EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXVI)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Junio 01, 2017

Rosendo Pintos Lacunza, el Cronista Mayor de Acapulco

“Clipperton, o isla de la Pasión, es un atolón coralífero con cinco kilómetros de superficie. Está situado entre los puertos de Manzanillo y Acapulco, más o menos a 600 millas de la costa. No está pues en la ruta comercial de navegación y, en consecuencia, ningún barco mercante se aproxima a sus contornos. No hay fondo para anclar, los buques quedan a distancia protegidos por sus máquinas y solamente es accesible por un solo lado y a determinadas horas según las características del viento y la marejada”.
“Hacía allá, en las postrimerías del gobierno Porfirista, salía periódicamente de Acapulco el cañonero Demócrata llevando víveres y relevo de tropas para una pequeña guarnición destacada en aquél pedazo inhóspito de México. Mandaba aquella fuerza, la última salida de este puerto, el capitán Ramón Arnaud Vignon, a quien acompañaba su esposa doña Alicia Rovira de Arnaud y sus dos hijitos. Un teniente conocido simplemente como el Mama-uh y dos guarda faros con sus respectivas mujeres.
“El cañonero Demócrata era comandando por el capitán Ignacio Torres, su segundo era don Rafael Izaguirre y los jefes y oficiales Ignacio García Jurado, José de la Llave, Luis Hurtado de Mendoza, David Johnson, Manuel Morel y otros que no recordamos. La embarcación siguió haciendo viajes semestrales llevando víveres a la isla, no así personal de relevo para la guarnición. Lo hará hasta que la vieja embarcación quede fuera de servicio, ‘por edad avanzada’, quedando atracada en el puerto de Guaymas, Sonora.

Abandonados a su suerte

“Abandonados a su suerte, el personal de la guarnición isleña, el capitán, los guardaros, sus mujeres y sus hijos, agotarán pronto sus provisiones. Se verán obligados entonces a comer exclusivamente gaviotas, pájaros “bobos” y sus huevos. De un viejo barco allí encallado sacan pedazos de alambre y jarcias con las que confeccionan cuerdas y anzuelos para pescar. Si bien en forma deficiente, sí muy efectiva. Tenían agua en los aljibes y las barracas que habitaban además de un viejo bote del mismo barco para pescar mar adentro. En condiciones tan adversas, el escorbuto hará presa de aquellos esqueléticos soldados quienes, por falta de alimentación, presentarán casi todos una enfermedad llamada “caquexia” (desnutrición extrema. atrofia muscular, fatiga y anorexia). Las defunciones no se harán esperar, una tras otra.

La tragedia

“El 5 de mayo de un año que no recuerda la señora de Arnaud, su esposo, desesperado por aquella terrible situación, se lanza a la mar. Ha avistado en lontananza, muy lejos, el humo de lo que él presume se trata de un enorme barco. Lo acompañan en una vieja canoa el teniente. La nave pasará de largo sin notar siquiera la presencia de la panga, aunque las mujeres dirán que tal embarcación nunca existió.
“El bote ya no podrá regresar. La mar se puso ‘gruesa’ hasta hacerlo zozobrar, todo a la vista de sus mujeres en tierra. Mujeres que quedaban solas, sin ninguna protección, al arbitrio de un negro canalla que había pretextado una enfermedad para no embarcarse con el capítán. Lo primero que hizo este bribón fue encerrarse en el faro de la isla con el armamento de la extinta guarnición y todo elemento de supervivencia. Y así empieza el terror para aquella breve comunidad. Acto continuo, sin respetar el dolor de aquellas viudas, el negro empieza a hacerlas suyas exigiéndoles, además, la mejor alimentación para llevar una vida de holganza y placer. Varias hembras jóvenes para satisfacer su codicia erótica.

Don Félix Rovira

“Mientras tanto, en Salina Cruz, Oaxaca, don Félix Rovira, distribuidor de la cervecería Moctezuma, hombre con mucho dinero y amplias relaciones, empezaba a preocupar por no saber nada de su hija Alicia, su yerno el capitán Arnaud y de sus nietos. Veracruzano, Rovira era amigo de mi suegro don Nicolás Carvallo y como era nuestro vecino nos visitaba con frecuencia.
“Tan continuas como inútiles serán las gestiones del señor Rovira ante don Venustiano Carranza, primer jefe de la Revolución, para conseguir un barco que fuera a la isla de para rescatar a su familia. Aunque habían pasado muchos años, presentía que, dada la juventud de los suyos, podían estar vivos emulando a Robinson Crusoe. Tampoco valdrán sus influencias con el gobernador de Oaxaca, general Agustín Castro.
La bestia

“Desesperado ante la indiferencia del gobierno de la Revolución, don Félix juega su última carta. Por conducto del cónsul inglés en Oaxaca pide a la Casa Blanca (EU) que uno de sus barcos de guerra se acerque a Clipperton y salve a varias familias mexicanas. Esta vez la dramática solicitud del señor Rovira tendrá éxito cuando la nave USS Yorktown, de la marina estadunidense, se acerque a la isla.
“En aquel momento, precisamente, en el interior del atolón, las mujeres sobrevivientes asesinan a martillazos al maldito mulato, cuando pretenda atentar contra el pudor de la viuda del capitán Arnaud, hasta entonces respetada.

