EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXX)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Junio 29, 2017

Cínicos: frescos, desvergonzados, descarados, impúdicos, procaces, sucios,
inverecundos, atrevidos, inmorales, desfachatados, insolentes. Ojos.

La nave viene

A finales del siglo XVI la Corona española cobra conciencia de su incapacidad para administrar desde la península sus dominios ultramarinos. Decide por ello hacer de la Nueva España la única región del continente americano autorizada para comerciar con Manila, Filipinas. Acapulco se convierte así en el único puerto autorizado por el rey para la recepción de aquella nave. Se fija 1593 para iniciar el tráfico transpacífico en un viaje anual, se regula el volumen de carga, así como la cantidad de plata que podía salir de aquellos dominios.
La regularidad casi perfecta con la que se realizó el circuito anual tuvo mucho que ver con las corrientes marinas y la dirección de los vientos. Los galeones salían de Manila cargados hasta con 4 mil fardos o “balas” cuyo valor llegará a superar los dos millones de pesos. Lo hacían la primera semana de julio con el monzón de verano e iniciaba el viaje de regreso impulsado por el monzón de invierno. La nao entraba al puerto en diciembre y descargaba entre enero y febrero para dar paso a la Feria de Acapulco, prolongada hasta principios de abril cuando la nave tenía que regresar.

Las mercaderías

Las mercaderías transportadas por las naos durante los primeros años consistieron en joyas de oro, canela , pimienta, clavo, té, cera, loza, sedas de varios colores, damascos, rasos y gran cantidad de mantas. Los muebles formarán parte de los embarques de la Nao a partir del siglo XVI y a lo largo de 256 años de ese comercio. Muebles de madera con adornos tallados; ébano con embutidos de marfil esgrafiado; madera incrustada con madera de otro color; madera recubierta con carey y concha nácar; mesas y otros muebles pintados con maque (laca china); sillas “fraileras” y consolas. Por su parte, los artículos suntuarios tendrán gran demanda a lo largo del siglo XVII y entre ellos sedas pintadas o bordadas en hilos de plata y oro, piezas de marquetería con incrustaciones de nácar y marfil, biombos (del japonés byobu o defensa del viento) , y papel tapiz pintado.

La China Poblana

Nacida en Delhi, India, una chica llamada Mirrha es raptada por piratas portugueses que la llevan a Vietnam. Allí es bautizada por los jesuitas con el nombre de Catalina de San Juan. Más tarde los mismos piratas la venden como esclava en Manila. De allí llega a Acapulco a bordo de la Nao comprada por el rico del poblado Miguel de Sosa y su esposa Margarita Chávez, quienes la adoptan. Vivió en Puebla de 1619 a 1684, donde adquirió fama de santa. Murió en castidad y se le conocerá como La China Poblana.

La Feria

La Feria de Acapulco se instalaba a partir de la ceiba de la que se amarraba la Nao (Tlacopanocha), cubriendo el área del zócalo actual y callejas del centro (precisamente junto a la Catedral fueron encontrados hace unos meses vestigios de loza china). Acapulco hervía de gente pululando entre los puestos de las mercaderías orientales, prohibiéndose la venta de productos locales.
El mayor número de visitantes dormía necesariamente en la playa por estar reservadas las pocas habitaciones de alquiler para los invitados del virrey. Los particulares alquilaban corredores, zaguanes, patios y corrales abriendo una costumbre que llegará hasta nuestros días. Los muchos arrieros se acomodaban con sus recuas en las zonas de pastizales. Como el agua escaseaba, muchos jóvenes hacían su agosto trayéndola de ojos de agua dentro de la ciudad o bien de manantiales lejanos, usando acémilas.

Arte sacro

Tanto para parroquias como para capillas particulares destacaron espléndidas tallas de cristos y vírgenes de marfil. La espléndida virgen del Pilar de la iglesia de su advocación, La Enseñanza, en la ciudad de México, y el espectacular Cristo de la sacristía de la catedral Metropolitana. Muchas figuras sacras de marfil, miles, quizás, lograron ser rescatadas para lucir hoy en templos, museos y colecciones privadas. Otras tantas serán convertidas, criminalmente, en bolas de billar. Llevadas a la ciudad de México, las mercaderías traídas por la Nao eran comerciadas en El Parián, instalado en la plaza mayor de la capital de la Nueva España.

Las fonderas

Las fondas se localizaban en sitios estratégicos de la feria y en ellas las “moleras” no se daban abasto saciando hambres trasijadas. Y era que los mexicanos de la época estaban acostumbrados a hacer cuatro comidas al día: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Se llamará “corrida” a la principal por los cuatro tiempos de la faena de toros. No faltaban atole, chocolate, tamales cernido de manteca, chalupas fritas en manteca con frijoles, chorizo y chile verde, entre otras delicatessen.
Las “vinaterías”, lo mismo, repletas. Si bien prohibidas las bebidas destiladas, corrían generosamente el pulque y el aguardiente (“es claro como el agua pero arde al acercarse al fuego”, se definía) conocido como chinguirito. Las monedas de cambio eran la plata, la grana cochinilla, el jabón y los sombreros de paño.
La cocina mexicana no se explica hoy sin el cilantro traído de Asia pero que “huele a México”; lo mismo que el arroz, el tamarindo de África, el mango de Manila y en general del Viejo Mundo los limones, las naranjas, las papas, los chiles y los frijoles. De Malasia las peleas de gallos, hoy presumidas como muy mexicanas.

