EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXXIV)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Julio 27, 2017

Acapulco a la vista

Vasco Núñez de Balboa descubre el Mar del Sur el 25 de septiembre de 1513 al que Fernando de Magallanes bautiza en 1529, por sus suaves vientos alisios, como Océano Pacífico. Es probable que alguno de aquellos hombres haya arribado a la bahía de Acapulco, desconociéndose nombres propios y fechas. Por ello, se tomarán a los milicianos acantonados en las cercanías como los primeros europeos llegados al puerto. Confusión subsistente aún en nuestros días.
Tomás Oteiza Iriarte y Rubén H. Luz Castillo atribuyen el descubrimiento de Acapulco a Francisco Chico, el 13 de diciembre de 1521, día de Santa Lucía. Antonio García Cubas menciona como descubridor del puerto a Gil González Dávila, mientras que José Pasta Tagliabue lo adjudica a la tripulación del patache Santiago, también un 13 de diciembre pero de 1526. Por su parte, don José Manuel López Victoria establece 1523 como el año en que atracaron aquí los primeros navegantes peninsulares y 1531 el año de su fundación. Se refiere al asentamiento de peninsulares y sus criados en el Valle de La Sabana.
Acapulco, dice otra versión, fue fundado en 1550 por Fernando de Santa Ana y 20 familias más siguiendo el modelo “Ovandino” (Fray Nicolás de Ovando, gobernador de la isla de la Española (Santo Domingo), primer funcionario en aplicar normas en la fundación de ciudades). Con autorización del virrey de la Nueva España se establecen aquí frente a la playa Grande (hoy malecón), trazan calles rectas y manzanas rectangulares siguiendo el Castrum Romano (campamentos romanos itinerantes). Delinean la Plaza Mayor (hoy plaza Álvarez) y al año siguiente construyen la parroquia de N.S. de los Reyes, hoy catedral de N.S. de La Soledad.
Entre los primeros documentos oficiales que mencionan la existencia de Acapulco, figura la cédula real firmada por el rey de España, Carlos I, el 25 de abril de 1528 ordenando “que Acapulco y su tierra donde se hacen los navíos del sur queda bajo el poder de la corona”.

El Conquistador

El Conquistador Hernán Cortés decide abrir un camino corto hacia el Mar del Sur, mismo que queda concluído en 1531. Ruta por la que inician una serie de expediciones con el propósito de encontrar otro camino hacia las islas de las Especiería, pero sobre todo para hallar las riquezas de las míticas ciudades de Cíbola y Quiviria, en el norte.
En 1532, habiendo regresado de Castilla, Cortés ordena al capitán Diego Hurtado de Mendoza hacerse a la mar con los navíos San Miguel y San Marcos, construidos aquí bajo la vigilancia de Juan Rodríguez de Villafuerte. Un año más tarde, el conquistador se instala en la ensenada localizada entre las puntas Bruja y Diamante (luego Puerto del Marqués, en su honor), donde emprende la construcción de varios navíos. En uno de ellos se embarca con rumbo a Tehuantepec, al tiempo que ordena la búsqueda de Hurtado de Mendoza, asesinado por su propia tripulación amotinada. Una misión similar encargará el capitán a Hernando de Grijalva, en 1636, este en auxilio de Francisco Pizarro con problemas en Perú.
Una vez establecida la ruta del tornaviaje, Urdaneta propone que sea Acapulco el punto de enlace entre la Nueva España y las Filipinas, ello a pesar de que el puerto no tenía capacidad para avituallar a las naos. Pesaron, no obstante, las características físicas de su bahía y particularmente su cercanía tanto con la capital del virreinato como del puerto de Veracruz. Su calidad de puerto importador y exportador de gran relevancia lo hará sede de la gran Feria de Acapulco.

Acapulco, botín de piratas y
corsarios

Después de asaltar Valparaíso, Arica y Callao, sir Francis Drake, vicealmirante de la marina inglesa y pirata al servicio de su majestad, saquea en 1579 el puerto de Huatulco, poniendo el alerta las autoridades virreinales. El rey Felipe II rechaza cualquier posibilidad de construir una fortaleza, argumentando que todo el dinero que llega a la corona se ocupa en el sostenimiento de sus ejércitos.
Felipe II de España acepta finalmente atender la seguridad de sus puertos novohispanos y encarga un plan de defensa y proyectos de fortificaciones. Participan el maestre de campo Juan de Tejeda, como jefe militar; el ingeniero Bautista Antonelli, en el área técnica, y Tiburcio Spannochi, en calidad de supervisor de obras. El campo de acción incluye Las Antillas, Nueva España, Cartagena de Indias y el Caribe.
La efectividad de tal logística militar quedará evidenciada el 11 de octubre de 1615, cuando el corsario holandés Joris Van Speilbergen arribe con cinco embarcaciones a la bahía de Acapulco y reciba como advertencia las cargas de un cañón de las fuerzas reales, al mando del capitán Nicolás Cardona. El pirata se mantendrá fuera de la bahía, optando finalmente por la retirada no sin antes obtener agua, cerdos, gallinas e incluso chivos.
El susto de los acapulqueños intensificará las demandas de comerciantes e importadores para dar seguridad al puerto, obligando al virrey Diego Fernández de Córdoba a tomar cartas en el asunto. Este recomienda para dirigir las defensas al ingeniero flamenco Adrián Boot, a quien había conocido como uno de los proyectistas de las obras para evitar las inundaciones de la ciudad de México.
La propuesta de Boot se basa en un sistema de protección poligonal ubicando en cada vértice un baluarte, cinco baluartes bautizados más tarde como Rey, Príncipe, Duque, Marqués y Guadalcazar. Al interior de la ciudadela se ubican cuarteles, alojamientos, cuarto del condestable, calabozo, cocina, capilla, sala de armas, cuerpo de guardia, almacén de pertrechos y almacén de pólvora. La puerta de acceso estaba protegida por el revellín, un foso y un puente levadizo. La obra se concluyó el 4 de febrero de 1617, y fue inaugurada como “Real Fuerza” el 15 de abril del mismo año, con costo de 113 mil 400 ducados.