Salina Cruz, el arribo

“Un sábado, en Salina Cruz, don Félix Rovira recibe del cónsul la buena nueva de que al día siguiente llegarán los suyos y él lo comunica a la población.
“A las cuatro de la tarde de aquél domingo trascendental, una muchedumbre inunda los muelles y poco después don Félix, con profunda emoción, estrecha en sus brazos a su hija Alicia y a sus tres nietos. El último, nacido en la isla, estaba lisiado, no podía andar quizás a la falta de cuidado y más que nada a la inadecuada y escasa alimentación. Al niño lo llevamos cargando ayudados por Roberto, hermano de Alicia. Ella contó, entre tantas cosas, lo que para las mujeres sobrevivientes significó el fuego. Lo cuidábamos como púdicas vestales, día y noche, alimentándolo con pedacería del barco encallado o lo que hubiera a la mano, detalló.
“A los marinos norteamericanos se les dispensó una calurosa recepción y al día siguiente, en los salones del Hotel Gambrin, se dio un baile de honor. Todos los asistentes quedaron gratamente sorprendidos al ver a Alicia, que era bastante agraciada, entrar al salón bien peinada con su pelo corto que entonces no se usaba y luciendo elegante traje de baile y algunas joyas . El traje le fue proporcionado por la esposa (segunda nupcias) de don Félix.
“Los niños, ya grandecitos, eran medio salvajes, acostumbrados a la vida libre y obtener sus propios alimentos, no querían leche ni frijoles, querían pájaros “bobos” Un perro, un gato, un buey, el ferrocarril, todo, todo, les sorprendía. Pero eran despiertos, inteligentes y agradables. De las demás mujeres que arribaron en el Yorktwon, solo sabemos que se acomodaron provisionalmente con familias acapulqueñas residentes en Salina Cruz.
“Y así se epilogó el intenso drama de Clipperton o isla de La Pasión.

Monografía anecdótica contemporánea de la Revolución Mexicana en Acapulco, Rosendo Pintos Lacunza (Acapulco, 1958), Manuel Adolfo Pintos Carvallo (Puebla, 1999)

El diario del capitán Perril

Terminado el rescate, el capitán H.P. Perril, del USS Yorktown, escribe en su diario:
“La viuda del capitán, señora Arnaud, es la única persona de raza blanca. Tiene solo 29 años y aunque perece mayor, sigue siendo una bella mujer. Es muy inteligente, y esto se nota en su conversación. Ciertamente tiene que serlo, de otro modo no hubiera podido sacarlos con bien de las duras pruebas que debieron atravesar. Me confesó que al ver regresar al barco nuestra lancha salvavidas, por no haber podido atracar en la isla en el primer intento, fue tal la desesperación de ella y sus compañeras que pensaron matar a los niños para luego juntas ahogarse en el mar. Le corregí el año en que vivíamos, 1917, no 1916 como ella creía.
Para proteger a las damas evacuadas, el capitán Perril no dio aviso a las autoridades mexicanas sobre el hallazgo en la isla del cadáver de un hombre (el Negro Victoriano) asesinado recientemente.

Gustavo Schultz

Evacuado tiempo atrás de Clipertton, donde representaba a una compañía explotadora de guano (se dice que confrontado con el capitán Arnaud), el alemán Gustavo Schultz viaja a este puerto y aquí se queda. Viene con él Daría Pinzón, de Aguas Blancas, Coyuca de Benítez, viuda de un soldado muerto de escorbuto.
A Schultz se le reconocerá el mérito de haber sembrado 13 palmeras de coco en la isla, cuya producción significó la diferencia entre la vida y la muerte. Ello porque sus frutos (reservados para los niños y sus madres) fueron la única fuente de vitamina “C” contra el escorbuto. Palmeras que son hoy lo único visible de la isla de la Pasión.
Aquí, el germano se ocupó como práctico de la Capitanía de Puerto y fue el encargado del tanque que surtía de agua a la población. Taquillero más tarde del cine Salón Rojo. Se casa con Altagracia Quiroz, sobreviviente de Clipertton, adoptando un niño acapulqueño. Vivieron en el barrio de “La Pocita”.

Los protagonistas

Capitán Ramón Arnaud Vignon y teniente Ángel Carmona. (popular aquí como el Mama-uh). Ambos desaparecen cuando una enorme mantarraya hunde la canoa en la que perseguían a un barco. Un fantasma, dirán las mujeres.
Soldado Jesús Neri, devorado por un tiburón.
Soldados Pedro Carbajal, Arnulfo Pérez, Faustino Almazán, Agustín Irra y Dionicio Juárez, del 43 B.I. de Acapulco, aniquilados por el escorbuto.
Benita Pérez, viuda del soldado Pérez, asesinada por el Negro Victoriano, “por igualada y ociosa”, alardeó.
Victoriano Álvarez, El Negro, proclamado por él mismo como “gobernador de la isla”, asesinado por las mujeres con la ayuda del niño Arnaud. Había anunciado que, “cansado de las viejas”, llevaría a su madriguera (el faro) a las pequeñas Olga y Alicia Arnaud.

Los sobrevivientes

Alicia Rovira viuda de Arnaud y sus pequeños hijos Pedro Ramón, Olga y Alicia. Tirsa Rendón Hernández (20 años, lideresa del grupo), viuda del teniente Carmona, con sus dos hijos, uno de brazos (originaria de Tecpan de Galeana). Altagracia Quiroz (20 años) y Rosalía Nava (13 años), éstas al cuidado de dos niños huérfanos de padre y madre.

La isla de la Pasión

Película de 1941 dirigida por Emilio Indio Fernández, con Pituka de Foronda, Isabela Corona, David Silva y Pedro Armendáriz. Nada que ver con el drama aludido. Un destacamento militar isleño cuyos soldados no se enteran del inicio de la Revolución y tampoco más tarde cuando el gobierno mexicano devuelve la isla a Francia, su dueña. ¡Así andarían!