Las vajillas

Las familias de la nobleza novohispanas empezaron a pedir a China vajillas a las que se dio en llamarles “de compañía de Indias”, caracterizadas por los escudos dinásticos. Los más conocidas fueron los de la familia Pinillos, marqueses de Selva Nevada; conde de Santiago de Calimaya, conde de Regla, conde de La Cortina y las familias Sancho de Tejada. También las vajillas para celebrar la llegada de virreyes.

Dinastías chinas

Aunque no era infrecuente encontrar objetos de la época Ming (1368-1644), como las vajillas con los colores azul y blanco, la dinastía K´ang-hi ofrecerá su porcelana conocida como “familia rosa verde”. Muchos tibores de este estilo llevaban cubiertas de hierro con cerradura. Entre las piezas inventariadas encontramos vajillas completas así como juegos de café y té. También de China, el delgadísimo papel de fibra de arroz. Sí, el popularísimo “papel de china”, consumido desde entonces en grandes cantidades y mil formas. Y el que, hoy, ya no es de arroz.
La seda china venía en tres formas: seda en rama, telas de seda delgada, de un solo color; gasas, tafetanes y rasos, así como las magníficas sedas salidas de los telares de Pekín. Brocados y damascos a menudo tramados con hilos de oro y plata. Los ropones para niños, los mantones, las casacas para el virrey y los paliacates y tocados de las monjas.

El rebozo

El rebozo, originalmente tejido con seda china en Santa María del Río, San Luis Potosí, la prenda tradicional femenina de México, es resultado de la conjunción de los llamados “chales de la India” o “mantones de Manila”. De ellos, se dice, el rebozo habría copiado las puntas.
Las lentejuelas, llamadas “ojuelas de plata”, llegaron a la Nueva España a principios del siglo XVII. Se reproducen en el vestido de los “majos” pintados por Goya, llamados “traje de luces” por el efecto de las laminillas metálicas frente a la luz.

Los precios

Una media vajilla con 324 piezas de porcelana “azul y blanca” se cotizaba en 1770 en 56 pesos; una alfombra de Persia, 35 pesos; una libra de canela de Ceilán, 2 pesos con 4 reales; un millar de botones de cobre dorados, 3 pesos; las colchas de raso bordadas, 13 pesos; baúles de maque negros, 9 pesos; un millar de abanicos con varillas de maque, 15 pesos; un millar de platos grandes finos, 14 pesos. Las telas de seda, galones y listones se vendían tomando como unidad la vara. Vara de madera sujeta a inspecciones oficiales permanentes, para comprobar que no hubiera disminuido de tamaño.

El contrabando

Tripulantes, soldados y pasajeros de la Nao ocupaban los callejones para ofrecer mercaderías de contrabando, regularmente piezas pequeñas. Otros, organizados, las arrojaban a la bahía por la borda y cómplices suyos las recogían a bordo de canoas. Por cierto, existía la prohibición para que embarcaciones pequeñas navegaran junto al galeón en su entrada al puerto.

El fuerte

Advertido de la indefensión de Acapulco frente al acoso de piratas, el rey Felipe III aprueba en 1615 la construcción de una fortaleza capaz de defender su riqueza ultramarina. El virrey Diego Fernández de Córdova contrata para edificarla al ingeniero holandés Adrián Boot, quien entrega la obra en 1617.
El virrey, con gran parecido con su homónimo actual, no bautiza la fortaleza con el nombre de Felipe Rex, como era de esperarse. Le impone el de su santo, San Diego, nombre que prevalecerá aun cuando el inmueble sea destruido por el terremoto del 21 de abril de 1776. Construido el 1783 por el rey Carlos III, el nuevo fuerte se llamará San Carlos, como correspondía. Sin embargo, la fuerza de la costumbre se impondrá y nadie en Acapulco lo llamará así. Como ha pasado con bautizos y rebautizos actuales.

La nave va

El galeón Magallanes arriba a Acapulco en diciembre de 1811, en plena guerra de Independencia, lo que impide su desembarco y por consiguiente la celebración de la feria. La nao permanece cuatro años anclada en la bahía y será hasta pasado ese tiempo cuando se le autorice volver a Filipinas. Antes, en 1813, la corona española había suprimido la ruta y Acapulco perdido el privilegio de ser su recaladero.

El puerto más bello

Alejandro de Humboldt escribió un breve epílogo para la Nao de Manila:
“De aquí hacia la costa, ya no tendréis la fortuna de que en alguna venta os sirvan la comida en platos de porcelana china, porque Acapulco –el puerto más bello de todos los de la costa del Gran Océano– no es ya la recala del galeón de Manila”.

Plumas:

-Ma. Cristina Suárez y Farías, Acapulco y la Nao de la China, historia de un encuentro de tres siglos. Tlatoani, Centro de Investigación Información Histórica de Acapulco, AC.
-Tomás Oteiza Iriarte, Acapulco, la ciudad de las Naos de Orientes y de las Sirenas Modernas, 1965.
-Manuel Carrera Stampa, La Nao de la China, Internet.