EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

¿Podremos asomarnos al principio de los tiempos?

Ana Cecilia Terrazas

Febrero 05, 2022

Antes que esa pregunta inicial, para una mesa de redacción la pregunta de fondo es: ¿qué es lo más importante? Tanto para quienes la leen, escuchan o ven, como para las propias autoridades de los equipos periodísticos, ¿cuál nota resulta la más relevante? Esto se llama jerarquización informativa.
Las notas o noticias, los hechos informativos fundamentales del siglo XX –si se ensayara por algún motivo enumerar solamente algunos– seguramente abarcarían las dos grandes guerras mundiales, la teoría de la relatividad, la llegada del hombre a la Luna, las diversas emancipaciones en aras de la igualdad humana, la invención de la computadora…
Las cabezas o cabezales, la frase que suma o resume la nota, por cierto, constituyen otro mundo redaccional fascinante y eso que no siempre coinciden con el cuerpo de la nota. A veces, las cabezas o títulos son solamente los flashazos o flechazos que pretenden seducir y llamar la atención, pero que no se sostienen con datos informativos. La mayoría de las ocasiones, las cabezas –sobre todo en periódicos y revistas– no son siquiera tarea libre de quien escribe o reportea, sino del editor o editora en jefe quien, justamente, está en busca de captar la atención de su público.
Desde esa perspectiva, y contando por supuesto la Covid-19 en el mundo, este enero 2022 recién vencido trajo consigo dos noticias que quizá sean jerárquicamente de las más relevantes en todo el siglo XXI, por ser el principio de dos acontecimientos que marquen el resto de las décadas: la posible guerra de Rusia contra Ucrania y el lanzamiento del telescopio James Webb.
La tensión entre esos dos países se extiende con toda facilidad, agilidad y gracias a intereses muy concretos, alrededor del planeta; involucra a los países más poderosos y arrastra a otras naciones menos potentes; requiere de diplomacia, política, lucha de fuerzas, armas, inteligencias, economías. Puede dar la pauta para la nueva forma de hacer la guerra o una mejor manera de hacer la paz y hallar la reconciliación internacional y, sobre todo, puede reestrenar las estrategias conversacionales y de lucha entre poderes multinacionales como no se haya visto antes.
En términos geopolíticos y económicos, es en el Estado ucraniano donde se encuentra una gran red de gasoductos rusos sumamente significativos también en términos de la gran pregunta sobre si se transformará el planeta hacia el uso de energías más limpias.
Desde América Latina, por cierto, esa nota, básicamente se cubre con agencias extranjeras de noticias y alguno que otro especialista académico que haya estudiado relaciones internacionales; a este tipo de información suele no dársele buen seguimiento contextual, didáctico, que pueda ilustrarnos en forma muy básica sobre por qué pudiese tener más importancia esa noticia que algunas banalidades o violencias locales, y eso que lo que ocurre allá con el petróleo incide directamente en México.
La información sobre el logro astronómico, en cambio, ocurre más cerca porque es una construcción de la NASA, en Estados Unidos, y a este país nos llega con algo de frecuencia más información de la nación vecina.
La nota del lanzamiento del telescopio James Webb –que en realidad ocurrió el 25 de diciembre pasado– fue desplegándose poco en noticiarios y diarios, aunque pocas veces se amplió su traducción científica a lenguaje comprensible para más personas. Tampoco se elaboraron suficientes infografías o más entrevistas en torno de ésta. La BBC en español, eso sí, trabajó la nota con bastante claridad y aterrizó las minucias complejas del lenguaje astronómico en metáforas más comprensibles*, algo deseable siempre si hubiese un poco más de interés por el periodismo científico a nivel nacional.
No es que no sea grave lo que ocurre en el país y que lamentablemente gotea sangre, sudor, lágrimas; es que la jerarquización informativa parece que no puede despegarse de alguno de estos rumbos: un mensaje claro, adjetivado e interesado –no necesariamente muy fundamentado– para o bien golpear o penosamente adular; una escena sórdida, para atrapar el miedo y morbo de quien pase por ahí o una declaración absurda, entre tantas que se dan en voz de personajes públicos.
A veces hay que mirar al cielo y al universo para podernos sorprender de nuevo con un instrumento, por ejemplo el James Webb, que es capaz, por su tecnología que se estudió durante 20 años, de asomarse al origen de los tiempos ya que alcanza a mirar los rastros de luz infrarroja, huella de la energía que trazan planetas, galaxias, estrellas.

*https://www.bbc.com/mundo/noticias-59777397

@anterrazas