EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXI)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 27, 2017

Carrizo

El ecosistema casi virgen de Acapulco (Acatl: carrizo; pol, destruir; co, en el lugar: “en el lugar en que fueron destruidos los carrizos”), cuando los nahuas empezaron a poblarlo. Lo formaban flores y frutos exóticos lanzando sus fragancias al viento y dando acentos de color al verde follaje. Allí estaba el aguacatl o aguacate (“creo la mejor fruta en sabor y virtud de toda la Nueva España”: Fray Toribio de Benavente, “Motolinía” 1549), la zarzamora, las uvas silvestres, el cacao, las palmas (hasta de doce especies). Bajo sus sombras, las orquídeas eran las más hermosas flores de una maravillosa y multicolor sinfonía.
Millones de insectos pululan y las pipiolinas (abejas) polinizan sin discriminaciones y sobre las ramas la algarabía de los ozomatlis (monos) y las quetzato-totl (aves de rico plumaje). La seriedad filosófica del teco-lotl (búho), el mundo visto al revés de los quimich patlán (murciélagos) colgados de sus ramas. La charla ininteligible de los alo y los toznene (loros y papagayos); las papalotl (mariposas) son flores que vuelan y entre las raíces y agujeros se mueven los quimichin (ratones) y con muchas prudencia esconde su nido la zolin (perdiz).
Los demás animales de la selva medran, cazan y son cazados por senderos y aguajes. Por los caminos que traza el coyo-metl (jabalí), se mueven el tlacuatzin (tlacuache), el ayotochli (armadillo), la cozatli (zarigüeya), y los tochtli (conejos), perseguidos todos por el mapachtli (mapache) y el coyotl (zorro). Avisa a la selva de estas cacerías con sus chirridos premonitorios el cuautechalot (ardilla), y el izquie-patl (zorrillo), está listo para disparar sus odoríficas emanaciones. Los huexolotl (guajolotes), huyen seguidos de las totol (gallinas), alertando al príncipe de la selva, el mazatl (venado), que ventea a los cuatro puntos cardinales y tiembla vibrando sobre sus patas listas para lanzarse en veloz huida.
Esto último cuando le llega el olor del ocelotl (jaguar, o tigre manchado) que avanza hacia él. Su instinto le aconseja no internarse en la selva porque, escondido entre las ramas, lo puede estar esperando el tlalocelotl (jaguar pequeño) y si hay pedregales lo podrá emboscar el ocotochtli (gato montés). Una rápida decisión lo lanza hacia la llanura logrando su gran velocidad librarlo del xoloitzcuintle (perro lobo salvaje) , hasta llegar a uno de los arroyos del puerto en los que abunda el michín (pez), el acuicilin (camarón), el axolotl (ajolote), el acachtl (langostino) y pueblan sus alrededores la cue- yatl (rana) y el acuacua (sapo).
A la orilla de los manglares y tulares toma el sol perezosamente el acuetzpalin (lagarto) y con falsas lágrimas el cipatli (cocodrilo americano), queriendo ambos convencer al atlalacatl (pato grande) de sus buenas intenciones. Con barrenas suicidas el acitli (pato buzo) consigue su alimento: atlan chane (pescado) mientras ondula libremente la tlilcoatl (serpiente de agua) bajo la temerosa mirada de la aztatepiton (garceta) y la majestuosa belleza de la aztatl ( garza blanca).
En las playas que bordean a la bahía , la ayotl (tortuga, caguama) viene a depositar su huevos (atecuicitli) en agujeros que se confunden con los hogares de los chiquiliques (crustáceos parecidos a las cigarras terrestres), mientras que en las rocas toman el sol la cuauhcuetzpalin (iguana) y la lagartija (cuetzpalin). Arriba, el tzopilote y la cuahtli (águila) sobrevuelan en pos de comida.

Ernesto García Moraga, cronista de Acapulco (1984-1988). El medio físico histórico, horizonte preclásico nahua. Editorial municipal, 1989

Salud: tips y alertas

Tip: Ejercita tu respiración con un globo grande que requiera de un soplido fuerte. Toma el aire por la nariz y sopla con la boca. Hazlo diariamente por unos minutos, pero sin exagerar.
Alerta: Son los signos de la deshidratación: aumento de la sed, resequedad en la boca y la lengua hinchada. Debilidad y mareo. Palpitaciones, confusión y lentitud. Incapacidad para sudar. Disminución de la diuresis (orina concentrada y con profundo color amarillo o ámbar). Las bebidas alcohólicas aumentan la sensación de sed y favorecen la deshidratación.
Tip: El agua debe tomarse en pequeños sorbos durante todo el día y preferentemente entre las comidas, ello para no interferir con la digestión.
Alerta: Los trastornos alimenticios son comunes y muy peligrosos. Estemos alertas ante la anorexia, la bulimia, la ortorexia y la compulsión alimentaria.
Tip: Falsas señales de hambre: la sed puede hacer que pienses que la tienes. Los antojos o el deseo de comer no siempre quiere decir que tienes hambre. Las emociones como el enojo, la tristeza o la soledad pueden generar el deseo de comer. También pueden generarlo factores externos como “la hora de comer” o eventos sociales.
Tip: Los azúcares ayudan a fijar las grasas, ayúdate bajando su consumo.
Alerta: Evita la frituras: retardan la digestión hasta por 20 horas.
Alerta: La ausencia de actividad física es considerada el mayor factor de riesgo por la American Heart Associatión. Las personas sedentarias tienen una mayor incidencia de enfermedades coronarias, en comparación con las que hacer ejercicio habitualmente.
Tip: Según estudios médicos, el nivel de glóbulos blancos en una persona saludable aumenta un 25 por ciento después de tres días de ayuno. Esta práctica es muy eficaz para bajar de peso y desintoxicarse. Sin embargo, es importante asesorarse antes de hacerlo.
Alerta: Estudios afirman que el sueño es tan importante como el alimento y el ejercicio. Sostiene, incluso, que es posible que el dormir evita la diabetes, la presión alta y la obesidad. No dormir bien es también causa de concentraciones elevadas de cortisol que puede provocar la pérdida de la memoria.

