orgullo de llevarte / indemne en el corazón.
Y cuando el león de mi espíritu / ruja de nuevo en la sombra, puede ser que tú lo escuches y acompases su rugido/ rugiendo tú en el torrente ;/ y cuando mi mano sangre golpeando muros de piedra / acaso sientas su empeño / y en todas las bugambilias / hagas florecer la herida ;/ y cuantas veces, vencido,/ retorne de la jornada / a llorar como lloraba / cuando se moría mi padre ;/ puede ser que lo recuerdes / y llores por mí amargura / en el agua de las fuentes.
México, te estás muriendo y yo agonizo contigo…