Nueva ciudad, nuevo fuerte

La fortificación se conoció en los medios oficiales como “Fortaleza de Acapulco” y “Real Fuerza”, sin embargo, aquí se le empezó a llamar “Castillo de San Diego”, existiendo al respecto dos versiones. San Diego por el nombre de su gestor ante el monarca español, virrey Diego Fernández de Córdova, o por San Diego de Alcalá. Y era que este, primer franciscano lego canonizado, había salvado la vida del príncipe Carlos, hijo del rey Felipe II, puesta en riesgo al caer de unas escalinatas en la universidad de Alcalá de Henares. Muy agradecido, el monarca hará llevar los despojos mortales de San Diego a las cámaras reales, convirtiéndolo en su santo de cabecera.
El 21 de abril de 1766 Acapulco resulta devastado por la acción de un terremoto, incluida su fortificación. Se inician desde luego las acciones para reconstruir la ciudad. Llega al puerto el teniente peruano Francisco Bodega y Quadra a cargo del levantamiento topográfico de la ciudad. Trae la encomienda de reubicar no solo la nueva fortificación sino la ciudad entera, sin olvidarse del sistema defensivo. A este último respecto propone construir tres frentes de defensa. El principal sería una batería de tres lienzos ubicada en la península de Las Playas (frente a la isla de La Roqueta), la fortaleza de Santiago resguardaría la ensenada de La Langosta y el baluarte de la Visitación, ubicado en el cerro de Los Cañones, con dos cañones para proteger la entrada a la bahía. Hoy allí mismo, grabadas en 1757.

Miguel Constanzó

A mediados de 1766, el ingeniero militar Miguel Constanzó, enviado por el virrey Bucareli, propone la construcción de un nuevo baluarte en el mismo sitio. Su forma debería ser un pentágono irregular por ajustarse mejor al terreno, además de mejorar el armamento para cubrir todos los flancos. Otra ventaja planteada por Constanzó era el empleo de materiales de la región, piedra de cal y mampostería, en tanto que los ladrillos se fabricarían allí mismo. Solo la madera vendrá de fuera. Calcula su costo en 597 mil 599 pesos. La cadena de mando aprueba el presupuesto y así queda establecido en la Orden Real del 12 de marzo de 1777.
Sin embargo, por sus muchas ocupaciones, Constanzó delega la construcción del nuevo fuerte en el ingeniero Ramón Panón quien, luego de algunos ajustes al proyecto, inicia la obra el 16 de marzo de 1778. Elabora un pentágono regular con cinco cortinas y sus baluartes interiormente abovedados, “a prueba de bombas”, ubicando en su interior las instalaciones estratégicas de la fortificación y ahora dejando libre la plaza de armas. El exterior seguirá rodeado de un foso seco, el puente levadizo, cuatro plazas de armas y los traversos que protegen las cortinas. La nueva edificación considera lo último en diseño de fortificaciones militares, retomando las aportaciones de Sebastián Le Peste, marqués de Vauban, ingeniero mayor del rey Luis XIV, constructor de 160 baluartes victoriosos.
La influencia de las tácticas militares de Vauban en la construcción del fuerte de San Diego es indiscutible dentro del sistema defensivo del bastión. Por ejemplo, la ubicación del almacén de pólvora al exterior del inmueble ante el riesgo de ser alcanzado por un misil enemigo. La defensa del camino cubierto y el foso perimetral por medio de estacadas y contraminas que evitarían el asalto al interior de la fortaleza, así como la utilización de pasajes subterráneos como una estrategia de escape y avituallamiento.

El sistema defensivo

El sistema defensivo de Acapulco lo integraron durante el siglo XIX el almacén de pólvora y la fundición (cerro de La Mira), así como las trincheras o baluartes siguientes: Álvarez (La Mira); Hidalgo, Aguada y Ensenada de los Presos (cerro de Los Cañones); Guerrero (Manzanillo); Iturbide (Tlacopanocha); Galeana (Malecón); Morelos (punta Guitarrón); Cocoteros (playa de Hornos); Hospital (palacio municipal); Iguanas (barrio del Tanque); La Quebrada (hoy Sinfonía del mar); La Cima (El Patal); Punta Gallo (Punta Diamante); Puerto Marqués (misma localidad); Roqueta (isla); San Cristóbal, San Gabriel y Purísima (cerro El Veladero).
Los conquistadores utilizaron básicamente dos estrategias para mantener el control de la población, a través de su poderío militar y por medio de la salud del cuerpo y el espíritu. Sobre esto último estuvo la edificación de hospitales y templos entre 1551 y 1715. Entre otros, el de NS de la Guía en el hospital de Franciscanos, iglesia de San Nicolás, parroquia de San Joseph; capilla de San Payo y Santa Sabina, hospital real de NS de La Consolación y la parroquia de N.S. de La Soledad, en 1701.

Acapulco, último bastión del Mar del Sur. Selección de Manuel Ignacio Ruz Vargas, Profesor investigador de la Unidad Académica de Urbanismo de la UAGro. Miembro del comité científico internacional de Fortificaciones y Patrimonio Militar, y de ICOMOS, México, 2010.