Fernando Álvarez. En busca de una mejor calidad de vida. Una guía para todo aquél que quiere darse otra oportunidad. Acapulco, enero de 2013
El Acapulco que amé

En el Acapulco que amé desde mi infancia, han existido y existen nombres de popularidad innegables por las diversas razones de su significación. Nombres usuales, ejercidos por los labios del pueblo que al pronunciarse se identifican de inmediato , con la región física y humana del paisaje acapulqueño.
Juan R. Escudero, la señorita Chita, Eduardo Mendoza, J. Felipe Valle, Chabe Caballero, Rosa Gómez, el Mocho Sutter, Tomás Diego y Julio su hermano, el padre Leopoldo, Marianita Altamirano, Chendo Pintos, la Güera Leandra, Nicéforo Rico, don Obdulio –así, a secas–, San Millán, Caicero, el Cachafo, el Popudo, la Ñeca, Mariscal, María Arrieta, Amado Olívar, Cándido Apac, Gume Limones, Doña Balbina, “el amigo” Víctor, Polanco, Beto Escobar, Pillo Rosales, William Mc Hudson, doctor Pangburn, Buitrón.
Manolo Pérez, Pedro Huerta, Toño Rosas, El Espanto, Quirino, Bono Batani, Clemente Mejía, Fulgencio Escudero, Pepe Villalvazo, Jorge Joseph, Carlos Barnard, Miguel Guajardo, Pulen, el licenciado Pérez, Rosita Salas, Vilma Villalvazo, Chamón Funes, Calín Pintos, Concha Hudson, Pérez Solís, Pepe Polin, y su hermana Julia, Baltazar Hernández, Sócrates Muñiz, Nacho Victoria, Beto Barney, Juan Caballero Aburto, Carlos E Adame, Daniel Sánchez.
Toño Pintos, Antonio Gayón, Raúl Walton, Felipa Valverde, Homero Castilleja, Roberto Palazuelos, Julio Fernández, Lamberto Alarcón, Cobitos, César Bajos, Filiberto Arredondo, Mario de la O, José Osorio, Oscar Caligaris, Pancho Juárez, Ramón Guillén Salas, Fernando Castañón, Fernando Calderón, Teófilo Berdeja, los Morlet, Enrique Muñúzuri, Cuquita Massieu, Montaño, Lola Estrada, Tino González, Luis Bello y Silvestre Basura

Alejandro Gómez Maganda. Acapulco en mi vida y en mi tiempo. CEM, 1984

Dos héroes

Los héroes a quienes me refiero son modernos y su heroísmo consistió en llegar antes que nadie a los desiertos llevando el progreso y la base de su futura prosperidad. De dos de ellos deben figurar en esta narración y llevan por nombre Enrique Weeis y Baltazar Fernández, sajón el primero y español el segundo.
Es Weeis alto, arrogante figura, de finos modales y superior educación, hombre de mundo en el más amplio sentido de la palabra. Como apoderado general de la compañía ferrocarrilera y platanera Mexican Pacífic, Co, pasó de Costa Rica a México, estableciéndose en Acapulco para iniciar e impulsar el cultivo del sabroso banano en la costa de Guerrero. También para llevar a cabo la construcción de una vía férrea que, partiendo de Acapulco, llegara a Zihuatanejo para dar salida a los frutos de tal cultivo.
A Weeis se debe la fundación de la hacienda platanera El Buen Lucero, próxima al poblado de Cahuatitán, al sur de Coyuca de Benítez, habiendo establecido en ella un vivero con más de un millón de plátanos jóvenes dispuestos a ser trasplantados. Don Enrique, quien habla español sin acento, los ofrece gratis a quienes lo soliciten. Está convencido de que la Costa Grande será un venero de riquezas cuando se inaugure la vía férrea que él mismo dirige.
Por su parte, don Baltazar Fernández es un hombre de mediana edad, tipo cumplido del montañés español que, con el sudor de su frente, ha sabido ganarse una fortuna envidiable. Vive desde hace veinte años como soberano en El Arenal, preciosa hacienda emplazada a orillas del río de San Jerónimo (de Juárez). Es dueño de cuantas tierras alcanza la vista (casi 20 mil hectáreas), en las que pueblos y hombres son de su exclusiva pertenencia. Su hermano Rafael hallase en Acapulco al frente de la casa de comercio, fundada por sus abuelos en los albores del siglo XIX.
Hasta que los Fernández iniciaron el cultivo del algodón y montaron su fábrica de hilados y tejidos El Progreso del Sur (en el Ticuí, Atoyac de Álvarez), nadie soñó con ello en la comarca. Cuando en tan lejanos y recónditos parajes se lleva a cabo empresa semejante, de heroicidad puede calificarse el trabajo.
Si yo fuera joven, decía yo a los compañeros de viaje, con gusto me quedaría en estas tierras, seguro de labrarme un buen porvenir en pocos años. Por desgracia, faltan aquí brazos y los campos cultivados se ven como oasis en medio del desierto, hasta hoy casi olvidados.

Salvador Castelló Carreras. Diario de viaje por el río Balsas y la Costa Grande de Guerrero, 1910. (fragmento). Gobierno de Guerrero y F. C. E. 1990