EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXV)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 25, 2017

A la memoria de
Efrén García Guillén,
un periodista acapulqueño
que se habló
de tú con las estrellas.
Descanse en paz.

Las calaveras

Las calaveras son formas literarias integradas de tiempo atrás al folcklore nacional y son singulares expresiones de la forma muy particular que tienen los mexicanos para honrar a sus muertos. Sus orígenes se remontan al siglo X1X y mantienen hasta nuestros días una vigencia notable como expresiones de la cultura popular.
Son las calaveras versos festivos, satíricos, irreverentes por definición, que juegan con el tema de la muerte. Están dedicados a canalizar sentimientos que en otro contexto sería difícil expresar y entre ellas algunas situaciones poco gratas de la vida cotidiana. Se subrayan virtudes y debilidades del personaje al que van dirigidas, siempre en función de la muerte. Estrofas utilizadas en distintos momentos de la historia para desnudar a los poderosos, exhibiéndolos en la picota de la burla y el ridículo, tan letales como las balas mismas.
Esta tradición popular no ha perdido vigencia y de ello se han encargado muchos medios impresos, acostumbrados a publicar cada 2 de noviembre secciones especiales o suplementos con las burlonas calaveras. Resulta imprescindible el acompañamiento de tales textos con dibujos clásicos de La Catrina o Calavera Garbancera, creada por José Guadalupe Posada y bautizada por Diego Rivera.

Anita Martínez

Las calaveras que hoy aquí presentamos son obra de la señora Ana Martínez Rivera, dedicadas en su momento al personal de su entorno laboral. Fungía como secretaria del secretario general del Ayuntamiento de Acapulco. Una secretaria de lujo que no necesitaba, por ejemplo, que el jefe le dictara, simplemente el asunto. Y ya estaba el oficio de pulcra redacción y limpia ortografía. Anita sacó de apuros no solo a sus jefes sino al propio presidente municipal cuando se trató de armar urgentemente un discurso sin “grilla”. Uno para exaltar, por ejemplo, las virtudes de alguna dama notable de visita en el puerto.
Anita fue la autora secreta del Testamento del Mal Humor, un texto leído en el Zócalo al iniciarse las fiestas de carnaval el que, por cierto, no dejaba títere con cabeza. Se trataba de la herencia el malhumor para las jerarquías políticas, mismas que eran arrastradas por las calles junto con los despojos humeantes de aquella grotesca marioneta. Se condenaba la “mañosería” (hoy corrupción); la “lelés” (de lelo) y la “babiequéz” (de babiecas) de algunos gobernantes y funcionarios. No faltaba la “verriondez” (de verriondo) de no pocos y la “mequés” (de meco) de quienes mandaban en el puerto. Y más y más.
¿Qué cómo llegaron los textos de Anita a nuestras manos?
Digamos primero que nuestra querida amiga sufre las severas limitantes de la pérdida de la memoria (alzheimer) estando bajo el cuidado de su hermano mayor, Gilberto Gil Martínez. Hijos ambos de don Constancio Tancho Martínez Ramos, una leyenda en el gremio de los trabajadores portuarios, por su irreductible defensa de los derechos laborales, pero principalmente por sus manos limpias en un mundo de rapiñas. Un líder insobornable que no ha merecido hasta hoy, el más mínimo reconocimiento por parte de los trabajadores de la CROM, que él fundó.
Aurelio Peláez Maya, creador de Kafkapulco, (“habitado solo por lo inesperado”), frecuenta a Gil en busca de sorpresas en los archivos de Don Tancho. Fue así como dieron con las hojas sueltas conteniendo las calaveras de Anita, incluso con las calacas dibujadas por ella misma. Fue Aurelio el que propuso poner los textos en manos de quien esto escribe (“a ver si quiere publicarlas en sus Plumas acapulqueñas, de El Sur”). Y tan quiero que aquí están:
(Advirtamos que las identidades de los personajes “calavereados” se han encubierto lo más posible. Excepto, claro, la de la autora).

La campaña

Terminada la campaña
ya calmadas las pasiones,
la muerte con su guadaña
llenó a tope los panteones

Después del “¡Sí se puede!”
que terminó en “¡No se pudo!”,
sin hueso no hay quien se quede
(¡hay que ponerse abusado!)
en tratos con “El Coludo”
anda más de un licenciado.

Tumba fría

Recorriendo los panteones
vaga una sombra indiscreta
de turbadora silueta.

Dicen sus admiradores
que ya vieron a Patricia
dándose sus atracones
en cada ofrenda que había,
saboreando con delicia
los manjares que engullía,
enviándola una congestión
a la tumba blanca y fría.

Don Mario

Ni en el IMSS o el Hospital,
tampoco en el Dispensario,
diagnosticaron el mal
que “petateó” a don Mario

Llegó el momento fatal
y antes de clavar el pico
ordenó su voluntad final:
ser velado en el “Bar Chico”

Tito

A Tito, en cambio, La Flaca
lo sorprendió “coyoteando,”
cuando en Tránsito una placa
ya le estaban entregando
A rastras se lo llevó
como siempre, renegando

Por su lenguaje florido
Fernando fue el encargado
de pronunciar la oración,
pero, ¡oh!, gran decepción,
nadie entendió lo que dijo
por su enrevesada dicción.

Secretaría municipal

Pasó La Pelona impía
por esta Secretaría
con poco o ningún respeto.
De las chicas más bonitas
se llevó carro completo;
Norma, que es la más chiquita,
se fue por medio boleto.

Arrasó por el pasillo
con cuatro o cinco huevones,
que están nomás de mirones
platicando muy a gusto
“cotorreado” a las chamacas,
Ahora entre tantas calacas
“no se la acaban” del susto.

El comandante Sotelo
quiso hacérselas de tos
sacando su “tartamuda,”
en cambio el tal Carmelo
hasta fue a pintarse el pelo
pa’ gustarle a La Huesuda.
Viendo llegada la hora
buscó la muerte malora
a Ana Martínez Rivera,
pero ya el “patas de chivo”
la mandó rápidamente
hasta el fondo del archivo
y estas tristes calaveras
quedaron en su expediente.

Don Félix

Cuando Félix se murió
hubo manifestaciones
de sentimiento y dolor.
Era un rompecorazones
que muchos hijos dejó

A unos quiso, a otros negó,
pero a ninguno mantuvo
y de tantas viudas que hubo
ninguna luto guardó

Aldape

Pese a su altura y complexión
el pobrecito de Aldape
no cupo en ningún cajón,
así es que llegó al panteón
enredado en un sarape.

Esto causó conmoción
en todo el Ayuntamiento
donde daba la impresión
de galán muy prendidito
y no tenía merecido
entierro tan “pinchurriento”

Jacarandosa

Alegre y jacarandosa
iba Lilí a su oficina
cuando la muerte ladina
calló su risa estruendosa

Ahora tranquila reposa
en su caja, quietecita,
con moño de mariposa
y su falda bien cortita.

Los Leones

Los demonios andan sueltos,
llegaron con la intención
de llevarse un buen manojo,
echándoles luego el ojo
y los hermanitos León
porque son los más esbeltos

Ahora están en el panteón
entre puros influyentes
los León se dan su importancia
hablando de “larga distancia”
con sus múltiples parientes

El Trompas

Aquella gran procesión
de tanta vieja que chilla
es la que lleva al panteón
al fiel Trompas Radilla

Afecto a las comisiones,
las cumplía de maravilla
y es que tuvo dos pasiones
las chamacas y la grilla.

Siempre se mostraba ufano
de las chicas que lo amaban
dándole tantos placeres
que para no morir en vano
pidió que lo sepultaran
en la sección de mujeres

Cigüeñazo

Este joven abogado
que yace en tumba fría
fue de todos apreciado
aquí, en la Secretaría.

Su deceso causó pena
y por ahí se comentaba
algo sobre un cigüeñazo.
El pobre no se explicaba
como estuvo ese embarazo,
pues se dio el extraño caso
que en vez del par que esperaba
le llegó media docena.

Contador Mondragón

Al Contador Mondragón
le hicieron un monumento
aquí, en la Coordinación,
pues trabajó con tesón
(por conseguirse un aumento)

Dicen que al cielo llegó
y al verlo güero y gordito
a San Pedro le gustó
para que fuera angelito.

Más llegó el Diablo Mayor
y cargó con don Servando
y ahora cuenta el contador
a los que se están quemando

Ni con Viagra
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De sus tiempos de caifán
le quedaron muchas mañas
y en el “Bar Chico” ya están
comentando sus hazañas.

Víctima fue este señor
de una vil broma macabra,
al comprobar con dolor
que no la hace ni con Viagra